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Ajíes, un lugar para el encuentro y la comida de autor en Caracas

Por Jessica Sosa

Mariana es de esa gente maravillosa que uno conoce a través de las redes sociales. Desde ahí, fui viendo crecer uno de sus grandes proyectos: Ajíes, «comida de alta tempertura», un espacio para la comida y la música en el centro de Caracas, una prueba de que en tiempos de crisis, surgen las nuevas oportunidades.

Entrevistarla ha sido un reto porque ella no para nunca de hacer cosas. Así que luego de casi tres meses, al fin coincidimos. La esperaba en su local, mientras escuchaba la música  que ese día se presentó en en Ajíes, ubicado en los espacios abiertos del Teatro Teresa Carreño, centro cultural predilecto de Caracas. Mientras aguardaba, encontré a dos amigas más y nos sentamos a conversar en una mesa.

De pronto, ella irrumpe con un platón en la mano y casabe «hice esta vaina inventando cosas allá adentro en la cocina prueben a ver. Eso si, está picante«, advierte.

Cebiche, sí, bien picante. Yo que casi no puedo tolerar ese tipo de comidas, no podía parar de comerlo. «Medregal, ají, jengibre» y una lista de ingredientes más nos fue detallando, pero no puedo recordarlos, no podía escuchar elevada casi espiritualmente con aquella degustación.

El cebiche tiene lo mejor de los vegetales cosechados en el país

Una vida entera en la cocina

De niña, Mariana rayaba los libros de cocina de su madre dedicada a la medicina. Jugaba a estimar costos, sacar precios y hacer presupuestos con los ingredientes que observaba.

Al ser hija única de una mujer médica, creció bajo el amparo de la abuela, una andina dedicada a la cocina y con la influencia oriental de una vecina de Güiria, quién le inoculó la curiosidad por la cocina caribe.

«Mi mamá no sabía hacer ni un huevo frito. Mi abuela insistía en que si yo no aprendía a  cocinar o hacer algunos oficios domésticos me iba a quedar sin marido el resto de la vida», relata en entrevista para VTActual.com. agrega que no se asustó, porque era muy pequeña para entender eso. «Mientra mi mamá pasaba todo el tiempo en los hospitales, mi abuela pasaba todo el día en la cocina, yo soy hija única y lo que hacía era todo el día era verla a ella en su fogón».

A los 12 años de Mariana muere la abuela, pero el gérmen ya estaba en ella.  Es contadora, profesión que nunca ejerció y hasta el nacimiento de Ajíes, se dedicó siempre a la producción musical de artistas venezolanos..

Ajíes, consolidación de un sueño

Haberse casado a los 16 años la impulsó a «meterle el pecho a la cocina», pero es hasta «después de grande» como dice ella, que lo asumió como proyecto. Después del nacimiento de su cuarto hijo, entendió que quería estar más en casa.

Es entonces cuando aprovecha su talento para la cocina y comienza a investigar específicamente el ají, dada su pasión por lo picante; «comencé a entenderlo, me gustaba echarle un poco de picante a la sopita y luego empecé a comprender la curiosidad de los diferentes tipos de ají, ahí empecé a ver que Venezuela es muy productiva como países como Perú en el tema de los ajíes, que no tenemos esa cultura picante y ese fue mi punto de partida», narra con emoción.

Fue entonces el principio. Comenzó a fabricar mermeladas y encurtidos con base en el ají, para venderlos a su público cercano, que ya estaba cautivado con su forma de cocinar. Luego, fue participando en ferias artesanales para darse a conocer, lo que le abrió las puertas para lograr el espacio en el TTC.

Las mermeladas de Ajíes ya tienen su lugar en la gastronomía caraqueña

«Quisimos hacer un local que resumiera la esencia de lo que somos en Caracas, una cultura caribeña, salsera», revela. Es así como consolidan ella y su esposo Ajíes. Un espacio techado y abierto que funciona de martes a sábado desde las 12 de mediodía hasta las once de la noche, y en el que podrá disfrutar, no solo de una novísima experiencia culinaria con las recetas picantes de Mariana Rangel, sino también de lo mejor de la música y el talento nacional.

«Hemos dividido el espacio para eso, no separamos la comida de la música, cada vez que abrimos el local  tenemos una presentación  tratamos de que el fin de semana haya canción de autor, los viernes salsa, jueves latin jazz y cualquier persona que tenga una propuesta interesante le  abrimos las puertas», dice en su cocina, en medio de panes de auyama que ella misma prepara.

En el menú hay diversidad de platos, todos creación de Mariana Rangel. Durante su investigación, descubrió la escala de Scoville, medida internacional para medir el picor de los pimientos. Con base en eso, creo su propia escala en Ajíes y eso a su vez es el eje de sus creaciones.

«Cada uno de los productos que vendemos están dentro de la escala y decidimos que cada plato tuviera su personalidad. Por eso hicimos una fusión pensando en la juventud que  le encantan las hamburguesas, pero les ofrecemos una hamburguesa venezolana que se llama Negro Padrón , que es un asado negro hecho con pimiento padrón . Hay otra que se llama Ajíes que la hacemos con jaleas de ají dulce, chips de tocineta», detalla mientras trato de contener la ansiedad que me genera solo escuchar las recetas.

Cada hamburguesa tiene «su propia personalidad», con salsas y combinaciones hechas en Ajíes

Otros productos destacados del lugar son los cebiches, a los que describe como «una fusión entre lo tropical todo lo que se cosecha aquí en Venezuela», relata que las mayonesas y salsas las hacen ellos, no hay una salsa que lleven las hamburguesas o sus recetas, que no preparen ahí mismo «cada uno de nuestros platos se ensambla con los productos que nosotros preparamos.

El picante se deja sentir también en los tragos que se preparan en Ajíes, «cada trago tiene frutas y un tipo de ají», de las 6 diversas variedades que se cosechan en el país. Además, acaban de comenzar a incursionar en la panadería, y se puede comprar para llevar un paquete de panes de hamburguesa con base en verduras, pan de sandwich e incluso dulcería criolla.

«La cocina es mi desahogo. Si estoy muy estresada me meto en la cocina y se me vienen otras ideas, es hasta sanación», dice Mariana quien apenas ahora, a sus 34 años comienza a estudiar en la Escuela de Gastronomía porque quiere «hacer algo mejor»,

Me voy de Ajíes a las diez de la noche mientras al fondo suena un tambor de la costa venezolana y las energías son electrizantes. Me llevo un buen sabor de boca, es reconfortante conocer experiencias de gente que crece y demuestra que es posible tener y generar grandes oportunidades en medio de circunstancias económicas adversas.

 

 

 

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