#VTreportaje Deutsche Welle: un canal de-mente

“Made for mind”, algo así como “hecho para mentes”, es el extraño eslogan que exhibe la plataforma televisiva internacional de origen alemán, Deutsche Welle, que traduce, por su parte, “ola alemana”.

Hasta ahí todo bien. Preparabas un café, te sentabas frente a la pantalla y encendías para ver la programación (tiempo pasado, porque era parte de la oferta de la extinta DirecTV), y enseguida, si te quitabas el velo de la conformidad, tenías derecho a preguntarte: ¿cuáles mentes? ¿por qué una marejada alemana?

Si tu mente era “esa mente”, te inquietaban las evidencias: qué bonito todo, qué estético, cuánta asepsia, «oye, qué interesante» -exclamabas-, y hasta empezabas a sentir empatía axiomática por el discurso de las vanguardias críticas de su parrilla: feminismo, inclusión de géneros, luchas campesinas, afrodescendencia, obreraje.

Hecho para mentes, pero ¿cuáles mentes?

Terminabas pronunciando: “hasta huele a Chávez” y te empinabas la taza.

Upa: “a esa muchacha la conozco, ¿ella no era la de RCTV?” “Miraaaaa, ¿ese no era el de los deportes en Venevisión?” Discurrías en el tercer sorbo del guayoyo.

En el cuarto y último trago, te atragantabas: lo único que faltaba era que se corriera el telón y apareciera la frase “Maduro, coñ… dre”.

Básicamente, como operan las corporaciones de la comunicación del mundo, se repetían todas y cada una de las consignas que a lo largo de la historia (particularmente los últimos 20 años) se han tejido en torno al comunismo y su alto poder de perversión: que si los rojos comen niños, que si Chávez le iba a expropiar hasta el alma a la burguesía, que si Maduro nos tiene confinados para exterminarnos lenta y dolorosamente con la Coronavirus.

Entonces “tu mente”, indefectiblemente, se atormentaba: «algo raro está pasando». Se atormenta aún, porque los enlatados de la DW se retransmiten por algunos canales de nuestra oferta abierta de televisión, como Vale TV.

Empezabas a diseccionar a los voceros: José María de Viana (adalid de las privatizaciones de los servicios públicos en los años noventa según las fórmulas del FMI) para hablar del agua; Human Rights Watch para pedir ayuda a los organismos internacionales a fin de proteger a los venezolanos de la Covid-19; Guaidó para organizar la transición hacia un gobierno democrático; Trump para hablar de una invasión como la solución final de Venezuela.

Entonces, tu mente ahí, hecha para pensar, preguntándose: si así es con nosotros, ¿cómo será con lo demás?

De rompecorazones a ancla

Silvia Cabrera era una muchachita bien bonita y tranquila en los días en que atravesaba como una gacela graciosa los pasillos de la escuela de Comunicación Social de la Universidad Central de Venezuela (UCV). 

Su impronta, por aquel entonces, se paseó por varios corazones rotos (incluyendo el mío) y la certeza de que algún día engalanaría con su bella estampa de reportera, algún noticiero de televisión. Y así fue, por muchos años en Venevisión, donde cubrió la fuente presidencial, además de voz ancla del noticiero de Unión Radio.

Ella, como una generación de brillantes profesionales de la comunicación, se formó entre las décadas de los 90 y 2000 en las principales universidades venezolanas, durante la transición de la Cuarta a la Quinta República que, como sabemos, no dejó ileso a nadie.

Isnardo Bravo, Boris Muñoz (hijo del poeta y activista político Rafael José Muñoz), Noé Pernía, Andreína Mujica (hija del profesor y dirigente comunista Héctor Mujica), David Pérez Hansen, Luis Alfonso Fernández, por nombrar a algunos de los que han mediado la comunicación desde entonces y a la venezolana, pasaron irremediablemente a formar parte de una caterva de alto octanaje que se ofendió mucho con la “ordinariez” retórica del socialismo del siglo XXI. Algunos de ellos, se fueron demasiado.

Para 2018, según la Oficina Federal de Migración y Refugiados de Alemania (BAMF), vivían en ese país europeo 6.131 venezolanos, colocando al nuestro como el país americano con más solicitudes de asilo allá, tres veces más que Colombia y Cuba.

Silvia, doctora en Ciencias Políticas por la Universidad de Rostock, Alemania, gracias a una beca de la Fundación Gran Mariscal de Ayacucho (Fundayacucho), es desde hace más de una década presentadora de @dw_espanol y copresentadora del espacio “A Fondo”, en el cual lo que más se ambiciona es apalear a Venezuela, al Gobierno de Nicolás Maduro y a todo lo que suene a socialismo.

