Se ha tomado como tarea personal acabar con cada foco de conciencia social que se ha presentado en América Latina, se ha involucrado hasta perder por ello la libertad en los proyectos de los gobiernos a los que responde.
En la actualidad, tras su designación como emisario “para restablecer la democracia en Venezuela”, busca concretar sus planes para Venezuela, aquellos que no pudo concretar para su amo George W. Bush en 2002 cuando pretendieron derrocar al presidente Hugo Chávez.

Se trata de Elliot Abrams, político y diplomático estadounidense, recordado por su responsabilidad en el asesinato de miles de civiles en Nicaragua, Honduras, Guatemala y El Salvador durante la administración de Ronald Reagan.
Para ejecutar sus crímenes de lesa humanidad en contra del sandinismo en Nicaragua, estableció junto con la DEA y la CIA una red para traficar la droga hacia Estados Unidos.

En El Salvador, en la localidad de El Mozote, un batallón del Ejército que había sido entrenado por militares norteamericanos que se encontraban bajo las órdenes de Abrams, asesinó a 800 civiles en diciembre de 1981.
El único caso por el que fue condenado, el de la venta de armas a Irán para financiar al escuadrón de los Contras en Nicaragua, le valió una modesta condena que luego fue suspendida por George Bush padre.
Es más que evidente que con este prontuario, la designación de Abrams como enviado especial para el caso Venezuela tiene un único fin: intensificar su guerra contra el país y concretar la salida del presidente Nicolás Maduro.
ARG

