Yoruba: espiritualidad ancestral que permanece viva

Yoruba: espiritualidad ancestral que permanece viva

Cuando los hombres, mujeres y niños fueron arrancados de las entrañas de la madre África, desnudos y humillados, reclutados como mano de obra esclava hacia América, en barcos que eran grandes jaulas que la fuerza de sus propios brazos impulsaban hacia un destino de tormentos, el único equipaje que lograron resguardar consigo, a parte de los recuerdos, fue el de sus dioses.

Uno de los pueblos que fue secuestrado y arrasado por los colonizadores europeos fue el yoruba, cuyos habitantes moraban las aguas del río Níger, la Nigeria actual. A finales del siglo XVIII y principios del XIX fueron repartidos en plantaciones de Brasil y Cuba, principalmente, y algunas otras tierras del Caribe donde se extendían grandes sembradíos de caña.

En medio del trabajo forzado y el tormento de los esclavistas, los africanos lograron mantener viva esa fuente espiritual que es su religión. Ocultando algunas veces a sus dioses o disfrazándolos con los santos de los blancos lograron que estos se mantuvieran vivos y que hoy sean motivo de adoración en una religión que, como un río que alguna vez estuvo seco, vuelve a tomar su fuerza y resplandor inicial.

Las ofrendas para dar gracias a los dioses son regla en esta religión
Las ofrendas para dar gracias a los dioses son regla en esta religión
Los caracoles son un elemento usado para la adivinación
Los caracoles son un elemento usado para la adivinación

Hoy en buena parte de América Latina y el Caribe cientos de miles de personas se suman a la religión yoruba, no sin ser atacados y vilipendiados por las otras religiones dominantes, principalmente la judeocristiana, que los tilda de practicantes de la brujería, la superstición y la magia negra. Así se cumple con la regla “sagrada” de toda religión de creer que sólo la propia es la verdadera.

Pero lejos de esta estigmatización la yoruba, es una religión fundamentada en pilares sólidos que no tienen nada que envidiar en cuanto al tono mitológico y legendario de otros cultos y creencias humanas. En los pataquíes, por ejemplo, encontramos buena parte de los mitos fundacionales, allí se recogen la historia de la creación y de los dioses, bajo una mirada donde la imaginación se desborda en tonos y matices verdaderamente poéticos.

Como en otras religiones las deidades parten de una trinidad Olofi-Oloddumare-Olorun, un ente supremo que rige las leyes de lo sagrado y lo terrenal, de los dioses y el plano espiritual y de los hombres y la naturaleza. Olofi creó el mundo, surgió de sí mismo, por ser Él la fuerza creadora. De Él nacieron los santos, es decir los Orichas que conforman el panteón de los dioses, la humanidad, los animales, las plantas y todo cuanto existe sobre la tierra. Él es el que maneja la energía en estado puro o Ashé, que permite la fluidez de todo cuanto existe.

A Yemayá se le rinden ofrendas frutales en el mar
A Yemayá se le rinden ofrendas frutales en el mar

Los Orishás o los dioses fueron emanados de esa la fuerza creadora, ellos habitan en los astros y se manifiestan a los hombres a través de sacerdotes o sacerdotisas. Son guardianes del Destino y aunque fueron humanos en tiempos remotos alcanzaron gracias a sus actos y sabiduría la divinidad.

Entre los dioses principales están Yemayá: diosa y señora de las aguas, de los ríos y el mar; representa la vida y los ciclos de la fertilidad, regula la sangre y la sabia de todo lo viviente, su esencia es lunar. Es la diosa de la Maternidad, se dice que todos somos sus hijos, pues venimos del agua del vientre de nuestras madres antes de habitar la tierra.

Elegguá es el que abre los caminos de la felicidad o desventura de los hombres, es un dios mensajero que establece la comunicación entre los dioses y los hombres o viceversa.

Oggún es el dios de los metales, el que inspira la transformación de los elementos en su estado de pureza hacia las formas artísticas, pero también de las formas bélicas, de las armas, de las lanza y por tanto protector e inspirador de los guerreros.

Oshún es la diosa del amor, la belleza y la sexualidad, protectora y promotora de la buenas relaciones entre dioses y mortales. Por último nombramos a Shangó, dios del trueno, del rayo, el fuego y los tambores, a veces se muestra rígido y furioso, otras, por lo general, alegre y festivo llenando el aire con el ruido de sus tambores.


Para la religión yoruba son muy importantes también los Egún o espíritus de los muertos, cuya memoria se hace presente en muchos de sus rituales. Así las almas de los antepasados guardan un sitial sagrado. Por otro lado está la veneración, el amor y el respeto por la naturaleza: Los animales y las plantas ejercen poderes sobre los hombres y son venerados por sus atributos y energías.

Actualmente la religión yoruba se practica en muchos países de América Latina y el Caribe con cada vez más fuerza, conviviendo con otras prácticas religiosas sin necesidad de esconderse o camuflarse, pues ha recuperado el reconocimiento que merece como religión ancestral, legado del continente africano y fuente de parte importante del imaginario actual de los latinoamericanos.

MD

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