La detención de una ciudadana rusa que supuestamente actuaba como agente ilegal del Kremlin en Washington sorprendió al presidente Donald Trump, en plena cumbre con su homólogo, Vladimir Putin.
Ya unos días antes del encuentro en Helsinki, Finlanda, “la trama rusa” había estado en la palestra por la acusación contra 12 funcionarios de inteligencia de Moscú por una supuesta ciberoperación para influir en las presidenciales de 2016.

La nueva escena a esta obra entre los dos mandatarios de las superpotencias sucedió instantes después de que ofrecieran su rueda de prensa conjunta: El Departamento de Justicia de EE. UU anunció la detención e imputación en Washington de la presunta agente, Maria Butina, de 29 años “por conspirar para ejercer influencia en la política estadounidense mediante lazos con grupos como la Asociación Nacional del Rifle (NRA)”.
El abogado de Butina, Robert Driscoll, dijo a través de un comunicado que las acusaciones son «exageradas» y que la fiscalía criminalizó oportunidades mundanas de establecer contactos.
Según Driscoll, su defendida no era una agente de la Federación Rusa sino que estaba en el país con una visa de estudiante, graduándose en la American University en una maestría en relaciones internacionales.

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