Baltazar Porras, el Cardenal Tauricida

El cardenal Baltazar Porras, quien con frecuencia deja a un lado su “vocación” para asumir roles políticos y arremeter contra el Gobierno Bolivariano, asistió a la Plaza de Toros de Mérida y dio un espaldarazo a la “cultura tauricida”.

El protector de animales, Tadeo Kosma, publicó una reseña que dice lo siguiente:

“El cardenal venezolano Baltazar Porras nunca ha disimulado su amor y fanático entusiasmo por la sangrienta y cruel tauromaquia. Una vez dijo: “De no haber sido cura hubiera sido torero”. Pero es importante resaltar que, a pesar de su alta investidura como “príncipe” de la iglesia católica, con su acostumbrado apoyo a la tortura y asesinatos de toros contradice abiertamente las bases de la religión que representa.

Ningún verdadero cristiano católico debería participar ni mucho menos defender las sanguinarias corridas de toros porque tales eventos han sido condenados por la doctrina cristiana y varios documentos eclesiásticos altamente relevantes (aunque muchos traten de ocultar esta verdad).

Los antitaurinos católicos deberían censurar a monseñor Baltazar Porras y exigirle que se retracte. En el Antiguo Testamento está escrito: “El que mata un toro es como el que mata a un hombre.” (Isaías 66:3).

Las corridas de toros son sacrificios rituales que tienen su origen en los sacrificios paganos que hacían los soldados romanos en honor a Mitra, una deidad persa-romana que justamente se le representaba matando a un toro. Esta tradición se mantuvo sobre todo en la provincia de Hispania (las actuales Portugal y España) aunque después disfrazó los elementos mitraicos bajo símbolos de la cristiandad católica.

Y para la doctrina católica Jesús es el “Cordero de Dios que quita los pecados del mundo” (Juan 1:29) ya que, según la tradición cristiana, con su sacrificio en la cruz ofreció su propia sangre aboliendo así los sacrificios de animales del antiguo pacto judío (“Porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que es derramada por muchos para el perdón de los pecados”. Mateo 26:28). Por esta razón se supone que no deberían existir más sacrificios rituales de animales dentro del cristianismo.

Ya en 1513 un teólogo en Alcalá de Henares condenaba lo absurdo de ofrecer las sanguinarias corridas de toros en honor de los santos de la cristiandad: “¡Cuantos peligros, muertos, heridos, males y escándalos nacen en esos juegos en que se atormentan y matan los toros con lanzas y garrochas, y lo que es más grave hacerlo en fiestas en honor de santos”.

El importante Concilio de Trento (1545-1563) prohibió las corridas de toros.

El papa Pío V (canonizado como santo por la Iglesia Católica) consideró necesario ratificar la prohibición de Trento (dado que los católicos del siglo XVI insistían en seguir celebrando la abominable tauromaquia) por medio de la importante bula papal “De salutis gregis dominici” del 1 de noviembre de 1567.

En dicha bula está escrito: “Se prohibió, por decreto del concilio de Trento, el detestable uso del duelo, introducido por el diablo para conseguir, con la muerte cruenta del cuerpo, la ruina también del alma. Así y todo no han cesado aún, en muchas ciudades y en muchísimos lugares, las luchas con toros y otras fieras en espectáculos públicos y privados, para hacer exhibición de fuerza y audacia.

Ello acarrea a menudo incluso muertes humanas, mutilación de miembros y peligro para el alma […] Esos espectáculos en que se corren toros y fieras en el circo o en la plaza pública no tienen nada que ver con la piedad y caridad cristiana. Y queriendo abolir tales espectáculos cruentos y vergonzosos, propios no de hombres sino del demonio, y proveer a la salvación de las almas, en la medida de nuestras posibilidades con la ayuda de Dios, los prohibimos terminantemente. Esta nuestra constitución estará vigente perpetuamente, bajo pena de excomunión”.

Esta bula, a pesar del intento de algunos clérigos taurinos, se mantiene vigente. Por lo tanto los católicos deben exigir al cardenal Baltazar Porras que cese en su desviación que contradice frontalmente la fe de la cual se erige como representante” culmina el texto escrito por Tadeo Kosma.

Aunque pueda respetarse su desacuerdo con las políticas que ejecuta la Revolución, pese a que van dirigidas al beneficio de los más desposeídos, no se puede tolerar su sadismo ante lo que constituye la muerte de seres vivientes.

Eso fue lo que demostró el cardenal Porras al posar muy sonriente en la plaza de toros de Mérida con una Muleta (tela de color rojo con la que el matador templa y encauza la embestida del toro).

Todo inició con su llegada a la Monumental y el recibimiento por parte de la Comisión Taurina quienes le dieron un paseo por el espacio de encierro de los toros listos en sus lugares para la denominada “fiesta brava de estos días de ferias y de corridas en Mérida”.

Minutos más tarde pasaron al patio de cuadrillas donde se dio inicio a la Celebración de la Eucaristía, presidida por el Cardenal Porras Cardozo. Una Misa en la que el Cardenal habló de la importancia de una fiesta como ésta, de cómo (según él) lidiar con las diferencias que existen entre taurinos y anti taurinos y manifestó que desde muy joven reforzó su gusto por las corridas de los toros.

Habría que preguntarle al pueblo venezolano qué piensa de esta contradicción, pues la alta jerarquía de la Iglesia Católica en Venezuela, la mayoría de las veces, cree ser poseedora de la verdad absoluta en todos los temas de interés nacional.

SC

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