A falta de pan, buenas son tortas: ¿qué pasa con la producción de pan salado en Venezuela?

A falta de pan, buenas son tortas: ¿qué pasa con la producción de pan salado en Venezuela?

Desde el año pasado los venezolanos han sufrido dificultades para acceder a los productos de la cesta básica, la mayoría regulados por el estado venezolano con la finalidad de que todos los ciudadanos puedan consumir a precio justo los alimentos de primera necesidad. El boicot y la especulación han sido estrategias claves de los empresarios para generar el descontento en la población y frustrar cada día el bolsillo de la clase trabajadora.

En un principio la ausencia de harina de maíz, un producto que forma parte de los hábitos del consumo venezolano, desapareció de los anaqueles y terminó en manos de los vendedores informales, a quienes empresas Polar (el monopolio de alimentos propiedad de Lorenzo Mendoza) distribuía incluso directamente a los llamados “bachaqueros”, quienes vendían los paquetes de harina muy por encima del precio regulado.

Los venezolanos comenzaron a migrar hacia otros rubros para preparar la tradicional arepa, como el plátano, la yuca, auyama, sustituyendo gradualmente el consumo del carbohidrato más popular, la harina de maíz. En la misma medida en la que los venezolanos demandaban otros productos, aumentaba el precio de los mismos; los ciudadanos se quedaban poco a poco sin alternativas, ya ni el arroz se encontraba en los anaqueles, y mucho menos a precio subsidiado.

El consumo del pan de trigo también fue aumentando, en esta misma medida subía desproporcionalmente el precio del tradicional pan salado. Aquellos que buscaban el pan como una alternativa de los carbohidratos, se encontraban cada semana con un precio nuevo, lo que obligó al gobierno nacional a regular este producto en las panaderías.

Cultura del pan en Venezuela

De acuerdo al trabajo de investigación La Invasión del Trigo realizado por el portal Misión Verdad, la primera embarcación de trigo fue traída a Venezuela en el año 1826 por el inglés John Boulton, quien en años posteriores fundaría la marca Pan Rico en la antigua Provincia de Maracaibo. De la mano de los colonizadores se implementó en el país un hábito de consumo que no era propio de los pueblos aborígenes, quienes tradicionalmente comían la llamada “arepa”, un plato hecho de harina de maíz pilado, reconocido antropológicamente como hábito alimenticio de los indígenas.

La oferta de las panaderías en Venezuela ha sido tradicionalmente el pan en sus diversas presentaciones, sin embargo, desde hace más de un año, las panaderías han venido disminuyendo la oferta de pan salado, aumentando otros productos de la harina de trigo como los cachitos, galletas, pastas secas y tortas. El alegato de los dueños de panaderías es que no hay harina de trigo en el país porque el estado venezolano no ha otorgado las divisas para la importación de dicho cereal.

El trigo, un producto de importación

De la importación del trigo en Venezuela hay una mentira y una verdad. Por un lado, es mentira que no haya trigo en el país porque sólo a principios del mes de marzo arribaron a los puertos nacionales 30 toneladas de este cereal. La verdad es que el único que está importando trigo en cantidades industriales en el país es el estado venezolano, a dólar preferencial y distribuido a las panaderías bajo las mismas condiciones de precios regulados.

Con mucha recurrencia se escucha a los clientes cuestionándose por qué razón sí hay harina de trigo para hacer tortas y productos desregulados, pero no hay para hacer pan salado; nunca como antes el patrón de consumo del venezolano había sido impuesto a niveles irrespetuosos, las panaderías ya no ofrecen el pan tradicional sino los de maíz, ajonjolí, orégano, escapando de la regulación implementada por el gobierno debido a que estas presentaciones de pan no están sujetos a regulación.

Venezuela, por sus condiciones climáticas, no es un país productor de trigo. De hecho en el país no abundan tierras agrícolas aptas en el piso templado, que es el adecuado para el cultivo. A través de varias investigaciones científicas se ha determinado que la producción de este rubro no se auto sostiene sobre todo en las áreas de baja altitud sobre el nivel del mar, debido a no presentarse en ellas condiciones climáticas, específicamente, de bajas temperaturas nocturnas que aseguren una producción permanente del cultivo.

