InicioLo NuevoEl Valle y El Paraíso: crónica del recordatorio del terrorismo

El Valle y El Paraíso: crónica del recordatorio del terrorismo

La noche del jueves 20 de abril ha dejado una vez más en Caracas escenas lamentables de violencia en dos zonas en particular. Lo ocurrido en El Paraíso (al suroeste caraqueño) ratifica lo de días anteriores: se convirtió en uno de los epicentros del terrorismo antigubernamental de la ciudad capital.

En La Paz, que colinda con esa zona, la cosa estuvo tranquila, después de gran parte de la mañana y la tarde en tensión: niños que se ahogaban por el humo y los gases, gente viendo cómo sortear los objetos que volaban, intentando llegar a casa, corriendo en busca de sus hijos en el colegio.

Con esa expectativa, en la mañana decidí salir de casa por cuestiones impostergables, y al ingresar en El Paraíso encontré tranquilidad. Recorrí, primero, unas diez calles hasta el banco, donde no demoré más de diez minutos.

Me encontré una avenida Páez con pleno tránsito vehicular, que era recorrida por caminantes en calma. Se veían negocios abiertos y hasta vendedores ambulantes de frutas y verduras. Las unidades de transporte público la recorrían con un fluyo regular y sus asientos se encontraban ocupados: la violencia no detuvo el trabajo.

Califican como «zona de guerra» un espacio con instalaciones militares resguardado por militares. En la gráfica, no obstante, se el transitar de carros y transeúntes en paz.

Solo unos pocos residuos en puntos de la vía recordaban lo que vecinos comentan entre dientes: en la tarde-noche es cuando comienzan los problemas, pues activan las guarimbas (actos terroristas) que, desde hace algunos días, los mantienen a la expectativa.

Incluso en las zonas de la avenida donde se han concentrado los focos violentos hubo normalidad: el centro comercial Multiplaza abrió, como de costumbre, a las 10 de la mañana, incluyendo el supermercado que está en el segundo piso. La misma cuenta Twitter de la empresa da cuenta de ello.

Justo en ese lugar hice unas compras de alimentos, y con las bolsas abordé un taxi para regresar a casa, cuando vino un segundo recordatorio. El conductor, tras mi consulta sobre los días recientes, aseguró que “este gobierno tiene que caer como sea”. Las dos últimas palabras todavía me suenan mientras escribo: hay gente convencida de que su violencia es justificada por sus fines, pero el intento de normalizar y controlar eso es “represión”.

Ya frente al edificio, tratando de abrir la puerta con la llave entre el montón de bolsas, llegó el recordatorio número tres: “¿haciendo mercado para la guerra?”, me dice un señor que va de paso. ¿Guerra? Así, a la ligera, con una risita. Se nota que no ha estado en una guerra.

***

Lo de El Valle, por su parte, ya superó los límites de lo creíble: el saldo de 11 fallecidos, confirmado durante la mañana por el Ministerio Público venezolano, recuerda que la derecha nacional e internacional está dispuesta a regar de cadáveres el país con tal de acabar con la Revolución Bolivariana, y lo más grave: han convencido a unos pocos de que esa es la forma de lograrlo.

En horas de la madrugada, 8 personas perdieron la vida intentando saquear una panadería en la calle Cajigal. El sistema eléctrico de seguridad del mismo establecimiento fue el causante, aunque en redes sociales y hasta dirigentes de la derecha los suman a lo que llaman “la cuenta de Maduro”. Pero además hay que sumar a otro funcionario de la Guardia Nacional Bolivariana caído por disparo en la cabeza.

También un grupo intentó violentar el hospital materno “Hugo Chávez”, en una de las más grandes contradicciones de estos días: luchan por el futuro, poniendo en riesgo la vida de decenas de bebés y madres en un centro asistencial

El mismo, por orden del presidente de la República, Nicolás Maduro, fue evacuado en resguardo de los allí presentes, entre ellos 54 bebés, confirmó el ministro de Comunicación, Ernesto Villegas.

En paralelo, en las cercanías, desde el urbanismo de la Misión Vivienda ubicado en Fuerte Tiuna, habitantes salieron, autoconvocados, y en un accionar colectivo de patriotismo entonaron el himno nacional. Más que una respuesta, fue un mensaje de que el país quiere la paz. Y no fue que El Valle se alzó. Porque los que dejan los destrozos son «grupos muy reducidos, pero muy violentos», en palabras del ministro de Transporte y Obras Públicas, Ricardo Molina.

https://twitter.com/Jhonathansanche/status/855289624310169600

Ya en la mañana, la respuesta de la dirigencia revolucionaria, mientras la derecha alardeaba y pregonaba la muerte por cuanta red social se encontraba, fue muy sencilla: hacer acto de presencia, acompañar, escuchar a la gente, limpiar el desastre dejado por la violencia ciega.

Por la zona estuvieron por ejemplo el alcalde de Caracas, Jorge Rodríguez; y el primer vicepresidente del Partido Socialista Unido de Venezuela, Diosdado Cabello. Hubo despliegue de los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (Clap), encabezado por el ministro de Alimentación, Rodolfo Marco Torres; y hasta llegó la Misión Árbol.

https://twitter.com/prensacapital/status/855422632623300608

Ese fue el recordatorio final: contra el intento de instalar la violencia como forma de hacer política, la mejor respuesta es seguir construyendo. Lo entendieron en El Valle, donde al encuentro de la dirigencia salió la gente y debatió en asamblea con ellos, cara a cara, buscando soluciones.

JI

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