#VTanálisis Movimiento Antifa: rebeldía antisistema

Un día después de la victoria electoral de Donald Trump, los estudiantes hispanos de la Secundaria Royal Oak, en Michigan, fueron acosados por sus compañeros de clase que empezaron a corear: “¡Construye el muro!”. Una vez instalado en su despacho, el inquilino de la casa Blanca anunció el veto migratorio a los musulmanes y pocas horas después, alguien le prendió fuego al Centro Islámico local de Victoria (Texas).

Pasaron algunas semanas y tras la presentación de más de 100 leyes contra el colectivo GLBT+, un hombre echó abajo la puerta principal de Casa Ruby, un centro de defensa de los derechos de las personas transgénero en Washington D.C. y agredió a una transexual mientras gritaba: “¡Te voy a matar, maricón!”.

En marzo de ese año un antiguo soldado y supremacista blanco se fue en autobús a Nueva York para “atacar a hombres negros”. Apuñaló y mató a Timothy Caughman, un indigente afroamericano. Ese mismo mes se inició una ola de profanaciones en cementerios hebreos en Brooklyn, Filadelfia y otros lugares del país. Para aquel momento, el consejero jefe de Donald Trump era una de las figuras más destacadas de la derecha Alt Right una corriente supremacista blanca notoriamente antijudía.

Cuatro años más tarde, el asesinato del afroamericano George Floyd en manos de la policía de Minneapolis desata una ola de protestas  —muchas de ellas violentas— en las principales ciudades del país. El 31 de mayo un Trump desesperado, lanza una de sus acostumbradas amenazas 2.0: El Movimiento Antifa es el responsable de los disturbios y será declarado como una organización terrorista.

Un movimiento de corte anarquista

Antifa —abreviatura de “antifascista”— es un movimiento que se opone al fascismo, así como al racismo, la xenofobia, el machismo y la homofobia. No puede considerarse un partido político u organización, ya que no cuenta con estructura, afiliados ni liderazgo formal. Tampoco se basan en una única ideología: incluye a socialistas, anarquistas, comunistas o anticapitalistas unidos en su oposición a la extrema derecha y  —particularmente en Estados Unidos— al supremacismo blanco.

A diferencia de los movimientos o los partidos de izquierda convencionales, el grupo no busca conseguir cuotas de poder ganando elecciones o influyendo en la aprobación de leyes en el Congreso. Con un fuerte discurso anticapitalista, sus tácticas han sido relacionadas con las de grupos anarquistas, más que con la izquierda tradicional.

El objetivo de sus simpatizantes es anular a los grupos fascistas, racistas, neonazis y de extrema derecha e interrumpir sus actos para que no fomenten el odio a través de sus discursos contrarios a los migrantes, las minorías étnicas, las mujeres o a los miembros de la comunidad GLBT+.

Para conseguirlo, los antifa recurren a acciones no violentas con las que tratan de informar sobre su posición, pero también contemplan el uso de la violencia  —en el caso de que sea necesaria— para lograr su objetivo. Entre sus estrategias también está identificar y exponer a ultraderechistas en Internet.

Grupos de vieja data

Los grupos antifascistas nacieron en Alemania, Italia y España durante la década del 30 del siglo pasado en oposición al nazismo (Hitler), al fascismo (Musolini) y al franquismo (Franco). Se sumieron en un letargo después del triunfo de los aliados en la II Guerra Mundial y se reorganizaron a finales de la década del 80 como consecuencia del surgimiento de grupos neonazis tras la caída del Muro de Berlin.

Mujeres antifascistas en la Guerra Civil Española (1936-1939)

Los primeros grupos antifa estadounidenses aparecieron en la mencionada década y lo hicieron ligados al antirracismo, como Anti-Racist Action en Minnesota. El primer colectivo que utilizó el término “antifa” en EE. UU. fue Rose City Antifa, fundado en 2007 en Portland (Oregón) a partir de una agrupación puntual para boicotear un festival de música organizado por el grupo supremacista blanco Hammerskins.

El impulso de Donald Trump

Sin embargo, estas agrupaciones apenas tuvieron presencia en la Unión hasta la elección presidencial de Donald Trump en 2016. Las políticas xenófobas de este gobernante y su abierto apoyo a los grupos supremacistas blancos que  — en los últimos años —  ejecutan sus manifestaciones de odio a sus anchas y con total impunidad, han sido el combustible para que los antifascistas se volvieran más activos en el último cuatrienio.

Según James Anderson, miembro del sitio web antifascista It’s Going Down, el interés del público en portal ha crecido desde la llegada de magnate republicano a la Casa Blanca. En 2015 tenía 300 visitas diarias y ahora tiene alrededor de 15.000.

“Estamos frente a un gigantesco punto de inflexión. Se trata de poder popular. Este es un movimiento abierto que busca integrar a una amplia variedad de personas”, manifestó Anderson para BBC.

En los últimos años, la Antifa ha protagonizado diversas acciones como el boicot de un acto de extrema derecha en la Universidad de Berkeley (California) en febrero de 2017,  y las contramanifestaciones a “Unite the Right” de Charlottesville (Virginia)  — en agosto del mismo año — que dejaron un saldo de más de 30 heridos durante su enfrentamiento con los supremacistas blancos.

Enfrentamientos entre supremacistas blancos y Antifa en Charllottesville

También simpatizan con movimientos como Black Lives Matter en apoyo a la comunidad afroestadounidense, y han participado en las protestas contra la violencia policial que estallaron tras el asesinato de George Floyd el 25 de mayo de 2020 en manos de la policía de Minneapolis (Minnesota).

¿Pueden ser calificados como un grupo terrorista?

A raíz de su participación en las protestas raciales de finales de mayo, Trump anunció en su Twitter que designaría al movimiento Antifa como una organización terrorista. Sin embargo, es poco factible porque no es una organización formal. Además, la legislación estadounidense solo contempla el terrorismo internacional, no a “grupos terroristas locales”, y el movimiento Antifa no opera de forma coordinada fuera de las fronteras de EE.UU.

En conclusión: la declaración de Trump no tiene respaldo legal y parece más un intento de señalar responsables de las protestas que una propuesta realizable. Así que todo parece indicar que “se quedará con las ganas” de neutralizar a su chivo expiatorio.

Enza García Margarit/VTactual.com

“Alt Right” una Derecha a la medida de los Millenials

Artículos relacionados