InicioActualidad¿Bukele es un líder antipático dentro y fuera de El Salvador?

¿Bukele es un líder antipático dentro y fuera de El Salvador?

La figura de Bukele despierta tensiones entre sus seguidores y críticos

Nayib Bukele, presidente de El Salvador desde 2019, ha consolidado una imagen polarizante a nivel nacional e internacional. Aunque sus índices de aprobación interna se mantienen altos, su estilo autoritario, el control institucional y su retórica confrontativa lo han convertido en un líder antipático para amplios sectores sociales y políticos, especialmente en medios internacionales, organismos de derechos humanos y gobiernos democráticos.

¿Por qué muchos salvadoreños lo siguen apoyando?

Dentro del país, Bukele mantiene una base popular sólida. Su política de seguridad, especialmente el régimen de excepción contra las pandillas, ha reducido drásticamente los homicidios, según cifras oficiales. En 2015, El Salvador registraba más de 100 homicidios por cada 100,000 habitantes. Para 2023, esa cifra bajó a menos de 10, según datos del Ministerio de Seguridad.

A pesar de las denuncias por violaciones a derechos humanos, detenciones arbitrarias y falta de debido proceso, muchos ciudadanos valoran la sensación de seguridad. Las encuestas de CID Gallup y otras firmas indican que más del 80 % de los salvadoreños aprueban la gestión presidencial. Sin embargo, esta misma estrategia represiva ha generado el rechazo de sectores defensores de los derechos civiles.

La narrativa internacional: ¿dictador moderno o reformista autoritario?

Fuera de El Salvador, el discurso sobre Bukele cambia de tono. La prensa internacional lo ha descrito como un «dictador cool», «líder populista digital» o «nuevo caudillo centroamericano». Su decisión de reelegirse pese a una prohibición constitucional previa, el control del sistema judicial y su enfrentamiento con medios independientes y ONGs han generado críticas severas de entidades como Human Rights Watch, Amnistía Internacional y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.

En Estados Unidos, varios senadores han advertido sobre la deriva autoritaria de su gobierno. En Europa, algunos medios lo comparan con líderes como Viktor Orbán o Jair Bolsonaro, destacando su estilo confrontacional y el debilitamiento institucional.

Redes sociales

Bukele ha hecho de Twitter (hoy X) su canal oficial de comunicación. Desde ahí anuncia decisiones gubernamentales, responde a medios de comunicación y ridiculiza a opositores. Aunque esta estrategia ha generado una conexión directa con jóvenes y votantes desinteresados de la política tradicional, también ha sido vista como una forma de evadir la rendición de cuentas formal y promover una figura mesiánica.

En 2022, tras el despliegue masivo de militares en barrios populares, Bukele tuiteó: “Estamos limpiando el país de terroristas”. Mientras tanto, medios como The New York Times y The Guardian alertaron sobre la falta de transparencia en las cifras y procesos judiciales.

¿Qué consecuencias a largo plazo?

El liderazgo de Bukele, carismático para unos e impositivo para otros, abre un debate sobre los límites del poder presidencial en América Latina. La concentración de poder en el Ejecutivo, el desprecio por el pluralismo y la judicialización del disenso son prácticas que, aunque populares en el corto plazo, generan incertidumbre sobre la calidad democrática del país a largo plazo.

Además, su fricción con organismos multilaterales y la opacidad en temas fiscales y de deuda externa complican el panorama financiero salvadoreño. Iniciativas como la adopción del Bitcoin como moneda de curso legal, si bien llamativas, han sido ampliamente criticadas por el Fondo Monetario Internacional y calificadoras de riesgo como Fitch y Moody’s.

¿Antipatía justificada o miedo al cambio?

El fenómeno Bukele no se limita a El Salvador. Representa una tendencia global en la que líderes con discursos rupturistas y uso intensivo de redes sociales concentran poder con amplio respaldo popular. La antipatía que despierta puede interpretarse como un reflejo del rechazo a las normas democráticas convencionales o como una reacción legítima ante el avance del autoritarismo.Su estilo antipático ha servido para consolidar su poder, pero también para aislarse en el escenario internacional. La historia determinará si Bukele fue un reformador eficaz con métodos cuestionables o un líder autoritario cuya popularidad encubrió un retroceso democrático.

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