“Entre el insulto y el Ave María”: medios de comunicación y protestas sociales

“Y entre el insulto y el Ave María, no distingo entre preso y carcelero, adentro de la hipocresía”, Rubén Blades “Hipocresía”.

Altamira 20 de mayo de 2017. La zona rosa de Caracas y emblema de la “lucha” opositora  renuncia al “glamour” de antaño y se viste de humo y escombros. Un joven trabajador circula por el lugar y es interceptado por un grupo de encapuchados opositores. Lo golpean. Lo apuñalan. Le rocían gasolina y le prenden fuego. Nadie en el mundo salió a marchar o a protestar en su memoria. Su nombre era Orlando Figuera y lo quemaron vivo por ser negro y por “chavista”.

´Ningún artista ni influencer alzó su voz repudiando el asesinato racista de Orlando Figuera durante la violencia opositora en Venezuela (2017)

Ante este dantesco suceso las grandes corporaciones mediáticas — en el mejor de los casos —guardaron silencio pecando por omisión. Otros “justificaron” la acción alegando que aquellos “jóvenes impolutos” que incendiaban instituciones públicas, guarderías y autobuses con gente adentro lo habían confundido con un ladrón.

De esta manera a Orlando Figuera lo mataron otra vez por el color de su piel; ya que — según la estética de los mass media — la mayoría de los ladrones son negros y los guarimberos actuaron en “legítima defensa de la propiedad privada”.

La verdad es mentira y viceversa: Caso Venezuela

A diferencia de la aparente espontaneidad de ola de protestas acontecidas en los EE.UU. tras el asesinato de George Floyd, las guarimbas son un método muy bien diseñado y estudiado para la ejecución de los llamados Golpes Suaves o Revoluciones de Colores. El artífice de la fórmula venezolana fue el anticastrista cubano Robert Alonso en 2003. Desde entonces, se ha aplicado en innumerables oportunidades en el país sudamericano. No obstante, fue a partir de 2014 que adquirieron mayor impacto en la opinión pública mundial a través de los medios de comunicación.

Los medios llamados “independientes” son empresas cuya mercancía es la información y el entretenimiento. Su accionar se debe a intereses privados y Venezuela — con su riqueza en recursos naturales y energéticos — es percibida como una excelente oportunidad de negocios.

Con el inicio de las guarimbas en 2017,Venezuela pasó a ser la protagonista de las pautas y de la parrilla de los medios de comunicación a escala global. Utilizando los principios goebbelianos de exageración y de orquestación, los focos de violencia fueron magnificados para proyectar una imagen generalizada de caos y protesta antigubernamental en todo el territorio nacional, cuando en realidad se trataba de focos dispersos en las urbanizaciones de clase media de algunas ciudades del país.

Los fotorreporteros de los grandes conglomerados mediáticos — en su gran mayoría concentrados en puntos estratégicos de Caracas — captaron los momentos de mayor confrontación para acompañar las notas de los corresponsales, cartelizando primero y trasladando después todas las responsabilidades de la violencia a los efectivos policiales. También ofrecían jugosos honorarios a los “manifestantes” a cambio de fotos “impactantes” de las confrontaciones con los cuerpos de seguridad.

Una vez que lograron la percepción de un clima de violencia generalizado, recurrieron a las redes sociales para saturarlas de imágenes y de videos. De esta manera impedían la asimilación ordenada de ese contenido, además de encubrir las complicidades políticas que operaban detrás de la violencia. Propagaron la histeria como estrategia de confusión en la que no faltó la “demonización del enemigo” — en este caso los chavistas — cuando le achacaban a los “colectivos” acciones tan reprobables que eran condenadas por el mismo público opositor.

La rentabilidad del morbo y de la farándula

El investigador de medios, Pablo Blesa, asegura que la obsesión por el rating deriva en que los medios enfaticen noticias con un tono amarillista, sensacionalista y dramático para aumentar su consumo. Así Venezuela es presentada como un producto de entretenimiento y consumo mediático global, homologado a un marco estético al mejor estilo de Hollywood o de los videojuegos de guerra.

Y para aumentar los números de visitas y la credibilidad entre las masas, nada como la farándula local y latinoamericana para lograrlo. Nacho, Franco de Vita, Gustavo Dudamel, Erika de La Vega, Alejandro Sanz, Carlos Baute, Juanes y David Bisbal, entre otras figuras se desgarraron las vestiduras contra la “brutal represión de la dictadura venezolana” invitando al pueblo a continuar en la lucha “porque el que se cansa pierde”.

Este comportamiento mediático está muy lejos de tener propósitos patrióticos o altruistas. Era una gran oportunidad de inversión para ganar mercados, consumidores, audiencias e influencia internacional. Todo esto pensando en que si el plan marchaba según el cálculo — la caída de la Revolución Bolivariana los dueños de las transnacionales de la comunicación y sus patrocinantes: petroleras, empresas armamentísticas, bancos, farmacéuticas, empresas de alimentos… estarían dentro de la “repartición del pastel” que seguramente haría el “gobierno de transición” con los recursos estratégicos venezolanos.

Esta gráfica es digna del afiche propocional de un film de Hollywood

La cacofonía que ahoga la voluntad de un pueblo: caso EE.UU.

El 25 de mayo de 2020 un video grabado con un celular muestra cómo un policía asfixia hasta la muerte a un afroamericano detenido por presuntamente pagar en una tienda con un billete falso. Su lamento: “No puedo respirar” (I can´t breathe) se convirtió en el símbolo de una sociedad asfixiada por un sistema económico y social predador en el que sólo sobreviven los más aptos que — en el caso de los EE.UU. — son los blancos anglosajones protestantes (WASP). Su nombre era George Floyd.

En las principales ciudades de esa nación la gente salió indignada a las calles a protestar. Se generaron algunos eventos violentos de destrucción de edificios públicos y saqueos a pequeños comercios. Los mismos han sido reprimidos con brutalidad por parte de los cuerpos de seguridad. Los medios de comunicación a escala global se sumaron a la cobertura de estas acciones. A diferencia de lo ocurrido en Venezuela 3 años atrás, ninguno llama “dictador” a Donald Trump ni cuestiona la legitimidad de su gobierno.

En esta imagen observamos un manejo estético similar al de las fotografías de las guarimbas en Venezuela.

De esta manera, de un día para otro, los medios de comunicación de la tierra del “Tío Sam” decidieron que el Coronavirus desaparecería de su agenda y pasaron del “quédate en Casa” al “sal a protestar porque el racismo está acabando con los EE.UU.” avalado por el respectivo desfile de artistas/influencers. Muy oportuno para las grandes transnacionales que, semanas atrás, estaban preocupadas por el impacto que la cuarentena tendría en sus ganancias.

Con una foto en negro en Instagram y bajo el lema “Black Out Tuesday”, la farándula mostró su “rechazo al racismo” y la brutalidad policial en EE.UU. Emma Watson, Tom Holland, Cara Delevingne, Alejandro Sanz y Ricky Martin son algunos de los que se unieron a esta iniciativa

No ponemos en duda que — a diferencia de las guarimbas venezolanas — el estallido social en los EE.UU. es un suceso espontáneo generado por el malestar que aqueja a la sociedad norteamericana. Sin embargo, las transnacionales de la comunicación, el Partido Demócrata y un sector de la bancada republicana descontenta con el gobierno de Donald Trump lo ven como una oportunidad de oro para que el inquilino de la Casa Blanca la desaloje de una vez por todas tras los comicios de noviembre.

Enza García Margarit/VTactual.com

#VTnúmeros Estados Unidos: el país donde la libertad es solo una estatua

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