Reconstrucción del clítoris: Desagravio al ritual que perpetúa la desigualdad de género

Según el antiguo texto hindú que trata sobre el comportamiento sexual humano, llamado Kama-sutra, el placer sexual es una necesidad fundamental en la vida de las personas y el clítoris juega un papel esencial en el placer de las mujeres, de manera que sin ese pequeño órgano carnoso y eréctil situado en la parte más alta de la vulva, las mujeres están incompletas y limitadas, condenadas a no sentir placer.

«Incompletas», es un termino que utilizan en las sociedades que menosprecian a las mujeres, y por ende a su derecho a recibir placer, el termino real es mutilación.

Anualmente en el mundo hay más de 140 mil millones de niñas que sufren la mutilación genital y que tras convertirse en mujeres, el 80% de esas mujeres se realizan una reconstrucción del clítoris.

Esa mutilación, también llamada ablación del clítoris, es un proceso que se realiza por motivos culturales y religiosos, no tiene nada que ver con la salud. No ocurre en todos los países y tampoco es un tema común en el mundo, tampoco se comenta a puertas abiertas.

¿De qué se trata?

La reconstrucción del clítoris es una intervención quirúrgica que dura 45 minutos y que reconstruye anatómicamente ese órgano para recuperar su aspecto y capacidad sensitiva, al menos en un 75%, pues nunca queda 100% operativo.

La mayoría de las mujeres que se lo reconstruyen son migrantes que huyen del país en donde las prácticas religiosas exigen este procedimiento desde el momento de su nacimiento.

La Organización de las Naciones Unidas (ONU), publicó en 2018 una lista de los países que aplican este flagelo, entre los que se encuentran, Egipto, Etiopía, Guinea, Indonesia, Irak, Yemen, Tanzania, Camerún, Kenia, Costa de Marfil, y Uganda. También se practica, en países europeos y americanos, como España, a pesar de estar prohibido y en Colombia, en donde la practíca la comunidad aborigen Emberá.

¿Ya para qué?

El proceso de reconstrucción es sencillo y en países como España y Francia lo hacen de forma gratuita, desde hace 10 años aproximadamente, como una forma de reconocimiento social para las afectadas. Sin embargo los daños que deja esta práctica en las mujeres es irremediable.

Especialistas europeos aseguran que estas mutilaciones genitales tienen efectos negativos en la calidad de las relaciones afectivas y sexuales de las mujeres, ya que les puede generar hemorragias graves, problemas urinarios, quistes, infecciones, infertilidad, complicaciones en el parto y afectación de la autoestima.

Según la ONU, para el 2030 se habrá eliminado esta práctica en el mundo, sin embargo, un estudio realizado por el hospital Clinc Residen de Cataluña en 2019 arrojó que la falta de información en el mundo y de campañas de prevención ha hecho que varias mujeres no recurran a una reconstrucción de clítoris por temor o desinformación.

Lo cierto es que una operación quirúrgica no cambia el proceso social que deja en desventaja a las mujeres, y que obliga a perpetuar la desigualdad de género. La recuperación de la operación dura dos meses, causa dolor constante en la mujer y se agrava al hacer sus necesidades fisiológicas, la limita de tener relaciones sexuales durante 8 meses, además de esto el proceso comienza y termina con apoyo psicológico, debido a las consecuencias traumáticas de la práctica y la operación como una «solución».

Narkys Blanco/VTactual.com

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