Del Pilín León al Fortune: 17 años de angustias por la gasolina

El arribo paulatino y comprometido de cinco buques petroleros desde la lejana Irán con gasolina para abastecer al país durante un tiempo perentorio, es el corolario de una vieja disputa que ha tenido a nuestra primera industria como foco de atención, por el hecho incuestionable de representar un negocio de miles de millones de dólares pero, además, porque se trata de nuestro principal mecanismo de ingresos financieros y por ende, un arma de guerra.

La primera embarcación, Fortune, se registró en Puerto Cabello el sábado 25 de mayo, con 45 millones de litros de gasolina para abastecer a la refinería de El Palito (estado Carabobo), luego de casi tres semanas de tensiones debido a las amenazas esgrimidas desde el gobierno norteamericano de detener su avance en las aguas del Atlántico como medida coercitiva a causa de las sanciones unilaterales que pesan sobre la nación del Medio Oriente y sobre nuestro propio país.

El Fortune en Puerto Cabello: arribo heroico anunciado por el ministro del Petróleo, Tareck El Aissami

Entre tanto, el ministro de Relaciones Exteriores de Irán, Mohamad Yavad Zarif, se comunicaba con el secretario general de Naciones Unidas, António Guterres, para acusar al presidente Donald Trump de fomentar la piratería, y nuestro representante ante Organización la las Naciones Unidas (ONU), Samuel Moncada, hacía lo mismo alertando al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas sobre las amenazas de uso inminente de la fuerza militar por parte de EE.UU. contra los barcos iraníes operando soberanamente según los acuerdos binacionales suscritos entre ambos países.

Fortune, junto a cuatro buques petroleros más (Forest, Petunia, Faxon y Clavel), repostó en el puerto iraní de Bandar Abás y emprendieron juntos navegación a costas venezolanas con 1,53 millones de barriles de gasolina y aditivos de refinación, para contrarrestar la grave escasez de combustible que mantiene al país semidetenido, con largas y tensas colas de vehículos a las afueras de las estaciones de servicio, en medio de la cuarentena nacional y la orden de distanciamiento social por el combate al Coronavirus.

No es una situación inédita, aunque reviste un cariz de resistencia heroica y como tal ha sido tratada por los medios oficiales y el sentir popular, que han ido monitoreando todas las incidencias, incluyendo el acompañamiento de aviones de la fuerza aérea y patrulleros oceánicos de la Armada bolivariana a partir de nuestras aguas territoriales, hasta la llegada a puerto que ha sido rematada con juegos de luces y de colores.

Los episodios de 2020 recuerdan los de 2002

Cuando el Pilín León

Recuerda, inevitablemente, la épica del buque Pilín León que hace prácticamente dos décadas mantuvo al país en vilo, casi con los mismos protagonistas, al apostarse a las afueras del Lago de Maracaibo para obstruir los accesos y salidas de las embarcaciones cargadas de petróleo hacia los diversos mercados del mundo para garantizar nuestro exclusivo medio de sustento económico desde hace un siglo.

Lo del Pilín León, en diciembre de 2002, fue otro intento de asestar un golpe mortal al gobierno bolivariano que unos meses antes, con el “Carmonazo” del 11 de abril, había sufrido una escalada mediática y militar que, aunque fracasó, desató los demonios de la conspiración criolla en alianza con los sucesivos gobiernos de Estados Unidos que mantienen su terco empeño hasta hoy.

“Para instaurar de nuevo la Cuarta República y continuar con la apertura petrolera y la flexibilización laboral y en neoliberalismo, y entregar la gran riqueza que Venezuela tiene aquí debajo de esta agua, allá debajo de esta tierra», dijo Chávez en aquellos días durante una transmisión televisiva.

Fueron 69 días de saboteo petrolero a través de una alianza entre la gremial empresarial Fedecámaras, técnicos y trabajadores de la nómina mayor de la empresa estatal Petróleos de Venezuela, SA, directivos de la Confederación de Trabajadores de Venezuela (CTV) y una coalición de partidos políticos de oposición, quienes mantuvieron al pueblo venezolano sumido en un estado continuo de zozobra, inaugurando las colas interminables de vehículos para repostar combustible que se reeditan hoy.

El Pilín León con 44 millones de litros de combustible a bordo, llamado así en homenaje a una ochentera reina de belleza venezolana y Miss Mundo, incidió en el hecho de que era el buque de mayor dimensión de la flota de PDV Marina fondeados en el canal de navegación del lago de Maracaibo para sabotear las operaciones en la principal puerta de salida de crudo venezolano.

Días después y tras pérdidas multimillonarias en ingresos petroleros y daños graves en infraestructura de la industria, el capitán Carlos López comandó las peligrosas operaciones de retoma del buque que fue recuperado totalmente el 21 de diciembre y luego rebautizado Negra Matea, con lo que se iniciaba lo que el propio Chávez llamó la “soberanía petrolera de Venezuela”, instituida por decreto cada 21 de diciembre a partir de 2003.

El Pilín León durante las operaciones para su rescate

Ayer y hoy, al contrario de lo que ha previsto el cálculo político de oposición, vaticinando grandes manifestaciones populares al estilo de “El Caracazo” de 1989, la población ha resistido con conciencia las implicaciones gravísimas de la escasez de combustible en un país acostumbrado a surtir cómoda y económicamente de gasolina su inmenso parque automotor, producto de las “ventajas” que ofrece la Venezuela rentista y petrolera.

Tanto así, que el mismo mandatario Nicolás Maduro, anunció sin traumas un plan de “normalización y regularización del suministro” que arrancará a corto plazo y llevará la impronta de algunos ajustes en el precio del combustible, que fue pagado, como aseguró , en dólares a la República Islámica de Irán.

Tal como sostiene el sociólogo Reinando Iturriza, lo que viene es una etapa de debate nacional necesario, para establecer una definición clara de cuál debe ser el nuevo precio de la gasolina y a cuáles variables debe obedecer.

No parece viable, según sus consideraciones, llevar su costo a precios internacionales, impagables para el bolsillo de cualquier venezolano, pero sí, encontrar un punto de equilibrio que permita valorar lo que implica su producción y distribución y no tengamos que vivir, de nuevo, otro episodio apocalíptico de escasez.

Marlon Zambrano/VTactual.com

 

¿Subirá el precio de la gasolina en Venezuela?: Maduro evalúa un ajuste

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