El Oriente Medio que occidente se niega a ver (Parte III)

El periodista estadounidense y dos veces ganador del Pulitzer, Steve Coll, define a la empresa petrolera Exxon Mobil como «un Estado empresarial dentro del Estado americano que tiene sus propias reglas de política exterior». Coll sostiene que las políticas de esta empresa sólo a veces armonizan con los intereses del Gobierno, pero cuando ello no ocurre, sencillamente las quita del medio y asume las propias. La situación se repite con la mayoría de las empresas petroleras en el mundo y el presidente estadounidense, Donald Trump, lo sabe. Tanto así, que su Secretario de Estado es Rex Tillerson, ex director ejecutivo de la Exxon Mobil hasta 2016.

El reciente giro en las políticas energéticas de EE.UU pretende conquistar su independencia plena en esa materia. Dicho así, parece un noble propósito, pero cuando se entiende a profundidad lo que ello significa, los resultados podrían ser catastróficos a escala planetaria, puesto que el país del norte consume un tercio de la energía que se produce en el mundo, incluyendo en ellas la fuente petrolera, gasífera, de carbón y nuclear. El aumento sin regulaciones de la producción de energía, traerá en poco tiempo resultados ambientales bastante complicados.

 

Trump retiró a su país de gran cantidad de compromisos internacionales en materia de cuidados del ambiente, para fortalecer la producción de petróleo estadounidense

Paralelamente, Trump ha retirado a su país de un número importante de compromisos para cuidar el ambiente mientras da rienda suelta a su llamado “nuevo enfoque energético”. En un par de años, EE.UU se retiró del acuerdo sobre el clima de París, firmado en 2015, que establece medidas para la reducción de las emisiones de Gases de Efecto Invernadero. Derogó el Plan de Energía Limpia de la Administración Obama, que obligaba a cada estado de la Unión y a cada productor, cumplir con los estándares de emisión de dióxido de carbono basados en su consumo. Otras normas que controlaban la producción de carbón, como la Norma de Protección de Flujo, también han sido derogadas.

Simplemente retrógrada”. Gina McCarthy ex administradora de la Agencia de Protección Ambiental sobre la derogación del Plan de Energía Limpia.

Movimientos en Oriente Medio

Trump tiene importantes piezas en el tablero energético global. El pasado junio el mundo fue testigo de ello cuando, ante la subida inusitada de los precios del petróleo y de la gasolina en el mercado interno estadounidense, el gobernante exigió a sus socios de Arabia Saudita, el aumento de la producción y la reducción de precios del crudo. El mandatario norteamericano exhortó al resto de los países miembros de la OPEP hacer “todo lo posible para hacer retroceder” los precios.

La dependencia política de Arabia Saudita con EE.UU, hizo que el primer exportador de petróleo en el mundo aplicara la reducción de precios para su petróleo ligero, este mes de agosto. Adicionalmente, anunciaron el incremento en la producción para asegurar al mercado mundial un millón de barriles diarios más, medida que lograría “equilibrar el mercado”.

Arabia Saudita incrementó en 1 millón de barriles diarios la producción de petróleo para reducir su precio, a pedido de Washington

Por otra parte, los conflictos protagonizados por los aliados de EE.UU en Oriente Medio, son movimientos estratégicos que aseguran para la potencia occidental el fácil acceso a grandes cantidades de materia prima en el ramo energético. Arabia Saudita encabeza dos de las principales acciones hostiles en el Golfo Pérsico: la ocupación de Yemen y el bloqueo a Qatar.

En ambos casos el control de territorios y recursos para los aliados dóciles del gobierno estadounidense, es el móvil de las acciones, que busca también hacerse con las principales rutas de comercio de hidrocarburos en la zona, disputa que mantienen con Irán a través del estrecho de Ormuz.

La batalla arancelaria

El empeño de Trump por controlar los mercados de hidrocarburos, va mucho más allá de reactivar su producción interna y volver a competir en el mercado exportador. Bajo la lógica del mandatario estadounidense, su país no podrá crecer si no destrona a sus más cercanos competidores. Es así como las políticas arancelarias que ha impuesto EE.UU sobre sus socios o contrincantes, añaden otro factor desestabilizador a la economía mundial.

Desde mitad de año la administración Trump anunció la imposición de aranceles a cientos de productos chinos en las áreas de la comunicación, robótica, tecnologías de la información y la industria automotriz, entre otras. La reacción de China no se hizo esperar y lanzó una ofensiva arancelaria poco después. La tensión entre las potencias hizo bajar los precios del petróleo en un primer momento, ya que se redujo la demanda de crudo. Estas acciones incrementaron los temores bien fundamentados sobre el crecimiento de la economía global para este año.

China rechaza las presiones de Washington para hacer valer su hegemonía económica en el mundo

EE UU «ha lanzado la mayor guerra comercial de la historia económica hasta la fecha». Parte del comunicado del Ministerio de Comercio chino.

Trump también amenazó con fuertes sanciones a las naciones asiáticas que compren crudo iraní. Por un lado Japón anunció que no seguirá comprando petróleo a Teherán, pero China, principal comprador de crudo iraní, desestimó las amenazas de EE.UU y reiteró su voluntad de robustecer la cooperación con la nación persa. Las políticas de Washington también afectan por bloqueo económico a la producción petrolera de Venezuela y por guerra a la producción de Libia.

Antes de la creación de la OPEP, siete compañías norteamericanas y británicas conocidas como “Las Siete Hermanas”, se repartían el 85% de las reservas energéticas del mundo. Aunque el control de recursos se ha diversificado, las viudas de aquellos años hegemónicos continúan buscando torcer el destino a su favor.

RB

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