En los 90, PDVSA era dirigida por los gringos a control remoto. La industria petrolera era gerenciada por lo que se llamó la “nómina mayor” un grupito de individuos privilegiados, algunos de ellos pertenecientes a las familias que históricamente han conformado a la oligarquía venezolana: incrementaban su caudal monetario negociando con los recursos de los venezolanos. En los 90, PDVSA estaba al servicio de las grandes trasnacionales petroleras, especialmente las estadounidenses.

De esta élite surgió la llamada «Apertura Petrolera». Con la complicidad del extinto Congreso Nacional, la casta que administraba PDVSA aprovechó las debilidades de la legislación en materia petrolera para permitir a las trasnacionales retomar el control de las principales actividades de la industria de los hidrocarburos. Forman parte de ese esquema de privatización: los convenios operativos, las asociaciones estratégicas, la internacionalización y la tercerización o outsourcing.

Los “Convenios Operativos” suponían la entrega de campos petroleros considerados marginales -de “difícil explotación” y “poco rentables para PDVSA”- para su “reactivación” por las transnacionales, contratos de exploración y explotación por 20 años, un pago de 34% de Impuesto sobre la Renta – sin regalías- las cuales eran asumidas por PDVSA.

Así mismo, la petrolera estatal venezolana acordó que la solución ante posibles conflictos podrían ser dirimidos en arbitraje supranacional: una franca violación de la soberanía venezolana. Los casos judiciales se decidían en Estados Unidos.

Las empresas exigían cuatro obligaciones económicas que debía asumir PDVSA: Los costos de operación, los costos de capital, los incentivos para una mayor producción y las deudas adquiridas por las empresas para poder realizar inversiones: como resultado Venezuela acababa pagando entre el 110 y el 135 % por cada barril de petróleo venezolano producido.

La vieja PDVSA al servicio de los gringos, entregó a 22 empresas transnacionales 32 campos petroleros. Los negocios realizados durante los convenios operativos significaron la privatización de casi 500 mil barriles diarios de petróleo. Se estima que las pérdidas ocasionadas por la implementación de esta política ascienden a 3,4 billones de dólares.

Cuando el Comandante mandó a parar

Chávez emprendió la política de “plena soberanía petrolera” con el objetivo de recuperar el control total. Es decir: nacionalizar verdaderamente la empresa petrolera nacional. Chávez transitó de la redacción a la acción el mandato constitucional que reserva el derecho de la exploración y explotación de petróleo a la nación, así como también el control fiscal y de todo lo relacionado con el cobro de las regalías, impuestos, y administración de los recursos naturales.

Desde entonces, renta petrolera venezolana ya no está a la merced del capital transnacional, ni queda en manos de la oligarquía. El logro transversal de Chávez fue redistribuir y democratizar el ingreso petrolero para traducirlo en bienestar: salud, educación, vivienda y alimentación para el pueblo.

La Guerra del Petróleo

Vayamos a lo específico en el caso de la Exxon Mobil, y su guerra contra Venezuela. La élite de corruptos que administraba PDVSA en la década de los 90, entregó la Faja Petrolífera del Orinoco a las trasnacionales.

Se alegaba que lo que reposaba en el subsuelo de la zona era bitumen. Casi lograban convencer a los venezolanos del “favor” que les hacían las «benévolas trasnacionales» al tomarse la molestia de llegar al suelo bolivariano y sacar ese bagazo. La verdad es que allí se encuentra un inmenso patrimonio energético de Venezuela. Y por esa riqueza se pelea.

Para el momento del inicio del proceso de recuperación de la soberanía de la Faja del Orinoco, seis compañías extranjeras ya habían iniciado actividades en dicho reservorio. De ellas, cuatro culminaron exitosamente negociaciones con el Estado venezolano. Las otras dos, eran Conoco y Exxon Mobil. Se inició una guerra de baja intensidad contra Venezuela.

La Exxon Mobil comenzó un abusivo proceso que sólo puede ser calificado de “terrorismo judicial”: obtuvo de una corte en Londres una orden de congelamiento de activos de PDVSA con alcance mundial.

ExxonMobil afirmó que PDVSA le debía 12 mil millones de dólares por la nacionalización del Proyecto Cerro Negro. Dijeron que la trasnacional estadounidense –pobrecitos- necesitaba protección de la corte en Londres.  PDVSA demostró que se trataba de una maniobra.

En aquella oportunidad, Chávez reaccionó declarando:

“La victoria contra la ExxonMobil es la joya de la corona, aún cuando no debemos bajar la guardia ni dormirnos en los laureles, porque Venezuela se enfrenta al imperio norteamericano”.

El siguiente paso de la Exxon Mobil fue el inicio de un arbitraje contra PDVSA ante la Cámara de Comercio Internacional. En este escenario se ratificó que el conflicto respondía a las pataletas de una trasnacional habituada a comprar voluntades. El arbitraje reconoció que si en la Exxon hubiera prevalecido el interés de negociar un acuerdo de buena fe, habrían logrado la compensación apropiada mediante un acuerdo amigable.

La trasnacional redobló la apuesta y acudió al Centro Internacional de Arreglo de Diferencias Relativas a Inversiones (CIADI). Que, valga la aclaratoria,  no son unos «angelitos del señor», por el contrario han servido en varias ocasiones a la violación de la soberanía de Estados.

El tema es que en el CIADI, PDVSA le metió otra paliza a la Exxon Mobil que pedía 20 mil millones de dólares y el arbitraje falló una compensación de un mil 591 millones de los cuales se descontarían 907 millones de dólares que Venezuela había cancelado y los gastos por el laudo arbitral.

El último round

Este 9 de marzo, Venezuela celebró la decisión del CIADI que revocó la decisión que ordenaba al gobierno bolivariano a pagar 1.4 millardos de dólares  a la estadounidense Exxon Mobil.

“Esta acción del Ciadi reconoce el apego legal de la decisión emanada de las autoridades venezolanas competentes, sobre la naturaleza jurídica de la participación de la Exxon Mobil en el Proyecto Cerro Negro”, indicó el comunicado oficial.

El documento ratificó “a Exxon Mobil y a las empresas internacionales nuestra disposición a seguir trabajando juntos en proyectos energéticos para el desarrollo de Venezuela.”

Los bolivarianos no olvidan las recomendaciones de Chávez y permanecen con  los ojos bien abiertos… como dice la canción “camarón que se duerme, se lo comen los turistas”

LC

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