#VTreportaje Suramérica y sus presidentes pro-Covid-19: Somos epicentro de la pandemia

¿Por qué la Organización Mundial de la Salud (OMS) considera a América del Sur un nuevo epicentro de la pandemia global de Covid-19? La respuesta podría ser sencilla: por la irresponsabilidad de ciertos presidentes que antepusieron la economía de sus bolsillos a la vida de miles de hombres, mujeres y niños. Pero, dejarlo hasta allí significaría que este trabajo tendría solo cinco líneas. Entonces, la siguiente pregunta es: ¿qué tan cierto es ese argumento? Decirlo es muy fácil… justificarlo, también.

Hoy, el crecimiento exponencial de casos positivos en Brasil, Perú, Ecuador, Chile y Colombia eleva los niveles de alarma en una región de apenas 12 países. De acuerdo con datos de la Universidad Johns Hopkins, al jueves 28 de mayo, Brasil es el segundo país más afectado en el mundo, con 438.238 contagiados y 26.754 fallecidos. En la posición 12 se ubica Perú (141.779 casos y 4.099 muertos), en el puesto 14 está Chile (86.943 y 890), de número 24 aparece Ecuador (38.471 y 3.313) y en el lugar 33 se muestra Colombia (24.141 y 855).

Bolsonaro, el negacionista

¿Puede haber alguien más irresponsable que Donald Trump recomendando inyectarse desinfectante en las venas para vencer al Covid-19? Sí, el presidente brasileño, Jair Bolsonaro. Su currículum incluye dotes de ultraderechista, xenófobo, homofóbico, misógino, extremista religioso y ahora negacionista del coronavirus.

Con seis casos positivos en su país dijo: “No hay motivo para el pánico”. Con 34 casos: “Es una fantasía”. Con 200: “Si la economía se hunde acaba mi gobierno”. Con 2.201: “Es una gripecita, un pequeño resfriado”. Con 2.433: “el riesgo es casi nulo”. Con 2.915: “El brasileño no se contagia”. Con 23.430: “El virus está desapareciendo y el desempleo llegando”. Con 40.581: “Espero que está sea la última semana de cuarentena”. Con 71.886: “Yo no soy Mesías, no hago milagros”. Con 114.715: “Lo peor ya pasó”… y puede seguir.

Bolsonaro nunca ha decretado cuarentena, a diferencia de la gran mayoría de los 27 gobernadores regionales, a quienes constantemente presiona y amenaza para que pongan fin al confinamiento en sus estados. A su juicio, la parálisis del comercio y de la vida diaria tiene un gran impacto en la economía, genera una ola de desempleo y puede acabar con su Gobierno.

En abril despidió a su ministro de Salud, Luiz Henrique Mandetta, porque este sí apoyaba las medidas restrictivas y estaba ganando simpatía popular. En plena pandemia ha organizado mítines, estrechado manos y abrazado a seguidores, incluso cuando era sospechoso de padecer el virus. Mientras miles mueren, acusa a los medios de mentir y a sus opositores de querer destruir al país con la cuarentena. A finales de marzo, un juez federal vetó al Gobierno de hacer campaña contra las medidas de aislamiento. Días después, el Supremo Tribunal Federal le prohibió flexibilizar la cuarentena decretada por estados y municipios.

Al final, la realidad del pueblo brasileño se resume en una frase de su Presidente: “Va a morir gente, lo siento, pero no podemos parar una fábrica de autos porque hay accidentes de tránsito”.

Vizcarra, el de las medidas «correctas»

Aunque Perú fue uno de los primeros países en decretar la cuarentena, la curva exponencial de contagios y muertes no frena. La explicación recae en cómo estaba la nación antes de la pandemia. Según la BBC, cerca del 71 % de la población activa vive de la economía informal y, por tanto, no puede aislarse por completo.

Además, la Encuesta Nacional de Hogares 2019 reveló que apenas el 21,9 % de los hogares pobres tiene refrigerador y solo pueden abastecerse por pocos días. Por eso, los mercados son los principales focos de contagio. El mismo sondeo también develó que el 11,8 % de los hogares pobres ocupa viviendas hacinadas -cinco o más personas sin una habitación para dormir- y eso dificulta mantener la distancia.

Aunque el Gobierno aprobó bonos para 6,8 millones de hogares vulnerables, según la Superintendencia de Banca y Seguros solo 38,1 % de los adultos tiene cuenta bancaria, el resto tuvo que hacer cola y aglomerarse en los bancos. Entonces, al presidente Martín Vizcarra de nada le sirve tomar las medidas “correctas” en plena pandemia, si su gestión política constituye una amenaza para el bienestar socioeconómico y mental de la población.

