#VTanálisis Trabajadoras sexuales: las “grandes olvidadas” de la pandemia

“Si quieres jugar con fuego, ahora tienes el chance. Vengo de calle adentro, donde se entierran los sueños con luz de neón y metal” Yordano di Marzo

Noche de luna llena, la hora es la del puñal…

“P” enciende otro cigarrillo mientras se recuesta en el oscuro zaguán que, oportunamente, la oculta en el caso de que pase alguna patrulla de policía. Mientras observa el humo que despide su “compañero de tedio” recuerda aquella lejana tarde en que hizo su maleta con la ilusión de una mejor vida. Tenía 16 años y una señora había convencido a su madre de que la dejara ir a la capital para trabajar en una “casa de familia”, donde la pondrían a estudiar y la cuidarían “como a una hija”.

Hace una mueca. La “casa de familia” resultó ser un prostíbulo de carretera. Le quitaron sus documentos de identidad y la encerraron. Si no se acostaba con los clientes no le daban comida. Además, debía pagar los gastos del viaje y de su manutención. Cuando cancelara la deuda sería libre de irse.

Se pregunta cuántos años estuvo allí ¿10? ¿12? A fin de cuentas, ya era “demasiado vieja” para el gusto de los clientes del lugar. Salió y – como no sabía hacer otra cosa – se puso a ejercer el oficio de forma independiente “aunque a veces es bueno tener un chulo que te proteja”, piensa, mientras arroja la colilla al suelo y la pisa para apagarla.

Ve las luces de un automóvil. A lo mejor tiene suerte y es un cliente. Su trabajo no ha estado fácil con la cuarentena y tiene una renta que pagar, dos hijos que mantener y su madre necesita que le compre las pastillas para la tensión.

Las cartas sobre la mesa, le toca hablar “al billete”…

Ni el coronavirus ni el confinamiento han frenado el negocio de la prostitución a escala global. Mujeres y mujeres trans, se ven empujadas a seguir ejerciendo esta actividad arriesgándose al contagio y a la propagación del Covid-19, al hacer caso omiso de la cuarentena.

Según datos del Parlamento Europeo, 40 millones de personas en el mundo ejercen la prostitución. En Europa Occidental se calcula que son entre uno y dos millones. El 80 % de ellas son mujeres y niñas, en su mayoría de entre 13 y 25 años.

La Fundación Scelles – observatorio internacional de lucha contra la prostitución – explicó que se trata de un negocio mundial asociado al crimen organizado que genera unos beneficios mundiales de 110.678 millones de dólares anuales. Desde este organismo advierten:

«Además de exponerse diariamente a abusos sexuales, con considerables riesgos psicológicos y físicos, y a menudo con consecuencias irreversibles, las personas prostituidas ahora están expuestas a un virus potencialmente mortal»

La calle se abre a los pasos, que aunque quieran no pueden parar…

La Asociación para la Prevención, Reinserción y Atención a la Mujer Prostituida (APRAMP), con sede en España, asegura que las víctimas de trata son mujeres y niñas que habitualmente no tienen ninguna manera de comunicarse con las autoridades, son víctimas de violencia de todo tipo por parte de los proxenetas y que el confinamiento solo agrava esta situación.

Las trabajadoras sexuales necesitan alojamiento, comida, productos de higiene y material de prevención ante el Covid-19.

Además, como la mayoría de los lugares en los que son explotadas han cerrado, se ven obligadas a seguir prostituyéndose en las calles y así poder hacer frente al pago de las habitaciones de los clubes, prostíbulos y apartamentos donde están confinadas y, en mucho casos, a las necesidades de sus hijos pequeños.

Mis manos saben lo que hacen, mi lengua no tiene rival…

El confinamiento ha disparado la práctica de la prostitución digital. “Vanessa” una trabajadora sexual que hace vida en Caracas, explicó para un medio venezolano que vendiendo fotos y videollamadas también puede obtener ganancias durante la cuarentena.

«Sí, la cuarentena ha reducido mis ingresos. Ahorita solo gano plata con videollamadas y packs. He pensado en otras alternativas para continuar, aunque se hace difícil porque ahorita está prohibido salir»

Vanessa asegura que esta modalidad, adoptada por muchas prostitutas, les da la seguridad de poder mantener un sustento relativamente estable: “Las que no lo han hecho están considerándolo”.

No obstante, la Fundación Scelles alerta que: «Son imágenes en pantallas, pero no son fantasías: las mujeres son realmente explotadas para producir esas imágenes por una industria que obtiene un gran beneficio económico de ellas».

RedTraSex: “No estamos solas, nos tenemos a nosotras”

La Red de Mujeres Trabajadoras Sexuales de Latinoamérica y El Caribe (RedTraSex) es una organización nacida en 1997. Está integrada por organizaciones de mujeres trabajadoras sexuales y/o ex trabajadoras sexuales y está compuesta por organizaciones de 14 países: Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Perú, República Dominicana y México.

RedTraSex tiene por objeto la defensa, promoción, reconocimiento y respeto de los derechos humanos de las mujeres trabajadoras sexuales. No aceptan la afiliación de menores de edad ni de personas que ejerzan el trabajo sexual de manera forzada.

En medio de la emergencia sanitaria por el Covid-19 se unieron con ONUSIDA en un llamado a los gobiernos de América Latina y el Caribe para que tomen medidas críticas e inmediatas, basadas en principios de Derechos Humanos, para proteger la vida y la salud de todas las Trabajadoras Sexuales durante la pandemia. Solicitan, entre otras demandas:

  • Acceso a esquemas nacionales de protección social para trabajadores sexuales, incluidos esquemas de apoyo a los ingresos.
  • Un enlace entre los servicios de salud y las autoridades de inmigración para garantizar que las trabajadoras sexuales migrantes puedan acceder a los servicios de salud.
  • Apoyo financiero de emergencia para las trabajadoras sexuales que enfrentan la indigencia
  • El fin inmediato de los desalojos y el acceso a viviendas de emergencia apropiadas para trabajadoras sexuales sin hogar.
  • Detener las redadas en los hogares de las trabajadoras sexuales y los locales de trabajo sexual y garantizar que todas las medidas para proteger la salud pública sean proporcionadas.

Asimismo destacan que ante la ausencia de los Estados en la atención a las trabajadoras sexuales, las Organizaciones Nacionales de Trabajadoras Sexuales en Chile, Colombia, Paraguay, Argentina y México se han organizado – tejiendo redes entre ellas, organizaciones, aliados y vecinos – en el acopio de donaciones de alimentos y de útiles de aseo e higiene, para luego distribuirlos entre las compañeras que más los necesitan.

“A pesar del difícil contexto que como humanidad estamos atravesando, nos sentimos profundamente orgullosas de nuestras compañeras, que a lo largo del mundo y de Latinoamérica se están movilizando. Ese es el espíritu de nuestro movimiento y de nuestra lucha, y el que dio nacimiento hace 22 años a esta Red: un movimiento de Trabajadoras Sexuales, para Trabajadoras Sexuales”

Enza García Margarit/VTactual.com

El inquilino de la Casa Blanca prioriza la economía antes que al Covid-19

Artículos relacionados