InicioDestacadaEVAporación

Por Indira Carpio Olivo

Eva gustaba decir que era inmaculada, sobrenatural. Conocía la biblia de cabo a rabo y de rabo a cabo. Rezaba tanto como limpiaba. En principio, dormía al fondo de la casa materna, en un cuarto aparte, “no fuera a ser”… A los 19 años notaron su primera crisis. Corría el año 1975 y el viento de Coro espesaba en la casa de la familia García-Puerta.

Un novio que tenía para entonces la desencantó y el desamor bulló por todos lados. Pasaron dos años desde entonces y aquella crisis volvió: se agitaba y al mismo tiempo la invadía una enorme tristeza. Los siguientes episodios se acortaron de dos años a uno, a meses, a días, horas. Hasta hacerse insostenibles.

Eva fue la segunda de ocho hijos, en un matrimonio cuyo fundo se cimentaba en la idea de que la mujer no podía esterilizarse, “no ves que eso era lo que las mujeres hacían para estar con otros hombres”, decía el padre. Fue así como a los ocho años de Eva, Olivia, su madre moriría con una niña en la barriga. Eva pararía en un internado. Su padre Juan Ramón se volvería a casar, olvidándose de ella y sus siete hermanos.

Huérfana de madre, de padre ausente, Eva quedó en el limbo. Aquellos episodios se hicieron más frecuentes y perdía la calma, gritaba, deambulaba.

Su hermana Miriam no estuvo cuando la trasladaron a un sanatorio de estadía permanente en Yaracuy, porque viajó de regreso junto a sus hijos y esposo a Ocumare del Tuy, donde la propia Eva acababa de vivir una temporada con ellos.

Del sanatorio en Nirgua pasa a las manos de una psiquiatra y es entonces cuando pierde el cupo por dilatar su regreso. Así pues, trasladan a Eva a La Concepción en Maracaibo. Este último centro cierra definitivamente sus puertas en mayo de 2016, por falta de presupuesto y personal. Una crisis económica nacional cronifica el estado psiquiátrico de los pacientes.

Hasta la fecha, transcurrieron cuarenta y un años desde la primera crisis que viviese Eva. Había entrado y salido de los ambulatorios, hospitales, colonias psiquiátricas y establecimientos de Larga Estancia, durante toda su vida.

En 2016, Eva y sus sesenta años van a parar al Instituto de Resocialización Psiquiátrica Dr. Guillermo Páez Morales, conocido como “La Sierrita”, también ubicado en el Estado Zulia.

Un año antes, la prensa reseñaba cómo el director de La Sierrita se quejaba de la falta de presupuesto para cubrir las necesidades de los pacientes. Esta situación no mejoró. Al contrario, sobre La Sierrita se reportó desnutrición y agudización de las patologías en los pacientes, quienes vivían bajo condiciones infrahumanas. El director, que en 2015 exigía presupuesto, en 2018 se encontraría bajo investigación por “abuso de autoridad, violación de derechos humanos y robo”.

En el Zulia, la condición de Eva se vino a menos, rápidamente. Bajó casi a la mitad del peso con el que llegó, en menos de dos años. La última vez que la subieron a la balanza, en mayo de 2018, pesaba 39 kilos. El caso fue calificado como desnutrición aguda. Durante ese mismo mes, su hermana Miriam se la trae a casa, como en otras ocasiones.

Para entonces, Miriam había almacenado comida -en conjunto con sus hermanos, durante seis meses- exclusivamente para Eva. En la casa de Miriam, la mala situación económica se evidenciaba en una drástica pérdida de peso de la familia. Según cuenta el sobrino, Eva se lamía los platos, y había perdido toda habilidad para socializar. Durante dos meses y medio, la tía recuperó diez kilos y por momentos el sentido de la “realidad”.

En casa, Eva se abrazaba a sí misma y resistía a que la tocaran. “Temblaba, hasta que reconocía y se apaciguaba”, relata su sobrina, quien además intuye “la violaron otros enfermos allí (en La Sierrita)”. Hablaba de lo que hacían clítoris y pene de manera desinhibida, “como si fuera una niña”. Andaba desnuda. El sexo había dejado de ser un lugar en el que se encontraba sola. Acostumbraba tostarse al sol como en el sanatorio, porque allí no tenía una sábana con que arroparse, bajo la niebla de la noche. Acumulaba calor, como si pudiera. Como las lagartijas.

