Ni anticoncepción ni aborto, Venezuela en el siglo XVIII

Laura Hernández es una joven mujer de 32 años, usa pastillas anticonceptivas, que cada vez es más difícil conseguirlas o pagarlas. Esta semana ha caminado varias redes de farmacias y solo consigue la píldora del día siguiente, en diez millones de bolívares.

En este momento tiene una reserva, porque un amigo que llegó al país desde Francia le trajo, sin embargo, se angustia porque ya no ha logrado conseguir las que usa, y no se puede cambiar de pastillas porque «ellas llevan una carga hormonal que varía de acuerdo a las que te recomiendan».

Con la píldora ocurre como con los alimentos en Venezuela, no se consiguen en las redes convencionales de comercialización, pero si en el denominado mercado negro: vendedores informales que andan por las calles, que lo mismo venden una pieza de ropa interior, como comercializan con comida de contrabando o un método anticonceptivo. Incluso, páginas web como Mercadolibre.com, comercializan el producto.

No hay anticonceptivas en farmacias, sino en redes especulativas

Francheska Infante tiene 29 años, usa un implante anticonceptivo cuya efectividad es de cinco años. Ella ya está en el cuarto año. La última vez que supo de los precios, hace mes y medio, lo estaban cobrando en 200 dólares. 

En entrevista para VenezuelaTimesTV, Gioconda Motta, integrante de la Red de Colectivos La Araña Feminista, admitió que existe una fuerte escasez de la píldora y que cuando aparece, «los costos son elevadísimos, eso obviamente le está colocando una brecha de acceso a las mujeres más pobres, los anticonceptivos de barrera se están cobrando en dólares y eso acentúa la brecha de las posibiliddes de acceso». Declara que en ese contexto, «el derecho a la salud sexual y reproductiva se convierte en un asunto elitesco al que la mayoría no tiene posibilidades de acceso», es un asunto de clases sociales.

La especulación con la píldora en medios digitales

Todo esto aunado a que Venezuela es uno de los países latinoamericanos con mayores índices de embarazo temprano, al tiempo que también es una de las naciones de la región con más altos niveles de penalización del aborto, según Motta.

Belmar Francheschi, directora ejecutiva de la Asociación Civil de Planificación Familiar (Plafam) es una de las instituciones avocadas al tema en el país. Es de carácter privado, sin embargo ofrece donaciones de anticonceptivos y operativos con jornadas de atención gratuita sobre este tema.

Francheschi explicó a VenezuelaTimesTV que la escasez de estos productos está planteada desde hace alrededor de dos años, «muchos de los laboratorios no están en el país y eso ha vuelto costosas las pastillas». 

Por esta razón, considera que «las mujeres estamos en desventaja en cuanto a nuestros derechos, un embarazo debe ser una opción, no una obligación», reitera.

Ambas especialistas en el tema, manifiestan que la atención del Estado venezolano al respecto ha mermado, Motta sostiene que hasta hace apenas unos años, existía distribución gratuita de anticonceptivos, pero eso ya no ocurre, lo cual «nos pone frente a una problemática social verdaderamente grave y urgente porque tiene impacto en un conjunto de problemáticas que en nuestro país son bastante complejas como prevención de un embarazo no deseado, Enfermedades de Transmisión Sexual, contagio del VIH, asuntos que aluden a derechos humanos fundamentales».

Además, consideran que no existe una política de educación sexual y reproductiva en el sistema educativo ni en ningún otro ámbito.

Motta añade un elemento interesante a la investigación, el precio de los condones es también muy elevado y es el método de mayor uso en la población joven. «¿Qué joven estudiante universitario de cualquier  contexto, tiene capacidad de adquirir unos condones a ese precio?», se pregunta.

Precio de los preservativos en una red de farmacias en Venezuela

En una red de farmacias, donde al menos en teoría, deben vender a precios regulados, una caja de preservativos de tres unidades, costaba hasta el fin de semana del 22 de junio (necesario aclarar la fecha pues en Venezuela, los precios de los productos cambian más de cien por ciento de un día al otro sin razón), un  millón doscientos mil bolívares, lo que unos días antes era 200 mil bolívares más que el salario básico mensual de un trabajador que cobrara salario mínimo.

Recientemente el presidente Nicolás Maduro aprobó un aumento salarial que deja el ingreso básico mensual en 3 millones de bolívares, más 2 millones 196 mil en bono de alimentación. Pero, habría que preguntarse sobre la frecuencia sexual mínima de alguien que lleve una vida sexual activa, si con ese salario podría pagar los preservativos suficientes, no solo para protegerse de las ETS, sino para evitar un embarazo no deseado ante la escasez de métodos anticonceptivos hormonales.

¿Y la despenalización para cuándo?

Resulta contradictorio que Venezuela, país que ha consagrado la protección social y la justicia en el acceso de todos a una mejor calidad de vida, esté tan atrasado en materia de salud sexual y reproductiva.

Un debate que actualmente ha tenido avances significativos en América Latina es el de la despenalización del aborto, el paso más reciente fue en Argentina donde se aprobó un proyecto de ley que contempla el derecho de la mujer a acceder a la interrupción voluntaria del embarazo antes de las 14 semanas de gestación.

En Venezuela, vanguardia de otros logros sociales importantes como la superación del analfabetismo, leyes de protección a la lactancia materna, entre otros, no ha podido avanzar en una discusión como esta, que incluso está avalada por la Organización Mundial de la Salud. Lo cierto es que no hay posibilidades, ni anticonceptivos, ni derecho al aborto, ¿es una condena a la abstinencia sexual?

No obstante, las mujeres continúan en lucha para ser escuchadas y han logrado llevar a diferentes instancias sus propuestas respecto al tema. 

Belmar Francheschi de Plafam, argumenta que «se debe trabajar para la despenalización del aborto, al menos hasta las 12 semanas... el Estado debe garantizarnos el derecho a decidir sobre nuestros cuerpos, el derecho a salir o no embarazadas».

Gioconda Motta reseña que la Araña Feminista ha estado participando de las actividades para exigir la despenalización del aborto y señala que ante la situación con los anticonceptivos, seguramente debe haber aumentado la cifra de quienes, ante un «embarazo no deseado, recurre al aborto clandestino, sin duda alguna, eso debe tener un incremento en este contexto de dificultades para la anticoncepción», afirma y añade que otro de los obstáculos es que no se ofrecen cifras oficiales respecto a la salud sexual y reproductiva, como de ningún otro tema de salud, desde hace mucho tiempo.

En diversas oportunidades, voceros del Gobierno nacional en materia de salud, han explicado las dificultades que tienen para acceder a los productos farmacéuticos, atribuyen la problemática a un bloqueo económico y financiero que impide el acceso a estos productos. Pero otras labores, como las informativas y educativas, son omitidas por las autoridades sanitarias. La situación parece dejar a la mujer venezolana sin alternativa, o tal vez la decisión sea entre no tener sexo o arriesgarse a un embarazo no deseado.

JS

 

 

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