Miles de personas en todo el mundo –fanáticos deportivos y respetuosos de los derechos humanos- levantan sus voces contra el «juego amistoso», entre la selección argentina de fútbol e Israel, previo al Mundial de Fútbol en Rusia este año.
El Estado sionista de Israel, pretende usar la estrategia “sport-washing” para lavar la cara y normalizar el apartheid y el genocidio de su ejército de ocupación contra Palestina.
No es un dato menor, que el encuentro se desarrollará en la capital israelí «en un estadio construido sobre uno de las 418 pueblos palestinos destruidos por Israel, hace 70 años: Al Malha».

«Argentina y otros tantos países latinoamericanos saben muy bien cómo el fútbol fue usado por sus respectivas dictaduras militares para blanquear sus graves y sistemáticas violaciones de los derechos humanos”, explicó el presidente de la asociación de fútbol palestina, Yibril Rajub, en una carta dirigida a su homólogo argentino, Claudio Tapia.
Balas contra el deporte
Israel también ha disparado contra el deporte palestino. Mohammed Khalil, una joven promesa del fútbol palestino ficah del Al-Salah FC, manifestaba pacíficamente en la Gran Marcha del Retorno, cuando fue baleado por un francotirador en la valla ilegal ubicada en La Franja de Gaza.
“Esa bala racista puso fin a su carrera futbolística”, publicó en Twitter el periodista Mohammed Kareem.
Antes, tres futbolistas palestinos ya habían sido asesinados: Ayman Alkurd, jugador del Falastin Al-Ryadi y de la Selección Palestina, Wajeh Moshtahe, jugador del Ittihad Alshojaeya, y Shadi Sbakhe, jugador del Khadamat Alniserat).

La AFA va por dinero
Israel compró por 2 millones 200 mil dólares el amistoso y la Asociación de Fútbol Argentina (AFA) accedió gustosa, a pesar de alterar el cronograma de entrenamiento del técnico sureño, Jorge Sampaoli.
“Perderá tiempo de trabajo y permanecerá más horas en suelo israelí, un escenario incómodo en la cuenta regresiva a Rusia”, se quejan los apasionados medios del país suramericano.
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