El día comenzó entre el silencio y el desencanto
Desde tempranas horas del domingo 25 de mayo de 2025, los centros de votación en Venezuela lucieron vacíos. La imagen contrastó con la intensidad de las elecciones presidenciales del 28 de julio del año anterior. La razón: un llamado masivo a la abstención promovido por María Corina Machado y otros líderes opositores. El mensaje caló. Según cifras oficiales del Consejo Nacional Electoral (CNE), solo el 42,6% de los votantes acudió a las urnas.
Además del descontento político, una fuerte represión marcó las horas previas a la jornada. Al menos 70 opositores fueron arrestados en solo dos días, lo que para muchos evidenció que no se trataba de una elección libre ni transparente.
El chavismo se declara vencedor sin competencia real
Cerca de la medianoche, Elvis Amoroso, rector del CNE, anunció los resultados: el oficialismo ganó con un aplastante 82,6% de los votos, obteniendo 23 de las 24 gobernaciones en juego. El mensaje del Gobierno se centró en celebrar lo que llamó una “jornada cívica y pacífica”.
Sin embargo, ese alto porcentaje de victoria llegó en un contexto donde la mayoría de la oposición no participó, lo que dejó el campo libre para que el chavismo “se contara solo”, como ya ocurrió en las parlamentarias de 2020.
La oposición dividida: abstención o participación con límites
María Corina Machado, desde la clandestinidad, publicó un video al cierre de las urnas donde afirmó: “Más del 85% de los venezolanos desobedecimos a este régimen”. Según su análisis, la abstención fue una muestra de desobediencia civil y rechazo colectivo a un proceso que considera fraudulento.
Mientras tanto, los pequeños bloques opositores que sí participaron —como Unión y Cambio (5,18%), Fuerza Vecinal (2,57%) y Alianza Democrática (6,25%)— se enfrentaron a cuestionamientos internos. Henrique Capriles defendió la vía electoral: “Para reivindicar lo que este pueblo tiene en el corazón, hay que expresarlo”.
El poder del Estado al servicio del oficialismo
Durante la tarde, el chavismo activó la ya conocida “operación remate”, movilizando a votantes con recursos estatales en barrios populares y zonas rurales. Aun así, la respuesta fue tímida. El CNE decidió extender por una hora el cierre de mesas alegando “alta afluencia” en algunos centros, aunque las imágenes en redes sociales mostraban lo contrario: sillas vacías, pasillos desiertos y total indiferencia.
La maquinaria comunicacional oficial evitó panorámicas, centrando su cobertura en planos cerrados y mensajes de felicitación por una supuesta victoria democrática.
Más allá de las cifras: ¿qué significan estas elecciones para Venezuela?
Los números hablan: una mayoría del país se mantuvo al margen, lo cual socava la legitimidad del proceso. La represión previa, la falta de observadores internacionales y la baja participación fortalecen las críticas que señalan que el chavismo ya no compite, simplemente se perpetúa.Al mismo tiempo, el uso de estas elecciones para validar la inclusión de la Guayana Esequiba como entidad federal fue rechazado por Estados Unidos, que calificó la maniobra como un intento ilegítimo de alterar fronteras. Este acto eleva la tensión con Guyana y deja claro que la narrativa nacionalista sigue siendo parte de la estrategia de poder del régimen.

