La guerra económica en Venezuela ha puesto en jaque los patrones de consumo a los que acostumbró el rentismo petrolero y sin los cuales muchos se sienten desnudos, especialmente en las fechas decembrinas.
Es bien conocido por los venezolanos que diciembre es sinónimo de fiesta, estrenos, compra de regalos, juguetes. Es decir, un solo verbo: comprar. La cultura capitalista importada por los medios masivos de comunicación y todos los relatos que estos pueden reproducir, han impuesto la idea de que el único valor que tiene la navidad es el de la adquisición de bienes.
El cobro del popularmente llamado «aguinaldo» y que se corresponde a un derecho laboral adquirido que consiste en el pago de un bono de varios meses de trabajo en diciembre, siempre ha hecho de estas fechas las de mayor liquides monetaria en el año. Es por ello que desde la segunda semana de noviembre ya comienzan a verse abarrotados los centros comerciales del país.
El escenario para este 2017 es peculiar. Se trata del año en el que la guerra económica recrudeció a tal punto que el dólar especulativo fijado por la página Dólar Today está cumpliendo su amenaza de llegar a los 100 mil bolívares por dólar, lo cual coloca los índices inflacionarios en niveles escandalizantes. La falta de efectivo y el alza indetenible de los precios, especialmente de alimentos parecieran pintar una noche no tan buena.
El gobierno del presidente Nicolás Maduro se apresuró a hacer un aumento de salario mínimo en noviembre para llevarlo de de 136.543 a 177.507 bolívares. Además de anunciar un bono navideño de 500 mil bolívares extra para cuatro millones de venezolanos. Estas acciones parecieron enfurecer al enemigo, cuyos mecanismos dirigen rápidamente a la economía venezolana hacia una estanflación.
No cabe duda de que las uvas de los deseos no llegarán a las mesas de todos los venezolanos, pues el precio del kilo supera el salario de un mes completo. Sin embargo, el tradicional pernil navideño ha sido garantizado por entes del Estado a través de los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (Clap).
Y para los gastos que no están vinculados directamente con las tradiciones culinarias, han surgido un sinfín de alternativas. Las tradicionales ferias navideñas han abierto sus puertas este año ofreciendo desde juguetes hechos de madera y muñecas de trapo, hasta accesorios elaborados artesanalmente. En Instagram también se pueden conseguir cuentas que venden ropa nuevo o con poco uso a precios muy por debajo de los regulares. Así que se han generado diversas opciones de consumo alternativo y cooperativo para paliar la nostalgia consumista que algunos puedan tener.
KPO
Quien no consume no disfruta: el capitalismo nos dice que gastar es vivir

