#VTanálisis La Cruz de Mayo fue una celebración íntima y virtual

Con la veneración a la Santa Cruz en mayo, muy festejada en toda Venezuela con velorio, canto y bailorio por ser patrona y guía de muchos pueblos, se inicia una serie de ritos asociados a la fertilidad que florece con las lluvias y viene precedida por el zumbido atronador de las chicharras y el florecer de los apamates y los araguaneyes.

Se interna en el tramado urbano con las liturgias informales de todo el mes que organizan, desde su memoria transmigrante, las familias desplazadas del campo a la ciudad por el éxodo histórico de la provincia empobrecida, seducida por el “progreso”.

Como se explica en un trabajo anterior de VTActual.com #La Cruz de Mayo por la paz de Venezuela, “la liturgia de esta celebración comprende rezos, cantos y parranda. Según sea la región donde se lleve a cabo va acompañada por galerones, punto y llano, fulías, malagueñas, romances al son de tambor. Algunas zonas permiten el baile después de la media noche y arranca a correr de mano en mano la famosa guarapita, una mezcla de jugos de frutas y aguardiente, para afinar la musa de los hombres y mujeres que van improvisando décimas que narran algunos pasajes de la vida de Cristo”.

Lo místico y lo festivo se funden en el rito

Este año, como todo fenómeno colectivo de nuestra sociedad en medio de la pandemia ocasionada por el Covid-19, la fiesta se vió afectada por el confinamiento, por orden de la cuarentena social.

No hay cuarentena que la detenga

Sin embargo, el cimarronaje cultural venezolanos ha decidido transgredir por la vía on line, o a través de la procesión íntima en el hogar, la imposición de esta medida incómoda que ha clausurado por lo pronto las grandes concentraciones festivas y que indudablemente afectará a las parrandas de San Juan de todo el país, la Parranda de San Pedro de Guarenas y Guatire, y posiblemente el Corpus Christi (algunas, patrimonio inmaterial de la humanidad por la Unesco) como fiestas devocionales que atraen grandes multitudes.

Es el caso de la plataforma Tradiciones Digitales, que a través de sus distintas redes sociales (Facebook: Tradiciones_Digitales, Instagram: @tradicionesdigitales, Correo electrónico: tradicionesdigitales@gmail.com y Twitter: @tradicionesdig1), promueve una singular campaña para que nadie quede por fuera del tiempo ritual en que se adora al madero donde murió Jesús, según la tradición cristiana.

Han formulado talleres de décimas, vía Zoom, para cantarle adecuadamente a la Cruz, e invitan a celebrar en casa a partir del domingo 3, mediante un sencillo manual y algunos videos subidos a la red Youtube @CruzDeMayoEnCasa, donde recomiendan -entre otros aspectos- cómo vestir y adornar la cruz, qué cantarle, cómo rezarle y pedirle y qué hacer en la etapa de la fiesta.

En tiempo de cuarentena

Para evitar ciertos males

Tradiciones Digitales

Presenta una idea muy buena,

Adornar con azucena,

Rosas, lirios y azahar

A la cruz en un altar

Preparando un repertorio

De cantos para el velorio

Con el grupo familiar…

Propone Juanita Aguilera, desde Upata, en el estado Bolívar.

El altar de la cruz se adorna con frutos y flores para agradecer la fertilidad de la tierra

Por otro lado, los devotos han asumido con conciencia la recomendación del culto en casa, como Coromoto Fajardo, una periodista y diseñadora creyente que no se desanima por la imposibilidad este año de compartir las intensas actividades de calle donde siempre había participado con sus padres, luego con sus hijos y hoy en día con sus nietos.

“Nosotros en casa siempre hemos enseñado a venerar la Cruz de Mayo porque nos recuerda ese contacto con la naturaleza, la llegada de las lluvias, el beneficio que trae para las cosechas, y por supuesto de esa cosecha el alimento a nuestra mesa. A los niños les encanta porque hacemos manualidades con ellos, dibujamos la cruz, la colocamos en su altar. Cuando no estábamos en época de Coronavirus, nos íbamos al velorio con ellos hasta ciertas horas y disfrutábamos mucho. Aprendí a quererla además a través de amigos que son cultores, que les encantan las tradiciones venezolanas, además de que esta es patrimonio de Venezuela y como mayo es mi mes de cumpleaños y el de mi nieto, para mí vestir la cruz, adornarla y bailarla es muy sentido, pasando de generación en generación con fe y devoción, dignificando la venezolanidad”.

