Remesas: otras víctimas del Coronavirus

Las remesas son otras víctimas del coronavirus. Surgen tras la imposibilidad de que inmigrantes latinoamericanos enfermos de Covid-19, envien recursos a los familiares que se encuentran en sus países de origen.

Al hecho de no poder trabajar por padecer la enfermedad del Covid-19 se suma la preocupación de no enviar el dinero a esos familiares que dependen de las remesas.

Tal es el caso de Axayácatl Figueroa quien en cama por semanas sufría dolores por todo el cuerpo y problemas para respirar, así lo reseña el trabajo periodístico difundido en el portal ny1noticias.

Figueroa solo contaba con el té que algún compañero de su piso de Nueva York le dejaba al otro lado de la puerta, desde donde un ataque de tos era la única señal de que seguía vivo. 

Sólo pensaba en su familia en San Jerónimo Xayacatlán, en el centro de México. Cada mes enviaba a su esposa y su hijo 300 o 400 dólares.

Su trabajo deshuesando pollo y cortando carne, durante más de una década en el sótano de una cocina de un restaurante vietnamita, posibilitaba el envío del dinero. Esto ya no lo pudo hacer más tras padecer de Covid-19.

“Sentí desesperación, no podía hacer nada”, asegura Figueroa.

Remesas

Todo por las remesas

La angustia y desesperación la sufre tanto Figueroa enfermo en Nueva York, como su familia en San Jerónimo quienes temen que sus parientes en el norte pierdan sus trabajos o que se enfermen solos y sin documentos para moverse libremente.

Las remesas que envían los migrantes desde EE.UU. son el motor de lugares como San Jerónimo Xayacatlán. Este pueblo cuenta con menos de 4.000 habitantes en el estado mexicano de Puebla.

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Pese a la pandemia, Axayácatl Figueroa considera que su esfuerzo vale la pena.

Sin embargo, su hijo Ariel Juan Figueroa de 18 años, no está de acuerdo con las apreciaciones de su progenitor. “Hubiera preferido tenerlo aquí”, dice el joven estudiante de enfermería, quien no ve a su padre desde hace 15 años.

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Axayácatl Figueroa

Otros efectos del éxodo

Por ir tras el sueño americano, pobladores de San Jerónimo iniciaron su éxodo entre 1990 y 2000, lo que originó un pueblo dependiente de las remesas.

Esta migración ha generado otros efectos: familias que han crecido divididas, pero los salarios en cocinas y bodegas neoyorquinas pagaron medicinas, servicios, estudios y cambiaron la apariencia del pueblo.

Ibaan Olguín Arellano, el alcalde de San Jerónimo, calcula que antes de la pandemia llegaban hasta medio millón de dólares en remesas cada mes. Pero con el coronavirus, las cosas cambiaron. “Nunca hubo un parón así”, afirmó.

Aunque no maneja las cifras, en abril y mayo era evidente la ausencia de colas frente a las casas de cambio de Acatlán de Osorio. En ese pueblo los vecinos de San Jerónimo van a recoger su efectivo.

SI/VTactual

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