Problemas con la lactancia: ¿la hora del juicio contra una madre?

Yadira tuvo su primer hijo a los 32 años. Una niña, dice mientras sonríe. Desde que supo del embarazo decidió no dejarle a las transnacionales la alimentación de su bebé, así que nada de recurrir a teteros de fórmula u otras cosas.

Siendo primeriza, estaba llena de dudas, y en particular sobre la lactancia. Con su pareja, decidió asistir a un taller para disipar lo que le daba vueltas en la cabeza y estar preparada para lo que se venía.

Allí la tranquilizaron, le aclararon muchas de sus interrogantes, recuerda, aunque también puede hacer una lista de lo que no le dijeron: “En esos talleres te quieren convencer tanto de que la lactancia es lo mejor para el bebé –aunque ya una lo sepa- que omiten decirte algunas cosas. Para que no te predispongas, supongo”.

Pero en ese no predisponerla, a ella la convencieron de que nada podía impedirle alimentar a su hija con su propio pecho, y lo que se encontró poco después fue con una realidad muy diferente. Su anatomía le jugó en contra: sus pezones invertidos no le facilitaron el trabajo a una bebé que, cansada, terminó por no intentarlo más.

Hizo de todo, hasta lo que no le recomendaron en el taller, y no hubo forma. “Para mí fue muy frustrante, me había informado muchísimo sobre las fórmulas y todo lo que podían ocasionar. Y verme obligada a dársela a mi bebé fue una gran decepción”, relata Yadira.

Como ella, Elena (34) se vio forzada a recurrir a los teteros con su pequeño. “Nunca me terminó de agarrar bien. Me dolía muchísimo. Y tampoco la iba a poner a pasar hambre, algo tenía que darle”, cuenta resignada.

Ambas se sacaban la poca leche que les salía ante la falta de estimulación, y se la daban de tomar a sus bebés. Al fin y al cabo, “cada gota contaba, era importantísimo que consumiera lo más posible la leche materna”, asegura Elena.

¿Por qué la leche materna?

Los primeros días que siguen a todo parto, de los senos de la madre sale un líquido más espeso, amarillento y grasoso. Se trata de calostro, que termina de inmunizar a los bebés para su nueva etapa ya fuera de la barriga.

Lo siguiente, la leche materna en sí, es recomendado por la propia Organización Mundial de la Salud (OMS) como el alimento exclusivo hasta los seis meses de edad, por sus características adaptadas para un sistema digestivo aún en desarrollo, como es el de los bebés recién nacidos.

Igualmente, la OMS considera que a partir de entonces se pueden introducir otros alimentos pero de manera complementaria a la lactancia materna, que seguirá siendo su principal fuente alimenticia.

El juicio

Primero vino el apoyo, la comprensión, los consejos. Luego, llegaron los juicios, los reclamos: “Me decían que yo no me estaba esforzando lo suficiente, que estaba envenenando a mi bebé. Pero no sabía qué más hacer, si no tomaba teta tenía que meterle un tetero”, recuerda Elena, para quien los primeros meses fueron doblemente duros ante tanta presión externa.

Principalmente, eran amigas madres que habían optado por la lactancia exclusiva, pero también las había sin hijos. “Eso era lo que más me daba rabia, que me juzgaran mujeres que no habían pasado por esto”, dice, a la vez que asegura esperar que no les pase lo mismo que a ella.

Yadira no olvida cómo en el hospital público donde dio a luz le reclamaba una enfermera: “Me daba a entender que yo era una mala madre y que todo era mi culpa. Mi esposo me tuvo que llevar fórmula entre las cosas de la visita y yo le daba los teteros a escondidas a la bebé”.

Ella valora positivamente el impulso –que era bastante necesario, añade- que se le está dando a la lactancia materna en el sistema de salud público, pero también considera irresponsable la actitud de enfermeras como la que le tocó, que sin acercarse y conocer la realidad particular emiten acusaciones a diestra y siniestra. “Y todo en un momento tan delicado. Parece que se les olvida que una acaba de parir”.

Donación de leche materna: Alternativa poco difundida

Más que la imposibilidad de dar teta a un bebé, el problema real radica en el desconocimiento de las alternativas y por eso se recurre a la fórmula, que según la FAO puede traer problemas de malnutrición.

“Los niños alimentados con una fórmula láctea tienen más probabilidad de sufrir infecciones, incluyendo la diarrea, que contribuyen a deficiencias en el crecimiento”, asegura el organismo en un estudio disponible en su portal web.

En Venezuela hay más de una decena de bancos de leche materna, aunque la difusión de su labor es insuficiente y, por lo tanto, muy poco conocida entre las madres. De las mujeres entrevistadas por VT, ninguna tenía conocimiento de la existencia de estos centros.

En territorio venezolano hay presencia de bancos de leche o lactarios institucionales en la capital, Caracas, además de en los estados Apure, Aragua, Bolívar, Carabobo, Guárico, Miranda, Monagas y Sucre.

Estos centros cuentan con procesos de certificación de la salud de las donantes, les practican exámenes de VIH-Sida y Sífilis, además de tener sistemas de almacenamiento plenamente esterilizados para garantizar que no haya bebés afectados.

En el lugar de parto de Yadira, por ejemplo, tienen un banco de leche materna, pero su enfermera prefirió el juicio a la información, y su bebé, aunque esto no presentó consecuencias que lamentar, se tuvo que conformar con las fórmulas lácteas que la misma profesional condena.

Por fortuna, en su caso no todo estuvo perdido: una vez que la intervención externa fue disminuyendo y su bebé se fue adaptando al entorno y hasta a su anatomía, fue adquiriendo lo que terminó por ser una obsesión con su pecho. Actualmente, ya pasando el año, la bebé pide teta continuamente, aunque come alimentos de todo tipo.

JI

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