La constitución de la República Bolivariana de Venezuela contempla la valoración y defensa del hecho cultural como un bien inalienable y como un derecho legitimado. En menos de dos décadas se ha venido revirtiendo un largo proceso de colonización cultural que inocula en cada ciudadano la falsa idea de “mejorar la raza”, de parecernos a un modelo ajeno a la propia herencia.
En lo cultural se debate la identidad, y esta es el acicate de la fuerza productiva nacional y autóctona. Si no nos reconocemos como parte de una cultura propia, afirmativa y autónoma, nos alienamos y aspiramos a otras tierras y otros horizontes: es la fórmula de un sistema que pretende dominar, que subsume a los ciudadanos en una separación de sí mismos para seducirlos y convencerlos de producir para otros, consumando un accionar autoexpoliador que mucho le ahorra al capital.
Las políticas culturales son cruciales para defender el derecho a la autonomía y la soberanía no sólo en el plano espiritual e intelectual, sino en el productivo y financiero, pues un pueblo sin autoestima, es un pueblo que no trabaja para sí.
El Ministerio de la Cultura de Venezuela ha emprendido en este sentido una serie de estrategias para salvaguardar el patrimonio nacional, valorarlo en su justa dimensión, como un cuerpo diverso de prácticas únicas, contentivas de formas propias, originales e históricas de ser y hacer. De esta manera, a través del Centro de la Diversidad Cultural se han construido detallados informes que sistematizan saberes transmitidos generación tras generación, que constituyen un legado a cuidar para futuras generaciones, no sólo de Venezuela sino de toda la humanidad.
El trabajo de levantamiento, sistematización, exposición y defensa de esta información ha generado que sean reconocidas como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), cinco manifestaciones culturales venezolanas, todas constitutivas de la identidad nacional en su diversidad y riqueza:
1.- En el año 2012 fue la declaratoria del los Diablos danzantes del Corpus Christi, tradición que reúne a doce cofradías de diablos danzantes de la costa central, que rinden tributo mediante bailes, música y una compleja trama de vestimenta y puesta en escena, al santísimo sacramento de la iglesia católica. Es una festividad que congrega a toda la comunidad para su preparación y significa una forma de alianza colectiva anual a través de la confección de trajes, máscaras y comidas entre todos los habitantes de la comunidad.

2.- En diciembre de 2013 fue declarado Patrimonio Inmaterial de la Humanidad la Parranda de San Pedro, fiesta celebrada en las ciudades de Guarenas y Guatire del Estado Miranda. Todos los 29 de junio el pueblo de estas ciudades se reúne a celebrar a San Pedro mediante cantos y bailes para finalizar en una procesión que pasea al santo por los pueblos al sonido de las parrandas.

3.- La tradición oral del pueblo mapoyo fue declarada patrimonio inmaterial en el año 2014. Este reconocimiento implica resguardar no sólo la lengua mapoyo, de la cual quedan unos pocos ancianos hablantes, sino también todo lo relacionado a su imaginario y referencias simbólicas. El pueblo mapoyo habita el sur del Estado Bolívar, bordeando el río Orinoco.

4.- En el año 2015 fueron reconocidas las técnicas y tradiciones vinculadas al cultivo, procesamiento y tejido de la curagua. El cultivo de esta fibra implica un complejo proceso de trabajo que ha sido transmitido generación tras generación por las familias de la comunidad de Aguasay, en el Estado Monagas, en espacial por la mujeres. La fibra de curagua se utiliza para confeccionar diversos tejidos, entre ellos el de la famosas hamacas.

5.- En el año 2016, una vez más los venezolanos recibimos diciembre con la gran noticia de que una de nuestra múltiples tradiciones fue reconocida como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, esta vez el Carnaval del Callao. Con más de 120 años de antigüedad, todos los años la comunidad de El Callao en el Estado Bolívar, celebra el carnaval a través de una compleja puesta en escena de distintos personajes que representan la diversidad de roles y oficios que hacen vida en el pueblo, así tenemos a las madamas, alegres protagonistas de la fiesta, a los mineros, los diablos y los negros, todos bailando al ritmo del calipso que hace vibrar las calles de esta pequeña ciudad, transmitiendo el mestizaje caribeño en todo su esplendor.

Toda Venezuela celebra estos reconocimientos en tanto significan la salvaguarda de tradiciones ancestrales y autóctonas, pero sobre todo como cuido y resguardo de nuestra memoria cultural, memoria que nutre la identidad nacional desde la diversidad y afirma la venezolanidad como valor colectivo irreemplazable, que recibe esta la navidad al rimo del calipso.
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