7 episodios donde la tregua demostró que hasta en las peores guerras nacen gestos de humanidad

La paz ha sido para la humanidad, apenas, un breve descanso entre las guerras. La historia de la civilización se ha tejido en torno a los conflictos bélicos, utilizados para conseguir y acopiar recursos que sostengan la vida de unos pueblos por encima de otros.

Es una lógica primaria y bárbara, que se mantiene hasta nuestros días con aditivos raciales, coloniales, opresivos, para que ciertos grupos hegemónicos, valiéndose del conflicto, asuman el control y el destino de otros, en beneficio propio.

Las luchas han girado siempre en torno a una riqueza particular: territorio, hierro, oro, agua, sal, mano de obra, petróleo. Desde las beligerancias tribales de los pueblos ancestrales hasta las guerras de independencia. Para ello, han requerido sostener discursos y prácticas de supremacía, dominación, dignidad, etc., alcanzando el paroxismo de la ofensiva encarnizada cuando el poder de las armas y el volumen de los ejércitos, permiten aplastar al más débil sin contemplación.

No obstante, dentro de los conflictos bélicos, ocurre un fenómeno que también es una constante dentro del devenir histórico de las sociedades, y es que, ante un panorama desalentador, se despiertan los valores positivos de la condición humana.

Si bien la guerra no representa sino un gran fracaso de la gesta civilizatoria, por carecer de ética y compasión, en algunas circunstancia permite aflorar la tolerancia, el respeto, la solidaridad, la convivencia, permitiendo un alto al fuego aunque sea de forma temporal o momentánea.

Así nacen las treguas.

La mayoría de las veces no son impulsadas por los líderes sino por los protagonistas directos que se encuentran en el terreno del combate. En la historia podemos encontrar algunos ejemplos:

El abrazo navideño entre las tropas

7. Licencia por Navidad

Una de las treguas más conocidas en la historia, fue la vivida en la víspera de la navidad de 1914 en el marco de la Primera Guerra Mundial (1914-1918). Tras estar cada uno en sus trincheras en la zona de Ypres, Bélgica, soldados alemanes y británicos, sin el conocimiento de los líderes del conflicto, dieron un alto al fuego para celebrar la tradición navideña con villancicos, regalos, partido de fútbol, y la posibilidad de dar justo entierro a los caídos de ambos bandos. Así, grupos enemigos fraternizaron y trajeron la paz por algunas horas en medio de la destrucción.

6. Un convenio castizo

Se habla de algunas pausas no oficiales durante la Guerra Civil Española (1936-1939), que si bien no son conocidas o tan documentadas, refieren varios altos al fuego por parte de los bandos enfrentados. Por ejemplo, en las navidades de 1936 y el 1 de junio de 1937, se vivieron las treguas conocidas como del monte Kalamua y del Manzanares, respectivamente. En cada una, los soldados dejaron las diferencias y las armas por algunas horas para compartir artículos y bebidas de forma hermanada y pacífica.

Miembros de las FARC captados en 1984 durante las discusiones con el Gobierno

5. El reposo fugaz

En el contexto del conflicto armado que ha azotado a Colombia durante gran parte del siglo XX, se han verificado algunos episodios que promueven el cese al fuego a fin de conseguir la concordia, aunque sea fugaz. Uno de ellos fue el firmado en 1984 por los líderes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y el gobierno colombiano, que fue llamado Acuerdos de cese al fuego, paz y tregua y que tuvo una duración de un poco más de dos años.

4. Pacto entre caballeros

También se puede mencionar el cese de las hostilidades que se dio en el periodo de la independencia venezolana cuando, el libertador Simón Bolívar y el jefe realista Pablo Morillo, firmaron el 25 de noviembre de 1820 un armisticio y tratado de regularización de la guerra, con el objetivo de dar un carácter más humano a las hostilidades y el reconocimiento del otro. El cese de enfrentamiento duraría hasta enero de 1821, cuando se reanudaron las operaciones militares.

Jesse Owens recibiendo una de sus medallas junto a un atleta alemán

3. Un alto deportivo

La tregua olímpica es una modalidad de paz en sí misma, que respetan, por voluntad propia, los estados en conflicto. Casi siempre se pacta en el contexto del gran encuentro mundial de las disciplinas deportivas, cada cuatro años, a excepción de la tristemente célebre masacre de Múnich durante los Juegos Olímpicos de Alemania en 1972. Sin embargo, aún permanece latente en la memoria la ejemplar tregua de las olimpiadas de ese mismo país, pero en 1936, en plena efervescencia de la Alemania Nazi, dos años antes de estallar la II segunda Guerra Mundial. Fue cuando el afrodescendiente norteamericano Jesse Owens se adjudicó cuatro medallas de oro en las pruebas de atletismo, ante la mirada impávida del mismísimo Adolf Hitler.

Foto de la histórica caimanera entre chavistas y opositores.

2. Chavistas y opositores se la juegan

Otro episodio edificante, que no se debe perder de vista, se vivió en nuestro propio suelo durante el clímax del paro petrolero de 2002 y luego de una batalla campal en la autopista de Prados del Este, cuando vecinos de Santa Fe y del barrio Santa Cruz del Este decidieron hacer un alto para dirimir sus diferencias ideológicas con una partida de futbolito. Realmente fueron dos amistosos de 20 minutos, que se desarrollaron en medio de vítores fraternos y la mirada expectante de la prensa mundial, que, oh casualidad, ganaron los chavistas en ambas ocasiones.

1. La tregua imposible

Pero llegó Donald Trump y decidió desafiar, con actitud despiadada, una costumbre digna y noble de la humanidad. En medio de las súplicas del mundo multipolar (Rusia y parlamentarios norteamericanos), de los organismos multilaterales (la Organización Mundial de la Salud); de artistas, intelectuales y pueblos sin distinciones ideológicas, el mandatario norteamericano insiste en enfilar sus instrumentos letales contra Venezuela (a la par de China, Cuba, Nicaragua, Irán, etc.), usando el coronavirus como arma y sosteniendo el bloque económico, las sanciones financieras y toda la presión militar posible en su empeño por defenestrar el gobierno que nos dimos democráticamente los venezolanos.

No es muy difícil aventurar una explicación: Venezuela tiene recursos ilimitados, la excusa perfecta en la historia universal de las guerras, por lo que es poco probable cifrar esperanzas en que el imperio norteamericano (y sus aliados de ocasión) cejen en su empeño.

En medio de la peor crisis sanitaria que recuerde el planeta, la administración Trump intenta mantener como rehén la salud de los venezolanos. En sus aviesos fines, utiliza la pandemia para chantajear al presidente Maduro a fin de que abandone el mando, arrastrando con ello a un pueblo entero que reclama tregua, ese pacto sagrado que ha nacido incluso en medio de los conflictos más sanguinarios.

Simón Sánchez y Marlon Zambrano/VTactual.com

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