El cuatro venezolano: un instrumento que se defiende solo

Homero nos cuenta que el dios Hermes siendo apenas un niño esperó que Apolo saliera de viaje para robar su rebaño de vacas, al entrar a la cueva donde vivía su hermano halló una tortuga, y con su caparazón y algunas tripas construyó un instrumento musical. Apolo enfadado por el ultraje prometió dar un castigo ejemplar al autor del robo. Cuando se acercó a su cueva escuchó unas maravillosas melodías y descubrió al pequeño bandido rasgando las cuerdas de su magnífico invento, quedó tan fascinado que no tuvo más remedio que perdonarlo y Hermes le obsequió su sonoro invento.

Según la mitología de occidente este fue el nacimiento del primer instrumento de cuerda, al que se llamó lira, y de este nacerían todos los instrumentos de las cuerdas modernas. Quizá de este parentesco tan remoto sea el cuatro venezolano, de esos primeros instrumentos hechos de caparazones y tripas de animales por los hombres que hace milenios poblaron la tierra y que Homero nos lo ofrece como un hermoso mito.

Hijo directo de la guitarra renacentista, el cuatro, llegó con la invasión de los españoles al suelo americano. En nuestro país este instrumento fue agarrando tanto arraigo que acompaña casi la totalidad de los géneros de la música tradicional venezolana como el joropo, el polo oriental, la gaita zuliana, la jota, el merengue, la fulía, entre otros. A tal punto que en 2013 fue declarado como Patrimonio Cultural de Venezuela.

Pero el cuatro no se quedó en el tiempo como un actor de reparto solamente, gracias al maestro Fredy Reyna, pionero del cuatro solista, a partir de los años 50 empezó, –luego de adquirir una buena base para la ejecución de la guitarra–, a componer piezas para cuatro. “Su contacto con el cuatro fue accidental –nos cuenta Ángel Martínez– el 27 de agosto de 1948, nació Maurice, el tercero de cuatro hijos. Por ese motivo, Fredy decide llevarle una serenata a su inseparable Lolita. Entre los serenateros se encontraban Raúl Borges, Rafael Carías, Domingo Mendoza, entre otros. Fredy se quedó en su casa junto a su esposa y la serenata de sus amigos siguió su ronda. El prestó su guitarra y esta más nunca apareció. Ante la necesidad de seguir estudiando su instrumento y la falta de recursos económicos que le permitieran comprar una guitarra, tomo un cuatro y lo afinó como las cuatro cuerdas más agudas de la guitarra. Este contacto accidental con el cuatro, el utilitario cambio de afinación sumado a su creatividad e inventiva indetenible, lo va a ir ¿llevando? a un área de descubrimiento de una forma personal y única de tocar el cuatro venezolano. Más nunca regresó a la guitarra”. De este modo el cuatro fue adquiriendo nuevas dimensiones: “Nunca he dejado de creer en el cuatro como instrumento nacional, poderoso, arcaico, indomable”, afirmaría el maestro Reyna.

Fredy Reyna: Nunca he dejado de creer en el cuatro como instrumento nacional, poderoso, arcaico, indomable.
Fredy Reyna: Nunca he dejado de creer en el cuatro como instrumento nacional, poderoso, arcaico, indomable.

Por estas vertientes aparece luego Hernán Gamboa, quien introduce la técnica del “rasgapunteo” que consiste en rasguear y puntear al mismo tiempo, llevando la melodía, el ritmo y la armonía en el momento de ejecutar una pieza musical. Con el fundador de la agrupación Serenata Guayanesa, el cuatro adquiere una elevación propicia como un instrumento con autonomía.

Otra figura emblemática por su maestría en la ejecución y la difusión que le ha dado entre los jóvenes al cuatro y la música venezolana es Cheo Hurtado, creador del proyecto La Siembra del Cuatro, un programa que “nació de una visión responsable, orientada hacia las acciones de promoción y desarrollo del instrumento por excelencia de nuestra identidad musical, el cuatro” Esta iniciativa ha permitido que jóvenes solistas mantengan viva la llama en las cuerdas y ritmos que surquen de este instrumento. Lo cual ha permitido que nuevas generaciones como Juan Pino, Miguel Siso, Carlos Capacho y agrupaciones como C4 Trío mantengan en alto al cuatro como eje fundamental de una tradición.

El maestro Cheo Hurtado ha conseguido mantener viva la llama para la nueva generación de cuatristas
El maestro Cheo Hurtado ha conseguido mantener viva la llama para la nueva generación de cuatristas

Entre estas nuevas figuras destaca el falconiano Gustavo Colina para quien el cuatro “es aún un planeta por descubrir. Todavía no ha aparecido nadie que diga ‘así se toca’. Nosotros tenemos una libertad de expresión con este instrumento explosivo, nuevo, nada flemático y muy alegre, que ha sabido recoger nuestros sabores y aromas. Traduce nuestra grandeza espiritual”.

El cuatro venezolano ha tomado un rumbo independiente, gracias a la seriedad con la que estos músicos y cuatristas emergentes se han alzado para elevar la magia de este instrumento permite augurar que el “cam-bur-pin-tón” seguirá galopando, abriéndose un puesto privilegiado en escenarios más allá de nuestras fronteras.

CMD

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