El hombre está creado a imagen y semejanza de Dios, según algunos quienes además afirman también que Dios es un hombre Blanco y con mucho dinero: no obstante la política comunicacional emanada de este Dios – al menos en Europa y casi toda América – ha sido siempre decirles a todos que somos iguales. En los últimos años del mundo el movimiento LGTBI también entran en esos llamados IGUALES, por consiguiente la confusión moral es mayor. En el siguiente, y desde una perspectiva meramente personal haré el intento de mostrar cómo ni soy igual, ni me siento igual, ni mis congéneres y coterráneos me ven igual porque soy simplemente: marico.

Comencemos por diferenciarme del movimiento LGBTI, al cual respeto y admiro (¿?) que ha no solo luchado por la reivindicación de los derechos, la penalización de los crímenes de odio, el reconocimiento de los variopintos esquemas de asumir la sexualidad y sobre todo de enseriar la postura festivalera que prejuiciosamente ha estada ligada a ser homosexual varón, lesbiana, bisexual, intersexual, transexual o transgénico; sino que ha legalizado una estigma cultural haciendo de esto algo bastante más complicado. Que además y sin lugar a dudas denota su carácter aún adolescente pues aún queda mucho por hacer, y yo de eso ni el vello púbico en comparación con asimilarme a todos esos logros.

Marico el que lo lea.

Luego está la carga endógena y lingüística, que antropológicamente me atropella, porque si a ver vamos, yo prefiero que me llamen MARICO a que me digan usted es un LGBTI. No solo suena como una etiqueta de prenda de vestir o una de esas enfermedades raras que aún se les sigue achacando su causa a recalentar la comida en microondas, sino que no quiero ser ni parecer a quienes por no ser heterosexual se clasifican estadísticamente en una minoría. Eso sí es sentirme entonces como parte de un segmento de mercado y de toda esa vorágine que se entiende desde la postura del gran capital. Y realmente no quiero aun cuando viva en este sistema.

Por otro lado me gustan los deportes, el rock, no tengo la letra bonita, me gustan las mujeres aun cuando no me vaya a casar con una (decisión que tampoco estaría supeditada si fuera heterosexual), soy masculino, mi círculo de amistades no depende de mí sexualidad, y sobre todo NO me ofende el vocablo. Es que ser marico es un poder, es como una mafia universal que va más allá de los dogmas y que no es un vicio ni una enfermedad, sino una condición que se vive con orgullo; porque yo soy tan Marico como Elton Jhon, y tan Marico Alejandro Magno, pero también soy tan marico como el de la plaza que está en todos los pueblos o como el peluquero de la fragata que está de servicio militar en altamar, en el anonimato de su propio closet y que se siente preso no solo por conciencia sino por miedo. Yo soy igual a todos ellos y a tantos otros que no tienen clasificación porque a mí no me tienen que presentar un estudio psiquiátrico que haya sido avalado por asociaciones científicas  para saber que no solo estoy bien sino que vivo satisfecho por ser marico.

Es este, el mes del ORGULLO de serlo, y te recomiendo sentarte unos minutos a solas y felicitarte porque ser Marico es tan bueno como no serlo.

FC

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