Colombia: no es locura, es machismo. Arquitecto bogotano, secuestra, viola y asesina a niña de siete años

Colombia: no es locura, es machismo. Arquitecto bogotano, secuestra, viola y asesina a niña de siete años

 El feminicidio fue cometido por Rafael Uribe Noguera, un arquitecto bogotano que secuestró, violó y asesinó a Yuliana Andrea Sambony, niña Yanacona de siete años. Hay que destacar cada detalle porque cada uno pesa.

En la mañana del lunes 5 de junio los medios oficiales colombianos anunciaban la desaparición y asesinato de Yuliana Andrea Sambony, una niña de siete años que vivía en una comunidad periférica de Bógota. A la noticia, evidentemente, le faltaba algo. Alejandra Londoño, activista feminista colombiana, miembro del GLEFAS, narra: “a través de redes sociales y por un medio alternativo de comunicación, empezó a denunciarse que el carro que se había llevado a la niña era el carro de un señor que se llama Rafael Uribe Noguera, un arquitecto bogotano que viene de una clase alta, con una larga historia política al parecer, graduado de uno de los colegios más caros de la ciudad y de una universidad privada también”.

Los datos que resalta Londoño no son menores: reflejan la estructura de desigualdad sobre la que se erige el sistema imperante. El femicida, un hombre blanco, profesional y burgués que actúa ejerciendo el derecho que cree tener sobre el cuerpo y la vida de una niña indígena. Después de asesinarla,  su hermano, Francisco Uribe   -cómplice automático en esta acción-  lo “ayuda” a refugiarse en una clínica psiquiátrica.

Intentar “suavizar” el femicidio con la excusa de la locura, del psiquiátrico, erige un muro que tal vez la justicia colombiana logre traspasar con este caso particular, pero que se sostiene en el imaginario colectivo: “Estaba loco”, “ es un demente”, resuena en las cabezas de “el sentido común”.

En palabras de Virgine Despentes, citada por Ileana Arduino a partir del brutal femicidio de Lucía Pérez, “nos obstinamos en hacer como si la violación fuera algo extraordinario y periférico, fuera de la sexualidad, evitable. Como si concerniera tan sólo a unos pocos, agresores y víctimas, como si constituyera una situación excepcional, que no dice nada del resto (…) Es el proyecto mismo de la violación lo que hacía de mí una mujer, alguien esencialmente vulnerable”. Continua Arduino: “Comprender esa densidad política de la que nos habla Despentes respecto de la “violación” como programa, implica reconocer que el carácter extremo de prácticas que llevan adelante violadores como los que atacaron a Lucía están sostenidas por el universo simbólico de la violencia machista que sostiene el régimen patriarcal y que alimentan muchos otros, por más que los horrorice tal o cual experiencia (…) No necesitamos vuestro horror, ni su desacople de esos otros etiquetándolos como “monstruos”, porque solo sirve para ocultar la regularidad violenta en la que vivimos.”

Así, como un Uróboro maldito, las prácticas de los violadores que atacaron a Lucía alimentan las prácticas de Uribe Noguera y quienes contribuyen a sostener este sistema que nos asesina a diario, esquivan su responsabilidad observando desde afuera los muros del psiquiátrico.

Activación del movimiento feminista

Entre quienes volaron sobre el muro, la respuesta fue inmediata: “con esta noticia – continúa Londoño- las compañeras de la Red Feminista de Medellín, comenzaron a alertar muy rápido sobre la necesidad de movilizarse (…) ellas hicieron un plantón en la ciudad de Medellín, en Arauca también algunas compañeras salieron a movilizarse y en Bógota también se dieron varias acciones”

 

 

La Organización Nacional Indígena de Colombia – ONIC, también se ha pronunciado a través de un comunicado publicado en su página oficial,  en el que se lee:

“Para la sociedad civil, hombres y mujeres indígenas este crimen tuvo efectos devastadores e irreparables en la vida de la niña y su familia, Juliana sufrió tortura y violencia sexual por parte del agresor que cegó su vida, extendiendo este daño irremediable al Pueblo Yanacona, al que le reconocemos su cultura y resistencia por la pervivencia. El dolor de su familia es también el nuestro y sabemos que nada le devolverá la vida, una semilla de vida que apagaron violentamente. Es por esto que todos los Pueblos Indígenas de Colombia a una sola voz exigimos justicia; no aceptamos argumentos ni acciones que intenten justificar o atenuar este horrendo crimen bajo el diagnostico de salud mental o cualquier otro que conlleve a la impunidad del acto.”

La fiscalía emitió la orden de captura sobre Rafael Uribe Noguera hoy, 6 de diciembre,  a pesar de estar identificado como culpable desde el día 5.  Todavía se encuentra en la Clínica Navarra, donde se ha hospitalizado. Se espera que en horas de la tarde un pronunciamiento legal sobre el proceso judicial al que será sometido.

 

 

En una semana, seis mujeres han sido asesinadas en Colombia. Sus nombres son: Dora Lilia Gálvez, Estefanny Pérez, Nataly Salas Ruiz,  Janeth Milena Londoño Romero, Yulitza Alexandra Camacho Ureña y Yuliana Andrea Samboy Muñoz. No son casos aislados. No fueron hombres enfermos, sino sanos representantes de un sistema que se articula para permitir – y promover- el feminicidio.  Seguiremos exigiendo justicia.

¡Ni Una Menos!

TZ

 

 

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