Moreno, el líder per cápita

En América Latina, Ecuador es el país con mayor número de muertes per cápita, y el undécimo del mundo, por encima de Perú (14) y Brasil (15), con 19,39 fallecidos por cada millón de habitantes. Más allá de cuarentenas y toques de queda, en plena pandemia el Gobierno de Lenín Moreno ha empobrecido a su pueblo, en lugar de ayudarlo.

A pesar de la crisis sanitaria, días atrás el sector estudiantil, sindicatos y trabajadores informales salieron a las calles en diferentes ciudades para repudiar las “medidas económicas” anunciadas por Moreno: reducción salarial, despidos masivos en el sector público, recortes presupuestarios a universidades, cierre de empresas estatales, entre otras.

Sus medidas favorecen al sector empresarial, no a la población. Mientras los trabajadores plantearon suspender los pagos de la deuda externa para destinar esos fondos a la recuperación económica, Moreno prefirió discutir durante más de un mes un proyecto que destinaría recursos extraordinarios de empresas a más de dos millones de familias. Sin embargo, antes de que el Congreso lo aprobara se retractó de la medida y dejó a todos vestidos y alborotados. De allí que una consigna popular en las protestas sea: “Si el coronavirus no nos mata, el Gobierno lo hará”.

Piñera y el dilema de “la última cama”

Los casos positivos en Chile se han cuadruplicado en mayo, promediando más de 4.000 diarios, para llegar a 86.943 y superar a China. Con el pico de 49 muertes este jueves, el total de fallecidos escaló a 890. De acuerdo con la agencia AFP, Santiago es foco de la pandemia con 80 % de los casos y la ocupación de las camas de cuidados intensivos supera el 90 %.

Sin embargo, no fue sino hasta hace dos semanas que se decretó cuarentena absoluta en la capital, pues antes de eso se evaluaba el regreso a clases y hasta reabrieron centros comerciales. Después de esa irresponsabilidad, ahora las autoridades reconocen que como en Italia- comienza el dilema de “a quién darle la última cama” en unos centros de salud abarrotados.

Asimismo, en los últimos días Santiago ha sido escenario de protestas por parte de la población más vulnerable, que exige al presidente Sebastián Piñera subsidios para poder adquirir alimentos de primera necesidad. La respuesta del Gobierno fue represión. Por eso, similar a los ecuatorianos, los chilenos gritan: «Si no nos mata el virus, nos mata el hambre».

Aunque la OMS ha elogiado la actuación de Chile en medio de la pandemia, su realidad se parece a la de Perú: el alto costo de la vida y la predominancia de la economía informal hace imposible que la población más vulnerable se quede en casa.

En Colombia tienen a Duque, el imitador

En Colombia, el presidente Iván Duque reaccionó tarde. Aunque ha tomado medidas socioeconómicas que favorecen al pueblo, la curva de contagios se eleva exponencialmente como consecuencia de sus acciones tardías por miedo al qué dirá, qué pensará y qué hará el sector empresarial si actuaba conscientemente.

En marzo, cuando se conocieron los primeros casos, Duque permaneció inmóvil, callado, atado a los intereses del uribista Centro Democrático y del gremio empresarial que cada día expresaba la inexistente necesidad de parar el aparato productivo y aislar a la población, en una clara medida de presión al Jefe de Estado.

Entonces, gobiernos departamentales y locales tomaron cartas en el asunto y comenzaron a decretar restricciones y cuarentenas para impedir la propagación del virus, chocando políticamente hasta con la vicepresidenta Marta Lucía Ramírez, quien exhortaba a no realizar toques de queda ‘innecesarios’, pero luego de reuniones con el gremio empresarial.

Incluso, Duque hasta emitió un decreto para ordenar que todas las acciones locales se rigieran bajo la coordinación de Presidencia. Pocos hicieron caso. El Mandatario trató de bloquear algunas decisiones correctas de alcaldes y de gobernadores, “pero después entendió que sin gobernabilidad local, un tema tan delicado es muy difícil, y decidió sintonizarse” con ellos, reseñó el medio Vanguardia. El detalle es que el virus ya abundaba en el aire, literal y metafóricamente hablando.

Ahora solo queda esperar una cosa: la respuesta que darán brasileños, peruanos, ecuatorianos, chilenos y colombianas a las intenciones de reelección de estos cinco presidentes proCovid-19.

Manuel Rodríguez / VTactual.com

Izquierda vs. Extrema Derecha: la gran batalla pos-Covid-19

Artículos relacionados