No hay peor ciego que el que no quiere ver. Los cubanos están divididos entre lo que sucede en las políticas internas de su país y las aprehensiones de los Estados Unidos sobre ellos. En lugar de concentrarse en lo positivo, se siguen poniendo la venda comunicacional de los grandes medios de norteamerica.
Ya se conmemora un año de la muerte de Fidel Castro, cuando miles de cubanos celebraron en Miami, durante tres días el deceso del ex presidente de la isla. Pero ahora, de cara a unas elecciones presidenciales que serían las primeras en décadas, los cubanos aseguran sentirse desconfiados respecto a los comicios electorales.
Mientras tanto, las políticas migratorias de Donald Trump y las restricciones para viajes hacia la isla aparecen para recordar lo que muchos parecen haber olvidado con facilidad: el bloqueo.
En octubre, Trump prohibió a las empresas hacer transacciones con entidades cubanas dando así un paso atrás en las relaciones bilaterales con el país caribeño, lo que no solo afecta a su actual gobierno, sino que repercute en toda la población y el desarrollo de la nación.
Los cubanos elegirán un nuevo presidente en sustitución de Raúl Castro el próximo 24 de febrero, si deciden ponerse de acuerdo y participar activamente en el proceso electoral para su propio progreso. De otro modo, que sigan celebrando en Miami, la muerte de Fidel.
LS

