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El racismo de los venezolanos se hace presente en el Reino de España

Lo que se pretendía presentar como una jornada de «reencuentro y libertad» en el corazón de Madrid terminó empañado por expresiones de odio que han encendido las alarmas diplomáticas y sociales. El pasado sábado, la Puerta del Sol no solo fue el escenario de una concentración política, sino también el epicentro de un preocupante episodio de discriminación que ha dejado una huella amarga en la opinión pública española y venezolana.

Fuera la mona

La Puerta del Sol hervía. Miles de personas se congregaron para recibir a la líder opositora María Corina Machado, quien visitaba la capital española como parte de su gira europea para recabar apoyos internacionales. Entre banderas tricolores y consignas contra el gobierno de Caracas, la atmósfera se cargaba de una emotividad que, por momentos, cruzó la línea del civismo.

El punto de inflexión ocurrió durante la intervención musical del cantante Carlos Baute. El artista, encargado de animar a la masa antes de la aparición estelar de Machado en el balcón de la Real Casa de Correos, tomó el micrófono y, en medio de la euforia, alentó a los asistentes con un grito que resonó con fuerza en toda la plaza: «¡Fuera la mona!».

La expresión, dirigida de forma inequívoca hacia la vicepresidenta de Venezuela, Delcy Rodríguez, fue coreada por buena parte de la multitud. Lo que en un principio parecía un acto de protesta política se transformó rápidamente en una manifestación de racismo explícito y deshumanización. El uso de este tipo de epítetos, cargados de una simbología colonialista y degradante, empañó el evento, evidenciando una faceta del conflicto venezolano que se traslada a suelo español bajo formas de odio que España, por su propia historia, intenta erradicar.

Mientras Machado recibía la Medalla de Oro de la Comunidad de Madrid de manos de Isabel Díaz Ayuso y se reunía con figuras como Alberto Núñez Feijóo y Santiago Abascal, en las calles se respiraba un aire de exclusión que contrastaba con el discurso de «sanación» que la propia líder intentó proyectar posteriormente.

¿Quién financió el despliegue en Sol?

Más allá de los cánticos, el evento ha despertado suspicacias por su magnitud y logística. La ocupación de la Puerta del Sol, la instalación de un escenario de alta fidelidad, sistemas de sonido profesionales y la participación de figuras del espectáculo de la talla de Baute, no son elementos que se consigan de forma fortuita o puramente espontánea.

Surgen preguntas legítimas sobre el origen de los fondos para costear un acto de tal envergadura en uno de los puntos más caros y concurridos de Europa. ¿Qué grupos de interés o instituciones están detrás del músculo financiero que permite a Machado proyectar esta imagen de poder en el Reino de España? En un contexto donde la transparencia es una exigencia democrática, el silencio sobre la financiación de este despliegue operativo deja un espacio abierto a la especulación sobre los compromisos políticos que estos eventos conllevan.


La Embajada de Venezuela pide disculpas por los cánticos racistas en el acto de Corina Machado en Madrid

La respuesta oficial no se hizo esperar. La Embajada de Venezuela en Madrid, liderada por la embajadora Gladys Gutiérrez, emitió un comunicado contundente para condenar lo ocurrido y pedir disculpas al pueblo español.

«Esta Embajada expresa sus más sinceras disculpas al pueblo de España, que conoce en su propia historia el horror del fascismo y de los crímenes de odio», reza el texto oficial.

La legación diplomática calificó las palabras de Carlos Baute y los coros de los asistentes como un «discurso de odio» y una «forma de violencia política basada en la misoginia y el racismo». En el comunicado, se enfatizó que llamar «mona» a una mujer constituye un acto de deshumanización que viola los principios del derecho internacional de los derechos humanos.

Asimismo, recordaron que Venezuela es una nación «profundamente mestiza», y que cualquier intento de estigmatizar a una persona por su apariencia o raíces es una agresión a la esencia misma de la identidad venezolana.

Incluso la propia María Corina Machado se vio obligada a desmarcarse de los hechos en una entrevista posterior, asegurando que rechaza cualquier descalificación por motivos de raza o género. Sin embargo, el daño ya estaba hecho: la imagen de una diáspora unida por la libertad quedó fracturada por el uso de un lenguaje que el Gobierno venezolano, a través de figuras como Diosdado Cabello, ha calificado de «campaña de odio terrible» que debe cesar de inmediato.

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