Venezuela ya había sido víctima de ataques tecnológicos anteriormente

Venezuela ya había sido víctima de ataques tecnológicos anteriormente

Este viernes 2 de diciembre, desde tempranas horas, en distintas partes del territorio nacional se denunciaba un caos generalizado: cajeros automáticos sin efectivo y puntos de venta caídos, además de largas colas en comercios y bancos.

En horas de la tarde, la situación fue denunciada por el presidente Nicolás Maduro como un ataque cibernético, dirigido a agudizar una matriz que ya se había venido posicionando: la de un colapso del sistema bancario en el país.

Entre los voceros de esa tesis destaca el diputado a la Asamblea Nacional por la Mesa de la Unidad Democrática, y miembro de la Comisión de Finanzas y Desarrollo Económico del ente legislativo, José Guerra. Este salió al paso de la denuncia efectuada por el Primer Mandatario nacional, al asegurar que la situación se debió a la “falta de efectivo en las calles”.

No es la primera vez que Venezuela sufre un ataque como este. En el año 2002, y como antesala al paro petrolero, se inició una fuerte campaña ante derrames ocurridos en el estado Zulia. La misma fue liderada por el gobernador de la entidad para ese momento y futuro candidato opositor a la Presidencia de la República, Manuel Rosales.

Entre las acciones de aquel sabotaje, además de la paralización de equipo humano, jugó un papel crucial la empresa Intesa (Informática Negocios y Tecnología, S.A.), que para entonces tenía el control total de la infraestructura tecnológica, el corazón informático de la estatal petrolera.

Producción en pozos, distribución, plantas, sistemas de pago, nómina y demás actividades financieras fueron intervenidas por Intesa en aquel momento, impidiendo el correcto funcionamiento de la plataforma y garantizando así el éxito del llamado “paro”.

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Igualmente, ataques de carácter más mediático han ocurrido en los últimos años. En 2013, por ejemplo, un grupo con origen en Australia hackeó la cuenta de Twitter del presidente Nicolás Maduro. Esto ha ocurrido con muchas otras cuentas de personalidades y dirigentes del equipo de Gobierno, así como de instituciones del Estado.

Esta estrategia ha venido siendo utilizada en la historia más reciente, y está entre las privilegiadas de la guerra no convencional. Sus objetivos van desde posicionar matrices de opinión ante informaciones falsas hasta el sabotaje financiero, pasando por la paralización de industrias y hasta el bloqueo de las comunicaciones.

Como parte de las acciones para derrocar a Muamar el Gadafi en Libia, la Armada norteamericana efectuó un ataque a sistemas aéreos de defensa y a las comunicaciones del Ejército libio. El entonces comandante de Operaciones Navales de ese cuerpo estadounidense, Gary Roughead, celebró el éxito del ataque.

En el mismo país, el posicionamiento de falsas informaciones sobre una supuesta revuelta en la capital y de violaciones de Derechos Humanos por parte del Estado libio, facilitó el desenvolvimiento del ataque que finalizó con la captura y muerte de Gadafi, en octubre de 2011. Hasta la fecha, el país no ha logrado recuperarse de los efectos de la invasión norteamericana.

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JI

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