El enfermero de Maradona dice a los fiscales que cumplía órdenes

Un enfermero acusado de negligencia en la muerte de Diego Maradona dijo el lunes a los fiscales argentinos que seguía órdenes de “no molestar” al icono del fútbol mientras dormía.

Ricardo Almirón, de 37 años, era el cuidador nocturno de Maradona y fue una de las últimas personas que vio con vida al capitán campeón del mundo.

Se sospecha que mintió al afirmar que Maradona dormía y respiraba con normalidad horas antes de morir. La autopsia reveló que se estaba muriendo en ese momento.

Almirón es una de las siete personas investigadas por homicidio involuntario, después de que la junta de expertos que investiga la muerte de Maradona determinara que este no recibió los cuidados adecuados y fue abandonado a su suerte durante un “periodo prolongado y agonizante”.

La leyenda del fútbol murió de un ataque al corazón el pasado noviembre a los 60 años, apenas unas semanas después de ser operado del cerebro por un coágulo de sangre.

Almirón llegó pasado el mediodía con su abogado Franco Chiarelli a la fiscalía de San Isidro, en las afueras de la capital bonaerense.

En declaraciones a los periodistas después de la entrevista, Chiarelli dijo que Almirón “siempre trató a Maradona como un paciente con una condición psiquiátrica compleja”, pero que nunca se le habló de “una cuestión relacionada con una enfermedad del corazón.”

“Sus superiores le dijeron que no molestara al paciente. Mi cliente tuvo la sabiduría de llevar a cabo sus tareas sin que el paciente se sintiera invadido, algo con lo que tuvo que lidiar todo el tiempo que estuvo allí”, añadió Chiarelli.

Detrás de los rumores

La investigación se abrió a raíz de una denuncia presentada por dos de los cinco hijos de Maradona contra el neurocirujano Leopoldo Luque, al que culpan del deterioro del estado de su padre tras la operación.

Un panel de 20 expertos médicos convocados por la fiscalía argentina dijo el mes pasado que el tratamiento de Maradona estuvo plagado de “deficiencias e irregularidades” y que el equipo médico había dejado su supervivencia “a la suerte”.

El grupo concluyó que “habría tenido más posibilidades de sobrevivir” con un tratamiento adecuado en un centro médico apropiado.

En lugar de ello, murió en su cama en una casa alquilada en un exclusivo barrio de Buenos Aires, donde recibía atención domiciliaria.

Hice lo que pude

Los otros investigados son la psiquiatra de Maradona, Agustina Cosachov, de 35 años, el psicólogo Carlos Díaz, de 29, la enfermera Dahiana Madrid, de 36, el coordinador de enfermería Mariano Perroni, de 40, y la coordinadora médica Nancy Forlini, de 52.

Durante las próximas dos semanas, comparecerán uno por uno ante los fiscales, acompañados por los abogados defensores, para responder a las acusaciones que se les imputan.

Las audiencias, aplazadas desde el mes pasado debido al aumento de los casos de coronavirus en Argentina, terminarán con Luque, de 39 años, el 28 de junio.

Un juez decidirá entonces si el asunto debe ir a juicio en un proceso que se espera que dure meses, incluso años.

Los siete acusados tienen prohibido salir del país, y se arriesgan a pasar entre 8 y 25 años en prisión si son condenados.

Luque ha defendido en repetidas ocasiones su actuación, afirmando que “hice lo que pude. Le ofrecí a Diego todo lo que pude: algunas cosas las aceptó, otras no”.

El médico pide el sobreseimiento del caso y dice que Maradona estuvo deprimido en sus últimos días.

“Sé que la cuarentena (del coronavirus) le afectó mucho”, ha dicho Luque.

Maradona había luchado durante su vida contra la adicción a la cocaína y al alcohol.

El ex jugador de Boca Juniors, Barcelona y Nápoles padecía trastornos hepáticos, renales y cardiovasculares cuando falleció.

Maradona es un ídolo para millones de argentinos, después de que inspirara al país sudamericano a ganar su segunda Copa del Mundo en 1986.

Su muerte conmocionó a los aficionados de todo el mundo, y decenas de miles de personas hicieron cola para pasar ante su féretro, cubierto con la bandera argentina, en el palacio presidencial de Buenos Aires, en medio de tres días de luto nacional.

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