InicioActualidadMercadona e Inditex y el dilema del modelo económico español

Mercadona e Inditex y el dilema del modelo económico español

La semana pasada, dos de las mayores empresas españolas, Mercadona e Inditex, presentaron sus resultados financieros. Con cifras récord en facturación y dividendos, ambos gigantes reafirman su dominio en sus sectores. Pero detrás de estos números hay una pregunta incómoda: ¿qué nos dicen estos éxitos empresariales sobre el modelo económico español y su promesa de ser «el más social de la historia»?

Mercadona vs Inditex

Mercadona, el rey de los supermercados, facturó 7.000 millones de euros en 2023 y repartió 680 millones en dividendos a sus accionistas. Su éxito se basa en un modelo centrado en la eficiencia, precios bajos y una cadena de suministro hiperlocal (el 80% de sus proveedores son españoles). Para sus defensores, es un ejemplo de cómo integrar la rentabilidad con el impacto social: crea empleo estable (más de 100.000 trabajadores) y apoya a pymes locales.

Inditex, propietaria de Zara, alcanzó los 35.900 millones de euros en ventas y distribuyó 4.150 millones en dividendos, la mayor cifra de su historia. Su fortaleza radica en la moda rápida y una red global de producción y ventas. Sin embargo, su modelo genera debates: ¿es sostenible un sistema que depende de la rotación constante de colecciones y de una mano de obra mayoritariamente externa (el 60% de sus fábricas están en Asia)?

Un país con – muchas – desigualdad persistente

Las cifras de dividendos han encendido las redes. En un contexto donde el 20% de los españoles vive en riesgo de pobreza y los salarios crecen por debajo de la inflación, ¿cómo se explica que dos empresas repartan casi 5.000 millones de euros a sus accionistas en un año? Para algunos, esto refleja la salud de un sistema que premia la innovación. Para otros, es síntoma de un neoliberalismo que prioriza el capital sobre el bienestar social.

El gobierno español se define como defensor de un «capitalismo progresista«, con avances como el aumento del salario mínimo o la Ley de Vivienda. Pero críticos señalan que políticas como las rebajas fiscales a grandes empresas (la tasa efectiva del impuesto de sociedades en España es del 15%, frente al 21% teórico) o la flexibilización laboral perpetúan un sistema donde las grandes corporaciones acumulan riqueza, mientras el ciudadano medio lucha por llegar a fin de mes.

¿Neoliberalismo o economía social? 

El término «neoliberalismo» se usa a menudo como un cajón de sastre, pero aquí importan sus efectos prácticos: si el éxito de Mercadona e Inditex contribuye a un progreso colectivo o profundiza las brechas. Ambas generan empleo (juntas dan trabajo a más de 500.000 personas globalmente), pero su estructura accionarial —Mercadona controlada por la familia Roig, Inditex por la familia Ortega— plantea dudas sobre quién se beneficia realmente del crecimiento.

El gobierno insiste en que el dinamismo empresarial es clave para financiar políticas sociales. Sin embargo, los datos son ambiguos: España sigue siendo el cuarto país más desigual de la UE, según Eurostat. Mientras, las grandes empresas incrementan su cuota de mercado (Mercadona ya controla el 26% del sector retail alimentario), lo que para economistas como Thomas Piketty podría conducir a una concentración de poder económico peligrosa para la democracia.

Equilibrio ¿posible?

No se trata de demonizar el éxito o pronosticar la recesión, sino de preguntarnos qué tipo de economía queremos. Mercadona e Inditex son casos de estudio opuestos: una arraigada en lo local, otra en la globalización. Ambas legítimas, pero su coexistencia con un modelo social justo exige regulaciones audaces. Por ejemplo:

  • ¿Deberían gravarse más los dividendos millonarios para invertir en servicios públicos?
  • ¿Cómo garantizar que las pymes no queden ahogadas por los gigantes?
  • ¿Es posible alinear los intereses de accionistas y trabajadores?

La respuesta no es sencilla, pero el diálogo es urgente. Como ciudadanos, debemos exigir transparencia y equilibrar la admiración por estos «campeones nacionales» con la demanda de un sistema donde el crecimiento económico no sea un fin, sino un medio para mejorar vidas.

Mercadona e Inditex nos muestran que España sabe crear empresas brillantes. La siguiente prueba —para el gobierno y la sociedad— es demostrar que también sabe construir un futuro donde el éxito se mida no solo en dividendos, sino en dignidad compartida.

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