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Humanidad en peligro por tratar los recursos naturales como negocio

¿Principio del fin? La humanidad está poniendo «en riesgo» su bienestar por la sobreexplotación de los recursos naturales y daños a la biodiversidad, alertó este viernes un informe integral de un organismo internacional independiente.

La fauna y la flora siguen degradándose de una forma severa en cada rincón del planeta, por lo que la Tierra enfrenta la primera extinción masiva de especies desde la desaparición de los dinosaurios.

Pero esta vez en la ecuación del desastre no entra un meteorito, sino el hombre.

Cuatro reportes elaborados durante tres años por 550 científicos para la Plataforma Intergubernamental sobre Biodiversidad y Servicios de los Ecosistemas (IPBES), de la que hacen parte 129 Estados, advierten que en la región Asia-Pacífico los peces para consumo humano se pueden acabar en treinta años.

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A principios del siglo XXI, el 90% de los peces grandes de todos los océanos y mares ya se habían extinguido por la sobreexplotación pesquera.

 

El 90% de los corales de esta zona pueden haber sufrido una «severa degradación» para 2050 y para 2100 más de la mitad de las especies de aves y mamíferos de África se pueden haber extinguido.

El «declive» de la biodiversidad está «reduciendo significativamente la capacidad de la naturaleza para contribuir al bienestar de las personas».

Tal es la conclusión de los informes de la organización presentados en Medellín, la segunda ciudad de Colombia, el país con más biodiversidad del mundo después de Brasil, en el marco de una reunión que se extenderá hasta el lunes.

«Esta tendencia alarmante pone en peligro las economías, los medios de subsistencia, seguridad alimentaria y la calidad de vida de las personas en todas partes», señalan.

Para el presidente de IPBES, Robert Watson, los humanos estamos «socavando nuestro futuro». «¿Podemos parar todo esto? No. ¿Podemos ralentizarlo significativamente? Sí», dijo a la AFP.

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La IPBES ha alertado sobre el riesgo inminente que corre la humanidad de extinguirse por la sobreexplotación del planeta.

Más de 750 expertos y autoridades de los Estados miembro estudiaron a puerta cerrada las evaluaciones de cuatro regiones (Américas, Asia-Pacífico, África y Asia Central-Europa), que son una guía no vinculante para los líderes de las naciones de IPBES.

 

Amenazas variadas

Aunque los resultados no son esperanzadores, Watson cree que se pueden minimizar los efectos si se repiensa el crecimiento voraz de la humanidad y el desarrollo económico capitalista.

«Si seguimos como estamos, (…) la sexta extinción masiva (en 500 millones de años), la primera causada por los humanos, va a continuar», apuntó.

De lo contrario, el hombre será testigo de la primera desaparición masiva de especies desde la muerte, hace 65 millones de años, de los dinosaurios.

A diferencia de las cinco extinciones masivas ocurridas a lo largo de 4 mil millones de años, la humanidad sabe del peligro que corre de desaparecer.

En América, la región más rica en biodiversidad, el cambio climático está dejando huella.

Actualmente el continente tiene un 31% menos de especies que en la época de la Conquista. Si continúa el escenario de manejar los recursos naturales como un negocio, dicen los científicos, para 2050 la cifra podría llegar al 40%.

«La mayoría de países americanos están usando la naturaleza de forma más intensa que el promedio global y están excediendo la capacidad de la naturaleza», aseguró Jake Rice, director de IPBES para las Américas.

África es el último lugar de la Tierra con un amplio rango de mamíferos de gran tamaño. Pero esto podría cambiar por la vulnerabilidad de sus tierras y del impacto económico del cambio climático en su población marginal.

África es el continente más golpeado por el sistema económico global y es el que más sufre sus consecuencias.

Esta zona tiene cerca de 500.000 kilómetros cuadrados de tierra erosionada por la sobre explotación y se calcula que su actual población de 1.250 millones de personas será el doble en 2050.

La golpeada Asia-Pacífico enfrenta «amenazas sin precedentes», que van desde eventos climáticos extremos y alza en el nivel del mar hasta aumento de polución y desechos.

La Unión Europea no se escapa del drama, pues solamente el 7% de sus especies marinas tienen un «estado favorable de conservación».

«Europa y Asia central consumen más de lo que producen, dejando una gran huella ecológica en el resto del mundo», afirmó Mark Rounsevell, encargado del organismo para esta región.

 

Una sola moneda

El declive de la biodiversidad es la otra cara del cambio climático, explicó Watson.

«El cambio climático afecta a biodiversidad, los cambios en la vegetación natural afectan al cambio climático. Y ambos, si no hacemos esto de forma correcta, van a perjudicar muchos de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas: agua limpia para todos, seguridad alimentaria de las personas, seguridad humana, seguridad energética, equidad», indicó.

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El gran problema es que los recursos naturales son tratados como bienes negociables, debido a la lógica capitalista, en donde todo se convierte en mercancía.

El desafío de enfrentar ambas amenazas se incrementa con los cálculos de los especialistas que apuntan a que la población y economía mundial continuarán creciendo. Y a la naturaleza se le exigirá aún más.

Pese a que los expertos creen que el cambio climático y la degradación de la biodiversidad son un hecho, afirman que sus efectos se pueden ralentizar: evitando desperdiciar comida, creando más áreas protegidas, restaurando zonas erosionadas y repensando subsidios que promueven la agricultura no sostenible.

La integración de la biodiversidad debe ser un punto transversal en la toma de decisiones de gobiernos y empresarios. Pero también demanda un cambio en el relacionamiento de los individuos con la naturaleza.

Actualmente se desperdicia el 40% de la comida producida. Ahorrar este desperdicio provocaría que no se tuvieran que sembrar más tierras para alimentar a una población cada vez mayor. También sumaría la disminución del consumo de carne.

«El reto es retrasar tanto (la afectación) como podamos», remarca Watson.

Con información de AFP

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