Tortas sí, pan no

Dos mentiras se colocan en el tapete: ni los empresarios privados están trayendo trigo a precio de dólar negro, ni el estado ha dejado de distribuir el trigo a precio preferencial, de otro modo no puede explicarse la saturación que hay en el mercado de otros productos derivados del trigo como las tortas, galletas, snacks, chachitos, pan de sándwich y demás, productos fuera de la regulación de los precios.

Además de la baja en la producción del pan salado, las panaderías han impuesto horarios a la producción de estos panes, lo que genera largas colas de personas que van a estos locales a comprar pan a precio regulado. El límite de compra, por lo general, es de dos panes salados por persona, sin embargo, el límite para comprar tortas, cachitos y demás productos es infinito.

 

De un saco de harina pueden producirse unas 5 o 6 tortas cuyos precios rondan entre los 2.000 y 4.000 mil bolívares por ración; solo 400 canillas aproximadamente pueden producirse con un saco de harina, a un precio regulado de 100 Bs. cada una, esto tal vez explica por qué para los panaderos en Venezuela, a falta de pan, buenas son tortas.

Panaderías comunales por contrapeso

El gobierno venezolano ha implementado esta semana un instructivo para garantizar la producción y distribución en las panaderías de Caracas. Este despliegue estará conformado integrantes de los Comité Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP), Unidades de Batalla Bolívar – Chávez (UBCh), Superintendencia Nacional para la Defensa de los Derechos Socioeconómicos (SUNDDE) y la Milicia Nacional Bolivariana.

Estos locales deberán comenzar con la producción a partir de las 6:00 am hasta el cierre de las mismas; la venta se debe iniciar a más tardar a las 7:00 am y el 90 % de la materia prima (trigo) suministrada por el Estado, debe ser destinada a la elaboración de pan francés y canilla, mientras que el otro 10% se puede dirigir para realizar otro derivado del trigo. Se prohíbe la venta condicionada y el préstamo de materia prima entre panaderías.

Paralelamente, el gobierno nacional ha anunciado la activación de 114 panaderías populares de los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP) como parte del plan gubernamental Plan Pan para el Pueblo. Para tal fin se entregarán 13.608 sacos de harina, de productos como manteca, levadura, aceite, azúcar, sal, entre otros, para la producción del pan.

El CLAP, una amenaza para la oposición venezolana

La reacción de la oposición venezolana frente a las medidas tomadas por el gobierno nacional para hacerle frente al boicot y especulación son de repudio. El agosto del 2016 diputados de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) consignaron un documento ante Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), solicitando la eliminación de los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (Clap). ¿Por qué los CLAP (una alternativa productiva y distributiva comunal) son tan amenazantes como para pedir legalmente su prohibición?

Uno de los argumentos plasmados en este documento es la supuesta creación de mecanismos monopólicos en la distribución y comercialización de alimentos por parte del estado, sin embargo, la estructura económica venezolana, productiva y distributiva, está controlada en un 75% de manera directa e indirecta por grandes corporaciones, entre ellas empresas Polar.

Frente al monopolio de esta empresa privada, ninguno de los parlamentarios ha manifestado rechazo, como tampoco ha planteado una acción conjunta para ayudar a que los venezolanos puedan acceder a los alimentos a precio justo. La única alternativa planteada por la oposición es la declaración de una crisis humanitaria en el país y la aceptación de una “ayuda humanitaria” por parte de otros países. 

Tomás Guanipa, Secretario Nacional de Primero Justicia, declaró recientemente que los CLAP no resuelven el problema de escasez de comida en el país y asegura que los venezolanos no quieren cajas de alimentos sino comprar su comida “cuando quieran”.

Los CLAP han repartido alimentos y productos de aseo personal a 1.945.000 familias de 644 parroquias priorizadas del país desde su creación en el año 2016; la meta es lograr atender a más de 6 millones en este 2017.  Estos comités han avanzado en diversas formas de distribución y producción, como el CLAP pesquero, que ha distribuido más de 650 toneladas de pescado en el país, los CLAP textiles que se encargan de confeccionar uniformes escolares; centros de empaquetamientos propios, entre otros.

El objetivo de estos comités es promover la organización popular para que las propias comunidades abastezcan y distribuyan los alimentos  a través de una modalidad de entrega de productos casa por casa, como mecanismo para combatir la reventa, especulación, acaparamiento y contrabando productos de primera necesidad.

AMR

 

 

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