Implantes de microchips: tecnología en manos de quién

Implantes de microchips: tecnología en manos de quién

Las nuevas tecnologías siempre generarán controversias. El miedo a lo desconocido es algo inherente a los genes de la sociedad. No obstante, estos miedos no necesariamente son injustificados, ya que más de una vez, los avances tecnológicos se han usado en contra de la humanidad y no siempre a su favor.

Uno de los debates sobre tecnologías que más ruido comenzó a generar desde el año pasado, tiene que ver con el implante de microchips, similares a los que usan perros y gatos. Estos aparatos tienen como objetivo inicial, sustituir instrumentos de la vida cotidiana como las tarjetas de débito, de crédito, del trasporte público, llaves de la oficina, de la casa, de vehículos, en fin, de una gran cantidad de objetos que para algunos resultan molestos.

Suecia es el país que tiene mayor cantidad de usuarios, con aproximadamente 3000, su implementación inició en 2015 y muchos de ellos optaron por esta tecnología, para liberarse de llaves y tarjetas.

El pequeño dispositivo es insertado en la mano del usuario, en el espacio entre el dedo pulgar y el índice. Tiene el tamaño aproximado de un grano de arroz. Requiere apenas de una pequeña operación ambulatoria y de una aguja especial; de hecho se asemeja a colocar un piercing. Puede guardar gran cantidad de información y se recarga con ondas.

Usos y malos usos

El objetivo inicial para la aparición de los microchips es facilitar la vida de la ciudadanía, pero esto es tan solo el inicio; también se ha planteado el microchip para tener un control más férreo de la población, tanto en temas legales, inmigratorios como también laborales. Tal como si se tratara de una pesadilla orweliana o la recreación de Matrix, el microchip, en la mente de los más fatalistas, podría tratarse de un grillete virtual que eliminaría la libertad del género humano. Así que es justo hacerse la siguiente pregunta: ¿quién es el máximo beneficiario de esta tecnología?

Muchas son las evidencias que existen sobre ciertos sectores políticos y económicos que buscan ejercer control sobre la sociedad, o al menos, aprovecharse de ciertos rasgos sociales y redirigirlas hacia donde estos necesitan. No son teorías conspirativas, son casos documentados que han aparecido en la prensa mundial, como el escándalo de Cambridge Analytica, los programas secretos de espionaje de la CIA en computadoras y electrodomésticos “inteligentes” y la recopilación de datos por parte de Windows.

Imagine que un gobierno o una empresa tenga en su poder los datos sobre movimientos, hábitos, consumo y económicos sobre millones de personas e incluso de un país entero, al mejor estilo Cambridge Analytica. ¿Se resistirían a la tentación de controlar a la población, de determinar su futuro, sus patrones de consumo, sus decisiones políticas?

microchip
El diminuto microchip puede ser fácilmente insertado bajo la piel.

Si países como Estados Unidos e Israel, así como grandes transnacionales son actualmente capaces de violar las leyes internacionales y pasar por encima de organizaciones globales como la ONU para consolidar sus propios intereses, ¿qué evitaría que datos tan sensibles sean monopolizados por grandes poderes como estos?

El problema no es la tecnología en sí; el microchip representa un avance tecnológico que ayudaría a simplificar la vida cotidiana y harían más cómodas ciertas tareas diarias. El asunto radica en el peligro que corre la humanidad de ser víctima, de nuevo, de la toma de decisiones de pequeñas élites que solo perjudican a las grandes mayorías, algo así como la indiferencia de grandes gobiernos y empresas de emprender acciones radicales que frenen la destrucción de nuestro planeta, el único que tenemos. O cosas peores.

JA

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