Sagrada y pagana

Las fiestas de la Cruz de Mayo constituyen un tributo a la naturaleza. Con características diferentes según la región, en Venezuela se venera celebrando en su honor numerosas ceremonias que son organizadas por sociedades, cofradías o por iniciativa particular, en las cuales se pagan promesas y se cumple el tributo devocional, con rezos y adornos frutales a su alrededor, hasta que alguien cubre el madero con un manto blanco o simplemente le da la vuelta para que mire a la pared: ahí es cuando empieza el jolgorio.

Es, en resumen, una expresión de la religiosidad popular que encuentra actos de fe por igual en el recogimiento espiritual y la parranda, bajando a las deidades al nivel de los hombres y las mujeres que en su honor se pasan una flor, improvisan unas décimas y comparten varios tragos de licor.

En los pueblos se improvisan altares en las salas de las casas, bajo algún techado sencillo de palma o en los caminos, donde se coloca sobre un altar.

Se inicia con una liturgia informal, al despuntar la noche, con rezos espontáneos o auspiciados por un líder religioso local. Es el acto solemne, cargado de normas eclesiásticas que se rigen por el fervor católico.

Seguidamente, comienzan los versos improvisados que emergen desde la inspiración de brillantes decimistas populares que logran construir una alianza de mano en mano, a través de una flor que autoriza al próximo bardo a expresar su lírica en honor a la cruz.

Décimas y fulías rompen el espacio ritual e imponen la parranda al velorio

Es un bellísimo acto popular donde comienzan a fundirse la ceremonia solemne y la parranda, una herencia cultural que desacredita los dogmas de la estructura eclesiástica, y le abre paso al sentir místico del pueblo llano y sus formas sencillas de expresar la fe.

Tras guardar, voltear o cubrir la cruz con una sábana, comienza la etapa del “bailorio”, como ha sido bautizado informalmente, que trasciende absolutamente el espacio devocional para abrirle camino al desenfreno festivo.

Un símbolo impuesto

En muchas poblaciones “el fervor del pueblo se va a expresar con celebraciones durante todo el mes que se prolongarán hasta el 31, fecha de la coronación. Para ello, el creyente elabora la cruz con madera, ubicándola siempre en un lugar alto y visible; pintada de azul o caoba, vestida con papeles de colores y adornada con flores campestres, tales como rosas, jazmines, malabares, trinitarias y clavellinas. El altar generalmente es hecho con una armazón de caña amarga arqueada y muy bien labrada conformando una especie de nicho forrado con sábanas y adornado con cintas de colores. Durante toda la noche y hasta el amanecer, se realiza un ritual en el que todos los celebrantes colocados frente a la cruz expresan invocaciones, seguidas de rezos, del rosario cantado o rezado y luego los recitadores de décimas se van alternando con cantos de fulía, que pueden ser de contenido religioso o profano, y son interpretados por solistas que se suceden y reciben respuesta del coro de asistentes” nos explica un breve manual de la Fundación Bigott.

En las zonas urbanas, alejadas de la vocación agrícola de la Venezuela profunda, los velorios se han convertido en oportunidades para el encuentro entre familiares y amigos, una forma de ratificación de las identidades regionales de origen, tal es el caso de Guatire, población mirandina que venera a la cruz como su patrona y que desarrolla cada 3 de mayo (excepto en esta ocasión) un encuentro de guatireños y guatireñas que reviven la esencia del pueblo.

De hecho, la reliquia de la cruz que reposa en la iglesia parroquial de esa ciudad, supuestamente contiene una astilla del madero donde fue crucificado Jesús, además de piedras de los “santos lugares”.

La introducción de la imagen en América Latina se inicia con la conquista y su uso como insignia evangelizadora, que lo mismo trajo sincretismo y mestizaje como sangre e imposición de una cosmogonía sagrada distinta a la que seguían los pueblos originarios del continente.

El símbolo de la cruz cristiana coincide con algunas de las creencias indígenas en las cuales ésta es “el madero sagrado” que representa el árbol de la vida, de las flores y de las frutas.

Por ello, dentro de los rituales que se realizan en su honor, se manifiesta agradecimiento y se hacen peticiones relativas a la necesidad de lluvia para los campos; se rinde homenaje a la naturaleza y se da la bienvenida a la que se espera sea una época de buenas cosechas.

Los creyentes manifiestan alegría ante la cruz, como una manera simbólica de desclavarle al Cristo el dolor de su crucifixión.

Marlon Zambrano/VTactual.com

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