El casco histórico de Caracas vuelve a seducir

En una época no tan lejana, la histórica capital venezolana lucía un aire conventual que ofrecía quietud. Era una ciudad casi aldeana, de escasas calles adoquinadas y faroles de queroseno en las esquinas, que producían sombras espectrales en las noches cinceladas entre las ruinas de la Guerra de Independencia.

Hasta casi mediados del siglo XX, el casco histórico fue su exclusivo vértice comercial, donde se producían intercambios lucrativos, encuentros superficiales y desencuentros ideológicos, y a la vez, se erigía como reserva amurallada de una memoria ancestral que nos dotaba de identidad.

Avanzados los años del impulso petrolero, el centro adquirió los vicios de las ciudades hipertrofiadas de Latinoamérica, con sus contrastes extremos, su velocidad avasallante y su agravio a la memoria, arrinconando su belleza monástica hasta convertirla casi en un molesto vestigio del pasado.

Mientras tanto, los magnates de la construcción erigían inmensas torres bancarias, los ministerios asentaban sus oficinas, el tráfico se desbordaba hacia los costados, se emplazaba el comercio informal y una judería ávida de lucro, hizo del cuadrilátero inicial un inmenso centro comercial para la compra-venta de joyas y de toda clase de baratijas.
Llegó un momento en que el centro de la ciudad más importante de Venezuela se materializaba en horario de oficina, dando paso, después de las 6 de la tarde, a un sombrío corredor urbano con aspecto de tierra arrasada, donde nadie en su sano juicio se atrevía a internarse por temor a la delincuencia y por la falta de vida pública.

“Hay quien piensa que Caracas comenzó su formidable suicidio en la década de los cincuenta, durante el gobierno de Pérez Jiménez. Eso no es cierto. Si antes no se demolió más, no fue por falta de ganas, sino por escasez de dinero” escribió José Ignacio Cabrujas, uno de los más hondos cronistas de la “caraqueñidad”.

Las expropiaciones

El primer alerta lo hizo el desaparecido presidente Hugo Chávez, cuando una mañana de febrero del año 2010 ordenó la expropiación del histórico edificio La Francia, donde permanecían atrincherados alrededor de 90 joyerías y comercios de todo tipo. Esa vez anunció la firma de un documento de declaración de utilidad pública de cuatro inmuebles ubicados en cada esquina de la Plaza Bolívar, e inmediatamente se iniciaron los trabajos de recuperación de los espacios que concluyeron, entre otros, en el Teatro Bolívar y la Casa del Vínculo y del Retorno, dos nuevos epicentros de la vida cultural y mnemónica de la ciudad.

Más recientemente, en 2018, la misma causa de utilidad pública fue expuesta para decretar la expropiación de 19 establecimientos comerciales asentados entre la avenida Sur 1, equinas de San Jacinto a Traposo, con Pasaje Linares de la avenida Universidad, en las adyacencias de la plaza El Venezolano, prácticamente el espacio donde germinó la ciudad y que por muchos años cobijó a la antigua casa del solar de San Jacinto, propiedad del capitán Luis Blanco de Villegas desde los días de la Colonia, devenida en una extensa proveeduría de piñatas.

El proyecto original, según fuentes oficiales, forma parte del plan denominado Revitalización de la zona de desarrollo especial, cultural, turístico y socio-económico casco histórico de Caracas, con la idea de promocionar a la ciudad desde el punto de vista turístico, histórico, comercial y socioeconómico.

El nuevo modelo de centro

Francisco Alvarado, gerente de Restaura YF C.A., la empresa encargada de los trabajos de rehabilitación de la infraestructura patrimonial rescatada, explica que buscan dinamizar el centro, devolverle su cariz cosmopolita, más aún cuando una de las fachadas cenitales es la que corresponde a la casa natal del Libertador, Simón Bolívar.
“De aquí salieron todas las empresas y se fueron al este, abandonando el casco histórico. La idea es crear una nueva cultura de servicios donde las personas puedan empoderarse de los espacios físicos” puntualiza.

El corredor recuperado parte desde Páramo Café, frente a la avenida Universidad, y continúa con Noble Chocolates, donde se expende cacao 100% venezolano a través de distintas presentaciones y marcas recónditas. Sigue con Llueve Flores del Centro (un local para la venta de plantas ornamentales de próxima inauguración). El relanzamiento de la Sombrerería Tudela (uno de los viejos locales expropiados) bajo la administración de su histórico dueño por 57 años, don Juan Torres. Y suma los futuros establecimientos comerciales Cosecha de Ron (venta de licores), Más Venezuela (suvenir), Casa Dona, Golfeados San Jacinto y Hamburguesería 20-20, además de una gran plaza central con exposición de los vestigios arqueológicos hallados entre los trabajos de recuperación del viejo e inmenso complejo arquitectónico.

La propuesta busca recuperar 13.372 metros cuadrados de estructura urbana del centro, a lo largo de 12 manzanas, desde La Hoyada hasta El Calvario. Incluye la remoción total de la plaza El Venezolano y del Pasaje Linares, donde se vivió una experiencia surrealista al conferirle a un corredor peatonal devenido en meandro público, un techo de paraguas coloridos que terminó convirtiéndose en referente mundial en términos de reapropiación urbana.

Marlon Zambrano/VTactual.com

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