#VTactualEntrevista Venezolanos de la tercera edad quieren seguir haciendo país a pesar de la pandemia

Quienes se han dedicado a construir hogares, negocios, formar hombres y mujeres, hijos y nietos, ahora son seres vulnerables ante la pandemia del Covid-19. A los adultos mayores le ha tocado llevar la carga más pesada del Coronavirus, pues la edad y las patologías que puedan presentar los hacen más vulnerables a contraer el virus.

De acuerdo con las cifras de la Organización Mundial de la Salud (OMS), más del 50 por ciento de los fallecidos por la Covid-19 en el viejo continente son adultos mayores, lo que representa alrededor de 189.000 personas.

Las enfermedades preexistentes, así como los sistemas inmunes menos efectivos, son dos de las causas para que los ancianos transiten hacia etapas graves al padecer Covid-19. Sin embargo, en países del continente europeo también se incluye el abandono por parte de los Gobiernos, lo que ha agravado el caso de los adultos mayores en este continente.

En Venezuela la realidad es otra, debido a que hay más de 4 millones 545 mil adultos mayores que son atendidos por el Estado, los mismos que desde el 17 de marzo cuando se decretó la cuarentena social voluntaria se debaten entre el confinamiento, el maltrato y el rechazo.

Ante el actual escenario las personas de la tercera edad quieren seguir activas a pesar del peligro que represente estar en la calle, aseguran que aún pueden dar mucho por su país.

El gobierno de Venezuela ha flexibilizado en tres oportunidades la salida de los adultos mayores a la calle, durante un tiempo determinado y bajo las medidas sanitarias necesarias, sin embargo el incremento de los casos en las últimas semanas dejó a un lado estas medidas para proteger a la ciudadana, en especial a este sector de la población.

 

La Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró a principios de abril que, “el paciente anciano va a tener una mayor susceptibilidad a la enfermedad que el más joven, y esto se ve influido por la pérdida de la reserva funcional fisiológica que aparece en el envejecimiento. Además, suelen presentan un mayor número de enfermedades crónicas que los más jóvenes, lo que va a condicionar un peor pronóstico en el caso de presentar infección por coronavirus”.

No obstante, los estudios científicos realizados en diferentes países han determinado que el virus no es estacional solo en los adultos mayores, sino también en los jóvenes y niños, lo que al principio parecía ser imposible.

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Zoraida Calderon, 74 años, ama de casa, Caricuao, “He tenido más obligaciones”.

Me vi obligada a cambiar la rutina por completo porque además del encierro, mi esposo Pastor se enfermó esa misma semana, le dio un infarto. Tenemos 50 años de casados y siempre he atendido las obligaciones de la casa y además soy dama voluntaria en el Hospital Oncológico Padre Machado, desde que comenzó el virus me pidieron en el hospital que no fuera más por temor a que me contagie en la calle y contagie a los pacientes. Eso para mi ha sido muy duro porque estoy encerrada. Mi nieto vive cerca y nos ayuda, pero no es lo mismo, porque yo salía a comprar mi comida y las cosas de la casa, ahora dependo de que mi hijo que vive en Charallave pueda venir a traernos la comida. El estar encerrada ha hecho que se me agrave un dolor en la rodilla derecha producto de la falta de ejercicio y entre los oficios que debo hacer y el cuidado de Pastor me siente más cansada, como si me hubiesen caído 40 años encima.

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Cecilia Colmenares, 78 años, Psicóloga, Plaza Venezuela, “No estamos preparados mental ni físicamente”.

La mente humana no tiene capacidad de cambio radical y con este virus lo estamos viviendo, lo que ha generado un cambio social muy drástico. La gente no es empática, yo no he salido desde que decretaron la cuarentena, pero percibo el rechazó de la gente porque mis familiares no me quieren ni visitar, dicen ellos que es para no exponerme. Se que es un proceso necesario, viví durante 30 años en Francia y no quisiera que aquí se viva lo que están viviendo mis amigos allá, sin embargo creo que en medio de la emergencia a través de los medios se pudiera concientizar a la población a tener un mejor trato con nosotros, a fin de cuenta hemos sido los que hemos levantado el país.

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Simón Ojeda, 72 años, Comerciante, Catia, “Uno cree que se va a morir”.

