El enfado lealista por las normas comerciales post-Brexit, entre los factores de los desórdenes en Irlanda del Norte

El enfado lealista por las normas comerciales post-Brexit, entre los factores de los desórdenes en Irlanda del Norte

Ha hecho falta un acontecimiento no relacionado con el furor fronterizo del Mar de Irlanda para poner a caldo las tensiones que se están cocinando a fuego lento

EL DESORDEN CALLEJERO que ha estallado en varias partes de Irlanda del Norte durante más de una semana puede atribuirse a una multitud de factores.

En su centro está el enfado de los lealistas por los acuerdos comerciales posteriores al Brexit que han creado barreras económicas entre la región y el resto del Reino Unido.

  • Para el lealismo, el Protocolo de Irlanda del Norte del Brexit ha socavado su lugar en la Unión

Pero ha hecho falta un acontecimiento no relacionado con el furor de la frontera del Mar de Irlanda para hacer coincidir el resentimiento que se ha estado cocinando a fuego lento desde que las consecuencias de la salida de la UE se hicieron realidad a principios de enero.

El anuncio de la fiscalía la semana pasada de que no se emprenderían acciones contra 24 políticos del Sinn Fein, incluida la viceprimera ministra Michelle O’Neill, por asistir a un enorme funeral republicano durante la pandemia desató la indignación de algunos lealistas.

En varias zonas obreras lealistas, muchas de las cuales siguen bajo la influencia maligna de las bandas paramilitares, han estallado desde entonces disturbios esporádicos.

Belfast, Derry, Newtownabbey, Carrickfergus y Ballymena han sido testigos de escenas de violencia que muchos esperaban que hubieran quedado relegadas a los libros de historia.

En los últimos días también se han producido desórdenes en las zonas republicanas. En el más crudo, los jóvenes de ambos lados de la línea de paz del oeste de Belfast se lanzaron cócteles molotov y otros proyectiles durante toda la noche.

Para los leales, el funeral del antiguo líder del IRA, Bobby Storey, celebrado el pasado mes de junio, reforzó la antigua percepción que tienen muchos miembros de su comunidad de que las instituciones del Estado dan un trato preferente a los republicanos.

Como confirmación aparente, señalaron el compromiso de la policía con los organizadores del funeral del Sinn Fein antes de un acto en el que unas 2.000 personas salieron a las calles del oeste de Belfast cuando se habían establecido estrictos límites a las reuniones públicas.

Esta interacción con los organizadores fue una de las razones por las que los fiscales superiores concluyeron que cualquier procesamiento de O’Neill y sus colegas estaba condenado a fracasar, siendo la otra la naturaleza “incoherente” de la normativa Covid-19 de Stormont en aquel momento.

Las críticas al enfoque del PSNI no se limitaron a los elementos de línea dura dentro del lealismo y todos los principales partidos unionistas pidieron posteriormente la dimisión del jefe de policía Simon Byrne, alegando que había perdido la confianza de su comunidad.

La primera ministra del DUP, Arlene Foster, ha dicho que no volverá a relacionarse con Byrne

Su falta de comunicación con el jefe de la policía de la región en un momento de escalada de la violencia callejera, y que se produce sólo unas semanas después de que se reuniera con representantes de los paramilitares leales para discutir las consecuencias del Brexit, ha provocado fuertes críticas de los rivales políticos.

Los partidos no unionistas han acusado a Foster y a otros líderes políticos unionistas de avivar las tensiones, no sólo en relación con el funeral de Storey, sino también con respecto a la frontera del Mar de Irlanda.

La líder del DUP y otras voces prominentes dentro del unionismo y el lealismo insisten en que sólo reflejan preocupaciones genuinas que, según ellos, deben abordarse, concretamente mediante la dimisión de Byrne y la eliminación del Protocolo.

En medio del actual clamor unionista por la cabeza de Byrne, y las reclamaciones de una policía de “dos niveles”, cabe señalar que hace dos meses el jefe de policía del PSNI se enfrentó a reclamaciones similares de comportamiento discriminatorio por parte del nacionalismo.

Éstas fueron motivadas por una controvertida operación policial en Belfast en la que se detuvo a un hombre gravemente herido en una masacre de armas lealistas durante los Problemas, en el lugar de un acto de conmemoración, después de que los agentes intervinieran para investigar presuntas infracciones del reglamento de Covid.
Tras ese incidente en el lugar de los asesinatos de la casa de apuestas de Ormeau Road en 1992, la Sra. O’Neill afirmó que había una “crisis de confianza” en el PSNI entre los nacionalistas, aunque no llegó a pedir la dimisión del Sr. Byrne.

El Protocolo y la controversia sobre el funeral no han creado la percepción lealista de que el sistema está en su contra, sino que se han basado en una narrativa articulada por un número cada vez mayor dentro del lealismo de que el proceso de paz -en particular el acuerdo de Viernes Santo de 1998- les ha dado un trato injusto.
Citan la falta de inversión y las privaciones en las zonas de la clase trabajadora lealista como una prueba más de que han perdido los beneficios de la paz.

Los nacionalistas y los republicanos rechazan esta premisa, insistiendo en que sus comunidades han experimentado tantos problemas de pobreza y desempleo desde la firma del Acuerdo de Viernes Santo.

No cabe duda de que los elementos paramilitares están implicados en gran parte de los desórdenes presenciados en toda la región en los últimos días, bien directamente o bien orquestando a los jóvenes para que se amotinen en su nombre.

Sin embargo, en Newtownabbey y Carrickfergus hay un factor añadido.

En esas zonas, el PSNI cree que la participación paramilitar está menos motivada por el Brexit o el funeral de Storey y tiene más que ver con una facción rebelde -el UDA del sudeste de Antrim- que reacciona a las recientes operaciones policiales dirigidas a su imperio criminal.

 

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