Semblanza para una mujer: Aleida Hernández, la bailarina del barrio

Semblanza para una mujer: Aleida Hernández, la bailarina del barrio

Hace días estaba por nacer esta semblanza, pero escribir es difícil cuando se trata de una ausencia tan sentida, desde la sensación de pérdida que genera la muerte de alguien como ella.

El barrio despidió a Aleida con sangueo, me hizo pensar en la canción “yo me muero como viví”. El sangueo es uno de los cientos de toques que se utilizan en las costas venezolanas, herencia de nuestros ancestros africanos, para venerar a San Juan.

Es el ritmo idóneo para sacar al santo de la iglesia en su día el 24 de junio y para regresarlo al templo luego de su fiesta. También se usa para pasearlo por las calles de los pueblos para que bendiga el lugar. Después de su muerte, el barrio despidió a Aleida con sangueo.

Caminaba siempre rapidito y parecía andar en segunda posición de ballet, con los pies en punta, brazos estirados y cara sonriente. Por generaciones, Aleida enseñó danza a los niños y niñas de San Agustín, una de las barriadas más populares de Caracas, no tanto por su tamaño sino por la herencia cultural que ha aportado al país.

San Agustín es un barrio pequeño y relativamente joven. Tiene la particularidad de haberse formado de grupos familiares que llegaron a la ciudad, provenientes del estado Miranda, de mayoría afrodescendiente y rico en manifestaciones culturales. Esta razón ha hecho que se forme ahí una cultura nueva y diversa, no hay espacio de ese barrio donde no existan al menos dos grupos de danza, música o cualquier otra expresión. Es conocido que gran cantidad de artistas de la música y la danza nacidos ahí han trascendido las fronteras venezolanas.

Su familia es una de esas miles que conforman la idiosincracia de este sector caraqueño que se mimetizaron con el paisaje urbano pero no perdieron su esencia. Aleida es una de los diez hijos de Teresita, la mayoría de ellos artistas y deportistas, “somos una familia multicultural”, le dijo a Venezuela Times Jimmy Fariñas, hermano de Aleida.

Amaneciendo el 28 de febrero, día del bailarín, bajó el telón para Aleida luego de una crisis asmática. La noticia conmocionó al barrio entero. De sus 57 años, llevaba casi 40 dirigiendo “Danzas San Agustín”, una agrupación que por generaciones formó a niños y niñas en la danza, paseándose desde ritmos tradicionales y nacionalistas hasta fusiones pop.

Jimmy Fariñas, reconocido dirigente deportivo en la zona, relató que en sus inicios, ella en la danza y él en el basquetbol, ambos estaban preocupados por la delincuencia en este sector popular. “Veníamos viendo el problema profundo que había y por eso creamos un movimiento al que llamamos la Fuerza Cultural de San Agustín”, reseñó que se metían a lo más profundo de los cerros y lograron ganarse el respeto de todos.

Por esta razón, la despedida de Aleida llenó las calles de un profundo sentimiento de tristeza, pero también de agradecimiento. Sonaban tambores, la gente bailaba con lágrimas en los ojos. Su velorio fue en la antesala del Teatro Alameda, emblemático centro artístico, frente al mural de Carlos Orta, bailarín y coreógrafo nacido en San Agustín, reconocido en el mundo por sus aportes a la danza.

“Loeeee loeeeeaaaa, Aleida se fue pal cielo, ella se fue a bailar con Dios”, decía la letra del sangueo que improvisaron, le bailaban un santo al frente de la urna. Como no cabía la gente en los carros ni camionetas, se fueron a pie hasta el cementerio.

Así despidieron a una de sus liderezas, cultora popular que como tantas y tantos otros, combatió no sólo a la delincuencia, sino a la dominación que se ha emprendido contra nuestros pueblos desde la industria cultural. Aleida dejó su huella en tantas niñas que bailan tambor y sienten los ritmos de su pueblo; en ellas sigue viva.

JS

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