Días de Sodoma opositora venezolana… sin ver Salò de Pasolini

Días de Sodoma opositora venezolana… sin ver Salò de Pasolini

Como una suerte de teatro del absurdo se podrían catalogar las más recientes formas de protestar “pacíficamente” que cierto sector de la derecha venezolana ha tomado como “bandera de lucha”.

Pero este sería un análisis muy somero e ingenuo si no tomamos en cuenta las características semióticas y la simbología que representa este tipo de manifestaciones con sus respectivas referencias históricas y hasta culturales.


No se trata solamente de casos aislados o meramente espontáneos de un grupo de personas que se lanza a un río contaminado, un muchacho que se desnuda frente a los cuerpos de seguridad, una señora que defeca en medio de una tranca, otra que sale gritando con un ataque psicótico “no puedo más, no puedo más…necesito libertad…” u otras damas muy “fitness” que muestran sus tetas para llamar la atención; o arrojar heces fecales como “método de defensa” para llamar la atención o buscar salir del encierro, al cual sus propios perfiles psicológicos o patologías psiquiátricas los han llevado con esa neurosis-disociación psicótica que les hace hablar de “dictadura” en plena libertad-libertinaje.


Sin ánimos de ser moralistas, conservadores ni pacatos, necesario es en estas breves líneas resaltar y enaltecer los más grandes valores que son los que, a pesar y después de todo, nos hacen ser lo que somos: Humanos.

Pero, en este caso específico, hay que destacar y rescatar el valor de la dignidad humana. ¿Cuáles son las razones? Entre tantas, blindarnos contra cualquier clase de humillación y vejación a la cual voluntaria o involuntariamente seamos expuestos para no repetir errores del pasado, más allá de lo ridícula o grotesca que parezca una protesta.


¿Por qué se hace todo este preámbulo? Pues porque es casi inevitable no asociar ciertas imágenes, como las enumeradas anteriormente, con algunas de las más chocantes y repugnantes escenas de la película que intenta dar título a este ensayo: Salò o 120 Días de Sodoma de Pier Paolo Pasolini; un polémico filme de 1975 que no todo el mundo tiene el estómago suficiente para ver (ni siquiera los mismos opositores como me dijo un amigo) y que está basado en el libro del Marqués de Sade: Los 120 días de Sodoma.

 
En el contexto: Breve reseña sinóptica y biografía mínima como analogía…
La película precede a la Trilogía de la Vida del mismo director, compuesta por El Decamerón, Los Cuentos de Canterbury y Las Mil y Una Noches. Se suponía que Salò daría inicio a una nueva triada de filmes que llevarían por nombre la Trilogía de la Muerte, pero esto nunca pudo hacerse realidad por el asesinato, en extrañas circunstancias, de Pasolini poco antes del estreno de la misma, en donde sí fue proyectada, porque hoy en día todavía en muchos países sigue prohibida.

El largometraje está ambientado en las postrimerías de la II Guerra Mundial, entre los años 1943 y 1945, en la fascista República de Salò, al norte de Italia, un Estado creado por el dictador Benito Mussolini como uno de los últimos reductos aún controlados por la Alemania Nazi de Adolf Hitler, donde Pasolini pasó parte de su juventud y fue testigo de la crueldad del “fascismo nacionalismo”. Sus recuerdos y experiencias sirvieron de “inspiración” para la conceptualización de la película, que en sus propias palabras es altamente simbólica y metafórica en el reflejo de estas horrendas realidades.


Importante mencionar que Pier Paolo Pasolini fue más que solo un ateo, comunista, marxista gramsciano, homosexual, como muchos de manera despectiva lo pudiesen catalogar, sino que como creador, cineasta, director, escritor y poeta, tuvo la contradictoria capacidad de pasearse por lo más sublime como el filme El Evangelio Según San Mateo (1964), que fue muy aclamado hasta por El Vaticano y por la crítica como uno de los mejores acercamientos a la vida de Jesucristo, a lo más aberrante como el caso de Salò, considerada como un “atentado contra Dios” por tocar temas tabú como sexualidad, violencia extrema, corrupción y opulencia, que le condujeron a su muerte, aún por esclarecer a la fecha.

Una lujosa mansión sirve de escenario para el desarrollo de la historia en la que cuatro personajes libertinos, que no necesariamente son los protagonistas, representados en El Presidente, El Duque, El Obispo y El Magistrado, que como jinetes del Apocalipsis hacen clara referencia a los cuatro poderes que se resumen en la Burguesía; hacen y deshacen siendo jueces y verdugos de toda vida que pasa por sus manos.


La historia está dividida en cuatro actos, misma cantidad de círculos concéntricos que se unen, fundamentados en los nueve infiernos que dividían el Averno en La Divina Comedia de Dante Alighieri pero que para Salò se resumen en: El Anteinfierno, El Círculo de las Manías, El Círculo de la Mierda y El Círculo de la Sangre, a través de los cuales 18 personas secuestradas, entre jóvenes y prostitutas, son, de principio a fin, expuestos a múltiples humillaciones y vejaciones, de manera sumisa, que incluyen sadismo, violaciones, torturas mentales, abuso de poder, muerte, fascismo puro.


¿Llaman la atención los nombres de esos cuatro círculos o guardan algún tipo de relación con algunas de las últimas sistemáticas acciones que han emprendido en su neurótico afán los opositores venezolanos recientemente? Juzgue usted por su cuenta. Con esa sensación de pesadilla circular que puede dejar la película en sus espectadores, también puede quedar retumbando en las mentes del público una lapidaria frase al comienzo de la película: “…La escapatoria es imposible. Abandona toda esperanza…”.


Esta última premisa pareciera ser la que cierto sector de la oposición venezolana, de carácter burgués, como el de los cuatro señores en la película, el mismo de la clase económica nacional dominante, quisiera imponer a todo el país a través del terror, la mentira y la manipulación para hacerse del poder político de la nación.

Pero que, a su vez, sirve de lección y llamado de alerta como ciertamente lo quiso Pier Paolo para no dejar nunca crear las condiciones para la instauración ni restitución del fascismo, nazismo, neofascismo o como sea que se llame por estos días. Dirán algunos: ¡Recordar a Pasolini, recordar a Salò!
LM

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