#VTanálisis Caravanas de migrantes: un producto de la violencia

En una región en donde el narcotráfico es el único negocio y por su causa se agudiza la violencia, es lógico que exista una importante cifra de desplazados. Lo que no tiene tanta coherencia es que esos individuos depositen sus esperanzas de tener una vida diferente en un país que los persigue, denigra, margina y violenta.

Esa es la historia de los miles de migrantes centroamericanos que han protagonizado desde 2018 varias caravanas hacia EE. UU. con el objetivo de encontrar su propia versión del mal llamado sueño americano, que no es más que un eufemismo publicitario utilizado como herramienta de dominación.

Familias separadas, niños que mueren de hambre y sed en el camino, que si llegan sanos a EE. UU. son condenados a dormir en jaulas sin poder ver a sus padres, son apenas una parte de los desmanes que ha ocasionado la falta de políticas gubernamentales destinadas a detener el flagelo de la violencia en Centroamérica.

Y es que en El Salvador, Guatemala y Honduras, son distintos los tipos de violencia que acorralan a la sociedad, entre ellos se cuentan los miles de homicidios contra hombres jóvenes, contra niñas y mujeres, el acoso de las pandillas y por su puesto el narcotráfico, que ha tomado el territorio como una buena alternativa para impulsar la producción de heroína, opio y metanfetaminas; mientras trabajan por hacer de Centroamérica un corredor seguro para el tránsito de cocaína hacia EE. UU.

Un informe de la Organización de Naciones Unidas (ONU) señala que más del 80 por ciento de la cocaína que llega a EE. UU. ha pasado antes por esta región, donde más de 900 pandillas (conocidas como maras) compuestas por unos 70 mil hombres se disputan el control de este lucrativo negocio.

Y es en el centro de esa disputa que se desarrolla el 15% de homicidios que afectan sobre todo a la población masculina, que si no se adentra en el negocio de la droga corre el riesgo de perder su vida y la de toda su familia.

Por otra parte, la violencia sistemática en contra de la mujer – que comienza en la primera infancia y se mantiene durante toda su vida- aporta un 45% más de migrantes a estas caravanas, integradas por ciudadanos atemorizados y hastiados de la situación en sus países, que terminan siendo víctimas también en el país destino.

Para tener una idea de la magnitud de la violencia contra las mujeres en la región, tomaremos como ejemplo las estadísticas de El Salvador, un país de más de siete millones de habitantes de los cuales alrededor de tres millones 300 mil son mujeres. De ese total, el 50% asegura haber sido víctima de violencia en diferentes etapas de su vida.

De hecho, este país encabeza las estadísticas de feminicidios en toda Latinoamérica, según datos aportados por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL). En segundo lugar se encuentra Honduras, donde en 2019 fueron asesinadas 5.1 mujeres por cada 100 mil.

Guatemala, aunque en menor medida, también presenta índices elevados de violencia contra las féminas. Autoridades de ese país, señalan que a diario se reciben entre 220 y 230 denuncias por ataques perpetrados contra las mujeres.

Aunado a este flagelo encontramos la impunidad, que se agudiza por la inacción del Estado y las amenazas de las pandillas que controlan todo a su alrededor.

Tan sólo en Honduras, cifras reveladas por Organizaciones No Gubernamentales aseguran que el 90% de los homicidios no son investigados por las autoridades, lo que permite que los victimarios continúen delinquiendo.

Otra forma de violencia contra los centroamericanos es la desigualdad, que les aleja de oportunidades educativas o laborales dependiendo de su sexo o edad. En este caso, las más afectadas siguen siendo las mujeres que se ven discriminadas aunque hayan hecho un esfuerzo por formarse.

Al respecto, la Cepal advierte que la falta de un empleo estable también se cuenta como una causa de la violencia en todas sus formas. Asimismo, el incremento demográfico, el deterioro de los salarios y la falta de tierras para cultivar.

Con este panorama como referente no es de extrañar que miles de centroamericanos se animen a marchar en las caravanas en busca de un mejor futuro. Sin embargo, lo que la mayoría se encuentra en el camino es más violencia, desigualdad y rechazo.

¿Qué vive un migrante en su recorrido hacia el “sueño americano”?

La mayoría de los migrantes que deciden iniciar su recorrido desde la llamada “ilegalidad”, sufren abusos de los coyotes y las guardias fronterizas en los diferentes países que transitan.

Es tal la violencia que enfrentan, que las mujeres que deciden emigrar saben que deben protegerse al menos contra embarazos no deseados. Es por eso, que se colocan una inyección anticonceptiva que tiene una duración de tres meses.

Por otra parte, se encuentra el drama de los padres, que en muchos casos deciden enviar a sus hijos solos a cruzar la frontera sí tienen algún familiar que los reciba al otro lado. Muchos de ellos mueren o desaparecen en el camino.

Igualmente, se enfrentan al cansancio de un recorrido que realizan a pie. También encaran el hambre y diferentes enfermedades. Sólo los más fuertes sobreviven a esta especie de corredor de la muerte que si no te mata físicamente lo hace psicológicamente.

Andreína Ramos Ginés/ VTActual.com

Migrantes impulsan caravana hacia la frontera mexico-estadounidense

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