No es casual ni gratuito, advierte la periodista y profesora universitaria Cristina González, quien sabe mucho de este y otros temas, entre otras circunstancias, por ser acuciosa investigadora.

Se trata de un grupo que además integran la argentina Pía Castro y la chilena Jenny Pérez-Schmidt, cuyo ejercicio de “formación y actualización” se cimenta en la búsqueda alemana de perdón frente al holocausto judío, lo que la mantiene prácticamente arrodillada ante el sionismo internacional que, como sabemos, actúa con virulencia sobre Venezuela, más aún desde que el presidente Chávez maldijo al Estado de Israel durante una transmisión en vivo por televisión en 2010.

Puede ser, incluso, una extensión de RCTV en suelo teutón, porque al final todas las viudas y viudos del fin de la concesión regaron su rabia al gobierno chavista por el mundo, como expresión de una clase media resentida, capaz de llevar su sed de venganza a los extremos.

Hace 13 años se dejó de renovar la concesión a RCTV. Las consecuencias de la medida siguen hoy con las campañas orquestadas por sus viudas y viudos en todo el mundo

Como un capítulo notable de esta trama, acaba de hacerse acreedor del Premio a la Libertad de Expresión de la Deutsche Welle 2020, el joven periodista venezolano Darvinson Rojas, quien fue detenido recientemente por tergiversar información en torno a los datos de contagios por Covid-19.

Su argumento, frente a lo que considera un atropello contra la libertad de expresión, fue que en vista de que un día de marzo el Gobierno no dio cifras oficiales, “lo que hice fue buscar la información que habían dado conocer alcaldes y gobernadores y sumarle esos casos a la cifra que se tenía del día anterior”.

Formados en escuelas ideológicas

Cristina resalta la singularidad más destacable de la DW: todo lo presentan con un extremo cuidado de la imagen, pero, sobre todo, de la palabra. Es un esfuerzo concienzudo, fino, estudiado, tanto que “hasta a veces te parece que te hablan desde los dos lados, utilizando la sutileza como un arma bien perversa”.

Es una característica, nos advierte, del británico Instituto Tavistock o del norteamericano IMT (Instituto Tecnología de Massachusetts), donde se originan las estrategias de control social a través de la sicología de grupo, que luego se introyectan en periodistas becados para formarlos en sus aulas siniestras, práctica que ha logrado penetrar la formación académica de países de la periferia como América Latina.

Se caracterizan, nos explica Cristina, estas y estos “profesionales”, por expresiones de desprecio, burla e incredulidad, hasta alcanzar la alquimia correcta para seducir a todos los públicos con sus matices de odio. “Ellas están muy bien manejadas a su vez -las muchachas de DW-, robotizadas, hasta convertir al medio en algo aparentemente excelente”.

“Empieza pareciendo atractivo, con pensamiento variado, pero termina siendo pensamiento único. Ojo, vuélvelo a ver y a oír, cuando un programa te parezca de izquierda: nooooo, para nada. Si lo vuelves a revisar encuentras la trampa, a través del arma de la sutileza”, precisa la profesora.

Premio Nacional de Periodismo 2018 por su trayectoria profesional y exdirectora de la Radio del Sur, Cristina González se detiene a repasar la influencia de la Fundación Konrad Adenauer, creada por la Unión Demócrata Cristiana de Alemania para fomentar a nivel mundial los ideales demócrata cristianos y socialcristianos y que también ha tenido que ver con la alineación ideológica de muchos profesionales de Latinoamérica, incluyendo a los recordados docentes de la UCV Adolfo Herrera y Gloria Cuenca, formadores de varias generaciones de periodistas.

“Alemania viene desde hace tiempo cooptando cerebros latinoamericanos” remata la profesora.

Todo esto que estamos viviendo hoy, desde el Coronavirus para abajo, no tiene otra intención que instalar el pensamiento único en la educación mundial. Así de sencillo” nos deja como cierre inquietante.

En aras de comprobar algunos datos in situ, le pregunto a mi amigo Nirse González, uno de los más importantes guitarristas académicos del mundo, residenciado desde hace 12 años en Düsseldorf​ (al sur de Berlín), si es asiduo de DW: “¿qué vaina es esa?” fue su venezolanísima respuesta.

 

Marlon Zambrano/VTactual.com

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