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Periodismo, oficio de muerte

En el 2012, se contabilizaban a 3 reporteros asesinados en Brasil, Ecuador y Honduras, más 2 desaparecidos en México durante julio de ese año. Al final de ese año un total de 32 periodistas y trabajadores de prensa fueron asesinados y 4 se encuentran desaparecidos en 7 países de América Latina y el Caribe. Estos datos fueron suministrados por la Comisión Investigadora de Atentados a Periodistas (Ciap) de la Federación Latinoamericana de Periodistas (Felap).

Países como Irak y Filipinas tienen el mayor número de periodistas asesinados. Desde 1992, cuando el Comité para la Protección de los Periodistas comenzó a registrar los datos, no se habían resuelto los asesinatos sucedidos en Filipinas, Siria o la India para el 2012.

En un video de 2010 sobre su experiencia en Haití, el también asesinado fotoperiodista de la National Public Radio, David Gilkey, describió la importancia de realizar trabajos periodísticos en lugares peligrosos. “No es solo informar. No solo se trata de tomar fotografías”, dijo. “Es hacer representaciones visuales y cubrir historias que cambien la mente de quienes pueden tomar decisiones”.

Ya para el año 2016 se desarrolló una investigación por este mismo comité, donde se reveló que al menos 1195 reporteros habían muerto en labores de trabajo desde 1992. No conforme con tan lamentable cifra, alrededor de 787 periodistas fueron asesinados y solo el 13% de los casos se han investigado.

En 2017 la cuenta fue ascendiendo y llegaron a registrarse 42 trabajadores de prensa asesinados en nueve países de América Latina, incluyendo la ejecución de un joven youtuber en México de apenas 17 años, en este país llegó a 26 asesinatos, el 62% de toda la investigación.

Cerca de un 40 por ciento de los asesinados fueron amenazados. Los fallecimientos de trabajadores de los medios, incluyen también a traductores, conductores y guardias

 

Al menos 32 periodistas han muerto asesinados en lo que va de este año 2018, un promedio de dos a la semana, entre ellos diez fallecidos el 30 de abril en la capital afgana, Kabul. Ha sido considerada la época más mortífera para esta profesión, desde que Estados Unidos invadió Afganistán en el 2001.

Estudios reflejan que la impunidad supera el 90% en el caso de los delitos contra la prensa.

«La libertad de prensa tiene que ver con que los periodistas puedan trabajar sin miedo. Tiene que ver con el derecho de la ciudadanía a ser informada por medios independientes y libres», declaró recientemente el presidente de la Federación Internacional de los Periodistas, Philippe Leruth.

En América Latina, el caso de México es el más grave de todos, al igual que Honduras. Donde no sólo se suscitaron los lamentables hechos, sino que además hubo centenares de denuncias fundadas de intentos fallidos de asesinato, golpizas, espionaje telefónico por parte del gobierno de México a los periodistas.

Las torturas psicológicas, amenazas de muerte, aunadas a la contratación de sicarios pagados por la corrupción de la clase política financiada por el narcotráfico, va haciendo la «limpieza» de aquellos periodistas de libre pensamiento, críticos, que se aferran, hasta el último respiro a sus principios éticos y dejan el legado solidario de lucha contra la impunidad y el silencio.

VTB

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