Quebrar al otro: represión y violencia en Venezuela

Quebrar al otro: represión y violencia en Venezuela

Que lo piensen mucho

pero entre tanto que no se muestren sorprendidos

ni mucho menos pongan cara de ofendidos

hoy que ya algunas balas

comienzan a llegarles desde este lado

donde sigue estando el mismo pueblo de siempre

sólo que a estas alturas ya viene de pecho

y trae cada vez más fusiles.

Roque Dalton

 

La imagen de la Policía Nacional Bolivariana, golpeada durante una “protesta pacífica” en Venezuela previa a las guarimbas del 2014, no fue difundida por el mundo como una muestra de la violencia vivida en el país. De hecho, no es fácil encontrarla en internet. La foto (muy buena foto) retrata el preciso instante en que una mujer joven es agredida física y verbalmente (no deja espacio para la duda el gesto de la mujer que grita atrás) por…¿ser una policía nacional bolivariana y trabajar?  En su cuerpo la “descarga de la arrechera” alentada por Capriles Radonski.

Vale preguntarse… ¿de dónde viene la “arrechera” contenida que mueve la mano que ejecuta el golpe? ¿Qué hay detrás del gesto? ¿Por qué no se condena ese gesto? ¿Cuál es el punto exacto en que una persona reacciona y agrede al otro u otra? ¿La violencia “reactiva” es justificable?

“Cuando nos oponemos a la violencia que se perpetra contra nosotros, no podemos rogar, abogar, peticionar o solicitar a los perpetradores de la violencia que desistan. Su violencia sólo se acelerará. Debemos reconocer que no tienen derecho a ser violentos contra nosotros. Nuestra responsabilidad es impedirlo (…) Si un hombre trata de arrebatarme la vida me está dando, en realidad, permiso para tratar de arrebatarle la suya. El Kukuxklán nunca ha tenido dificultades para darse cuenta de esto. Pensaban que los negros les amenazaban la vida y usaron la violencia para conservarla. Los Minutemen ven una conspiración comunista y se arman para defender las vidas que aman. Sabemos que los negros no constituyen una amenaza para los pobres blancos del Sur; sabemos que no existe tal conspiración comunista. Pero no es éste el asunto. El Klan y los Minutemen nunca se han equivocado sobre el uso de la violencia para defender sus creencias. (…) ¿Por qué, entonces, discutimos y nos equivocamos sobre el uso de la violencia cuando nuestras vidas se ven amenazadas? (…) La violencia no es mala ni buena. Es.” (Julius Lester, 1970)

Hoy en día, la necesidad de “demostrar” las descabelladas acusaciones sobre la supuesta “dictadura” perpetrada en Venezuela, han generado una lógica absolutamente demencial en la que los agresores están convencidos de que se están defendiendo de algo, construyendo una suerte de uróboro que de la acción pasa al discurso mediático en el que se confunden y mezclan los tiempos del círculo violento: agredo (agredo, agredo, agredo) al otro – el otro reacciona – se defiende – me agrede y se convierte así en el agresor. En ese preciso momento, se toma la foto  a difundir. Pero, otra vez, ¿Qué hay detrás del gesto? ¿La violencia “reactiva” es justificable?

 

“Permítaseme aclarar una cosa: No me hace gracia la violencia. Las armas son horrendas. Lo bello son las personas; y cuando se usa un arma para matar a alguien se está haciendo algo horrendo. Pero hay dos formas de violencia: violencia dirigida contra uno para tenerlo en el lugar elegido por otros y violencia para defenderse uno mismo contra esa opresión y conquistar la propia libertad. Si no se da satisfacción a estas demandas, tarde o temprano tendremos que elegir entre seguir siendo víctimas o lanzarnos a la captura de nuestra libertad.” (Eldridge Cleaver, 1970)