Desde que recuerdo que existo he estado trabajando en el negocio que me dejó mi papá, una quincalla en la avenida Sucre de Catia, nunca estuve encerrado, ni siquiera cuando nacieron mis hijos me quede en la casa, mi principio siempre ha sido trabajar. En el negocio hablaba con la gente, me distraía y ahí se me iba al día, ahora me he tenido que ingeniar nuevas rutinas, me pongo a leer, he arreglado algunas cosas en la casa, pero me desanimo porque sé que ya no podré trabajar más, si este virus sigue adelante, uno cree que se va a morir en cualquier momento y eso desanima a cualquiera. Mi hijo se encarga del negocio y me cuenta que la gente llaga preguntando por mi, y me mandan saludos, pero también me mandan a decir que no salga para evitar el contagio. Uno se siente olvidado aunque entienda que hay cuidarse, el problema ahora es que los viejos nada más no estamos corriendo peligro, ahora somos todos.

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José Manuel Alvarado, 67 años, mecánico, Barquisimeto, estado Lara “No descansaba desde hace muchos años”.

A mi la cuarentena no me ha pegado mucho porque por primera vez en la vida estoy descansando, siempre he trabajado sin descanso. Vivo con mi hija y ella no me deja salir porque dice que puedo contagiarme y en su casa están los sobrinos y los nietos. Yo trabajaba por mi cuenta en la calle, tengo todo este tiempo sin producir, y me siento incómodo porque mi hija me mantiene y el nieto me manda dinero desde Perú, aún me siento joven y no quiero ser un estorbo. La gente en la calle anda como si nada, no usan el tapabocas, no guardan la distancia social, pero si un viejo sale es el culpable de que la población se enferme. Yo creo que deberían dejarnos hacer nuestras cosas al igual que a los demás, con la debida protección, pero sin rechazarnos tanto porque es doloroso. Veo como en países como Europa y EE.UU. se han muerto muchos viejos y no me gustaría que eso pasará aquí, pero si ponemos de nuestra parte podemos resguardamos y ser productivos.

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Rosa Escalona, 70 años, ama de casa, Cagua, estado Aragua “Me quede sola en el país y con cuarentena”.

Para mi no ha sido fácil esta cuarentena porque una semana antes que la decretaran mis dos hijas se fueron a Colombia a comprar mercancía para vender y todavía no se han podido regresar. Vivo con mi nieto de 10 años y cuando salgo a comprar comida la gente me reclama que salgo porque me debo llevar al niño para que me ayude con las cuentas. Me dijeron en una charcutería que no podía estar en la calle, y yo lo sé, pero no tengo quien le haga las compras porque no tengo más familia aquí. Es difícil para mi. Me da mucha tristeza que no he podido ir a Caracas a visitar a mi familia y ellos tampoco han podido venir a visitarme. Cuando puedo me comunico con ellos por teléfono porque la comunicación también falla en esta zona. Creo que el virus no solo nos ha alejado de la calle, también de las familias, nos ha desunido. He pensado vender algún producto en la casa, chucherías o comida para sentirme más productiva y poder ayudarme.

“El confinamiento es una especie de duelo”

Vivir en confinamiento que ha producido en Covid-19 es similar a vivir el duelo por la falta de un ser querido, así lo explica Leonardo Hernández, médico psiquiatra de la Residencia Geriátrica Buen Hogar, en Altamira en Caracas.

“En este caso el confinamiento ha sido algo transitorio, pero no sabemos hasta cuando pueda durar, lo que ha generado más ansiedad en los adultos mayores porque atraviesan un proceso similar al duelo por la pérdida de un familiar, se molestan, se deprimen y se cierran más de lo debido, porque sienten un proceso de soledad”.

El especialista asegura que lo más común es la depresión, incluso en aquellos adultos mayores que permanecen en hogares de cuidado, porque ya no tienen permiso de salida los fines de semana ni visita de los familiares.

“El proceso depresivo puede alterar al ser humano más allá de lo que creemos por lo que es necesario mantener a los adultos en actividad física permanente, evitar el sedentarismo, controlarle los hábitos alimentarios y tratar de establecer una rutina parecida a la que tenían antes de la pandemia, lamentablemente a las personas de edad avanzada no se les puede cambiar el esquema rutinario porque eso altera su sistema hormonal”, refiere.

Hernández, explica que las personas mayores restan salud al estar en confinamiento, “suelen perder masa muscular con más frecuencia, no respiran aire profundo y corren el riesgo de que algunos músculos de difícil recuperación disminuyan hasta ser prácticamente inservibles”.

 Recomienda no sobrecargarlos de información, “debemos intentar además de mantenerlos activos, mantenerlos aislados de la información actual, ya que vivimos tiempos diferentes, términos y casos que ellos no podrán entender”, asegura.

NB/VTactual.com

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