InicioDestacadaLos niños nacidos en prisión: el doble discurso de Peña Nieto

Los niños nacidos en prisión: el doble discurso de Peña Nieto

Pese a su inocencia, están condenados desde el mismo momento de su nacimiento. Uno a uno, sus Derechos Humanos son violados y su futuro se hace más incierto cada día que pasa.

Son los niños que viven en las cárceles de México, donde el sistema penitenciario permite que hoy unos 800 infantes vivan encerrados con sus madres que cumplen condena en diferentes prisiones de la nación azteca. Estas cifras no oficiales, podrían ser el hilo del que se comience a halar, sobre un conflicto creciente en la nación norteña.

Como en muchos países latinoamericanos, el sistema penitenciario es precario, es caldo de cultivo de una incalculable violencia, reproduce el hacinamiento como forma de sanción y es lugar donde se propician tratos crueles y humillaciones generalizadas.

En México hay 52 prisiones de mujeres, que en su mayoría no cuentan con servicio de agua potable, tampoco con lugares para el aseo personal y en muchos casos deben colocar sus desechos en zanjas que abren en los patios.

 

Tienen pésimas condiciones de salubridad, deben lidiar con todo tipo de insectos, malos olores y riesgosas instalaciones eléctricas. Allí viven algunas prisioneras con sus hijos.

En opinión de expertos en materia carcelaria de México, no existe “un solo programa social para los niños que nacen y viven en prisión y para los niños cuyos papás están en prisión”. La opinión pertenece a Saskia Niño de Rivera, directora de la fundación Reinserta, que trabaja con los DD.HH en las prisiones aztecas. En tal sentido la conocedora sostiene que ante la falta de una visión gubernamental que atienda a esta población vulnerable, estos niños pueden repetir los mismos patrones de conducta que sus padres.

“En México, y esto te lo dice cualquier criminólogo, hay estudios de familias criminógenas. No se apuesta por el niño que va a la cárcel a ver a su mamá y su papá, de alguna manera normalizan la violencia”. Saskia Niño de Rivera, directora de Reinserta.

Durante el actual gobierno mexicano, la cantidad de niños nacidos en las prisiones de ese país se ha duplicado. Uno de los fenómenos que produjo este incremento, es el aumento de la población femenina vinculada a diferentes delitos y aunque cueste trabajo creerlo, el aumento de la cantidad de embarazos que se producen mientras estas damas cumplen condena. Según estudio de la revista Spleen! Journal, el 60 por ciento de embarazos ocurren producto de visitas conyugales, pues algunas mujeres piensan que ello aliviará sus condiciones de reclusión.

Paradójicamente ningún plan gubernamental ha atendido este fenómeno pese a su alarmante crecimiento, ya que se espera que en los próximos meses la cifra supere los mil niños nacidos o que viven junto a sus madres en prisión. Según la legislación mexicana, estos niños podrán vivir en estos recintos hasta la edad de seis años, momento en el cual serán enviados a un albergue especial. Mientras tanto, estarán expuestos a la violencia carcelaria, abusos de autoridad y situaciones de insalubridad extrema. A todo ello hay que sumarle la precariedad de salud, educación y recreación que estos niños reciben.

Todos los estudios sociales hechos en México durante la última década, apuntan a que la situación carcelaria en esta nación y todos los problemas que en ella se juntan, no son nuevas en absoluto. La Comisión Nacional de los Derechos Humanos en México, comenzó apenas a hacer esta documentación hace 13 años, y aunque las recomendaciones para tomar correctivos se han hecho desde aquél momento, poco o nada se ha hecho para revertir esta crisis social, que en consecuencia se desbordó.

Mientras eso sucede en la nación azteca, su presidente, Enrique Peña Nieto, no se ha pronunciado en ningún momento sobre esta problemática que amenaza con deteriorar aún más la sociedad que gobierna. Por el contrario, prefiere desviar la atención sobre los múltiples problemas en materia de DD.HH que su país atraviesa y, aun desconociendo la realidad de países como Venezuela, se unió al coro que condenó la democracia de la nación caribeña durante la pasada Cumbre de las Américas. Peña Nieto fue uno de los que con mayor dureza condenó la institucionalidad venezolana y el respeto por los DD.HH en el país suramericano, mientras el denominado Grupo de Lima, liderado por EE.UU, aplaudía complacido las palabras del mexicano.

RB

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