Sucedió que la comida se acabó, y todos trabajaban fuera de casa. En vista de que no podían atenderla y el resto de la familia aletargó una respuesta al respecto, Miriam hubo de devolverla a La Sierrita.

Agosto, 2018. Ya en Maracaibo Miriam le dejaría: pasta de dientes, toalla, papel higiénico, implementos que Eva exigía para asearse,y con los cuales era muy cuidadosa, a pesar de que no pasaba mucho tiempo para que se lo robaran.

En La Sierrita volvía a estar a 300 kilómetros de casa, donde solo la mano del diablo llega.

Miriam identificó cada una de las medicaciones que le correspondían a Eva, y que desde el año 2017 su hermana Evelin mandaba desde Portugal .

Hasta 2016, el Estado garantizó a medias el suministro de medicinas a Eva. Junto con el peso, Eva perdió también su medicación. La familia de Miriam apenas podía comprarle Diazepam, que al costo de hoy ronda los 1.000 Bolívares soberanos (cien millones de bolívares, recién convertidos). El resto de la medicación dependía de la logística, que implica enviar de un país a otro fármacos de récipe morado, que en Venezuela directamente o no se consiguen y si se consiguen se traducen en monstruos con equivalencias en divisas, imposibles de pagar para una familia empobrecida.

15 de octubre. Llaman a Miriam desde La Sierrita. Le piden que vaya a buscar a Eva, porque volvió a estar muy mal. Habría perdido los kilos que recuperara en casa, “estaba en peligro de muerte”, según dijeron. Pero ni Miriam ni sus hijos tenían dinero para movilizarse. A los tres días, Eva murió. El acta de defunción indica que el fallecimiento ocurrió tras un infarto al miocardio (síndrome coronario agudo). En la morgue de Maracaibo, los despojos de Eva se descompusieron. No ingresaron su cuerpo a la nevera. Ramiro, su hermano fue al día siguiente. El sábado la trae de vuelta a la ciudad de los vientos. Todavía deben 40 mil soberanos por el traslado de Maracaibo a Coro. Sellado, llegó el ataúd de Eva Xiomara, hija de Olivia Puerta y Juan Ramón García.

Panorama

Para referirse a la divulgación de las cifras oficiales en materia de salud, los periodistas suelen decir que el ministerio encargado es una “caja negra”. El último de los anuarios fue publicado en 2009.

Sin embargo, en los logros presentados por el Ministerio de Salud en la Memoria y Cuenta de 2015, en el Plan de Humanización de la atención en salud mental para la paz y la vida sana podemos constatar que en Venezuela existen por lo menos 80 centros de atención y prestación de servicios psiquiátricos y psicológicos y 9 (nueve) Establecimientos Psiquiátricos de Larga Estancia (Eples), en los cuales “se distribuyeron 7.241.840 unidades de medicamentos psicotrópicos (…) para beneficiar a un total de 394.975 pacientes con enfermedades mentales y emocionales a nivel nacional”.

En el mismo informe se detalla que se realizaron “410.227 consultas a personas con sufrimiento emocional y mental en 80 servicios de psiquiatría y psicología a nivel nacional (…) Subsidiados nueve (9) Establecimientos Psiquiátricos de Larga Estancia (EPLES) con la finalidad de hospitalizar pacientes con enfermedades mentales crónicas, logrando beneficiar a 5.558 pacientes”.

En un reportaje que hiciera The New York Times, se señala que la cifra (extraoficial) de pacientes con enfermedades mentales en 2013 era de 23.630.

La reducción de pacientes en centros de atención psiquiátrica no se debe a que hayan sanado, sino al cierre de establecimientos, la reducción de los cupos por falta de medicamentos y profesionales.

En apenas dos años, mermó casi cuatro veces el número de personas con enfermedades mentales, atendidas por el Estado. ¿Qué pasa con todas aquellas que están en casa, sin posibilidad de recibir tratamiento? ¿Cuánto se reduce su vida, la de sus familiares (suponiendo que los atiendan los familiares y estén en sus casa)?

Ni antes, ni ahora han importado los nadie. Pero, las personas con esquizofrenia han sido consideradas menos que nadie. Los sanatorios públicos no son peores que los privados. Todos consisten en más o menos lo mismo, son cárceles, depósitos de gente que no es cómoda para nadie.

Eva, evaporó, secó. Es responsable el Estado. Somos responsables todos.

LEE Más

spot_img