Hay dos opciones –básicamente- para una persona sometida a un alto nivel de estrés, insultada, escupida, agredida físicamente, amenazada etc.: Reaccionar o no reaccionar. Y sí, a veces los seres humanos (así estén entrenados para no hacerlo) reaccionan agresivamente. Si, además, quien reacciona es más fuerte, tiene más herramientas y está armando las consecuencias que pueden ser catastróficas. En Venezuela, en el caso de los uniformados, las y los reactivos han sido minoría: así lo confirman los saldos de todas y cada una de las infinitas marchas y contramarchas a las que ha convocado la oposición durante los últimos quince años. Eso sí: para los pocos casos de reacciones desmedidas,toda la atención de los medios internacionales. Basta con hacer el ejercicio de “googlear” represión o “violencia” en Venezuela y podrá ver las mismas cinco tomas repetidas hasta el infinito. Lo que no se encuentra con tanta facilidad son estas fotos, en el que el papel de víctima y victimario se invierten:

 

Ahora, ¿qué tiene que ver “la conquista de nuestra libertad” mencionada en la cita anterior con la violencia que conviene o no mostrar a los medios internacionales?

Primero aclaremos que ni la oposición venezolana ni los medios que la respaldan están en contra de la violencia ni la represión. Pedir a gritos una intervención internacional no va de la mano con no querer represión. La difusión y las reacciones ante “la foto perfecta” están sesgadas por un tema de clases, que es el verdadero fondo de este conflicto. El problema no es que se reprima. Es que se les reprima “a ellos” y “a ellas”, los opositores al gobierno de Nicolás Maduro, y con esto no me refiero a individualidades en la lógica “unas niñas/niños bien agredidos por los/las policías-negros/malandros” porque aunque esta lógica exista, es cierto que no sólo la burguesía rancia ha salido a protestar estos días en Caracas. Por supuesto que la oposición venezolana está compuesta por gente de diferentes estratos sociales (aunque en proporciones directamente inversas a las del chavismo) pero los “ellos” y “ellas” a los que “no corresponde” reprimir, englobados, no son más que un puñado de excusas para que los verdaderamente poderosos justifiquen su necesidad de intervenir y detener el proceso en curso. De ahí el empuje a la primera línea. De ahí la orientación “en primera fila las mujeres”. Mejor si el “régimen” se afinca contra “el sexo débil”. Mejor si logran provocar hasta que logremos muertos. La foto del cadáver será la antesala que justificará la violencia reactiva en el plano macro de la real poltik: reacción ante la lucha por la soberanía económica. Esa violencia no escandaliza, no se viraliza en las redes sociales, no amerita una intervención ni la disolución de organismos multilaterales. Esa violencia no parece existir, porque se sitúa en el ámbito de lo se invisibiliza tras el manto de lo proyectado una y otra vez: quebrar a los organismos de seguridad y registrar la reacción tiene un objetivo último: que todo vuelva a su curso y la represión se vuelque sobre “quienes corresponde”, como ya pasó, por ejemplo, con las 10.071 víctimas de torturas, desapariciones y otras violaciones de derechos humanos durante la Cuarta República en Venezuela (con ninguna mención de organismos multilaterales), los 43 fallecidos y fallecidas durante las “protestas pacíficas” del 2014, los militares, guardias nacionales y policías nacionales agredidos durante los últimos días y todo aquel que “no les sirva para la foto” del “drama humanitario”. ¿Qué dice esto sobre la “comunidad internacional” que repentinamente vuelca sus ojos preocupados hacia Venezuela?

Una posible respuesta ya la dieron Las Panteras Negras en su momento: “Quieren ustedes que nosotros creamos que ustedes están en contra de todas las guerras (…) Esto me dice a mí, señores, que ustedes no están contra la guerra; ustedes están contra algunas guerras. Así, pues, yo he asumido la misma posición; estoy contra algunas guerras (…) fuimos enseñados a ser violentos por Norteamérica. Ella le enseña a los hermanos que van a Vietnam a ser violentos. Y cuando ellos regresan al hogar, les dicen que no sean violentos contra sus violencias” (H. Rap. Brown, 1968).

TZS

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