Colombia, la historia de una grave crisis humanitaria que no importa

Colombia, la historia de una grave crisis humanitaria que no importa

Mientras su presidente, Juan Manuel Santos, recibe el Premio Nobel de La Paz, crece el paramilitarismo, ahora con un moderno nombre: bandas criminales o Bacrim (tiene más cadencia el diminutivo), aunque hayan perfeccionado sus métodos asesinos.

Sonríe a las cámaras en perfecta pose de Mona Lisa. Nadie sabe qué piensa, qué oculta tras el rostro sonriente. Tras la foto, decenas de campesinos siguen desmovilizados, los niños guajiros mueren de hambre, Buenaventura se hunde en la miseria, los líderes sociales son asesinados con total impunidad.

Esa es Colombia, al sur de América, a la derecha en el mapa político, con Santander, traidor de las causas libertadoras e integracionistas, como héroe y con la mirada y las acciones puestas en favor del norte.

Nadie dice nada, a la Organización de Estados Americanos (OEA) no le preocupa, ni a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), a nadie. Los colombianos padecen, en silencio, el olvido y la traición, porque es Venezuela el objetivo.

Cifras y datos de una crisis oculta

Un estudio realizado por el programa Somos Defensores”, aseguró que entre 2016 y 2017 crecieron en 31% las cifras de asesinatos de los líderes sociales en Colombia, pasando de 35 casos reportados en el primer semestre del año pasado a 51 asesinados en los seis primeros meses de este año.

Recientemente se publicó un estudio que revela la situación de los desplazados en el mundo y es evidente que Colombia está de primero en este padecimiento.

Vale destacar que después de Colombia, Venezuela es el país con mayor número de colombianos en su territorio (oficialmente se contabilizan alrededor de seis millones, que reciben asistencia en materia de salud, vivienda y educación, entre otros).

Además, el país tiene seis millones de desplazados internos, según Acnur. La cifra amenaza con aumentar, pues tras la desmovilización de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia – Ejército del Pueblo (FARC-EP), el paramilitarismo se expande y aterroriza las zonas rurales.

Una cifra alarmante ha venido a poner el acento en esta crisis: este viernes se conoció que 25 niños menores de cinco años han fallecido en lo que va de año por recibir poca o mala alimentación en La Guajira colombiana.

Según un informe de la Administración Temporal de Salud de La Guajira,  aún hay casos en estudio detectados en el departamento que registra los más altos índices de desnutrición general en Colombia.

Cabe preguntarse por qué estas noticias no ocupan los titulares de los noticieros en España o Estados Unidos, como sí lo ocupa cualquier asunto doméstico que ocurra en Venezuela. Por qué no hay pronunciamientos, amenazas, bloqueos contra un Gobierno como éste, que además, ha sido señalado como uno de los involucrados en el caso de corrupción más grande de América Latina: Odebrecht.

La respuesta pudiera permanecer oculta, seguro, por muy oscuros intereses. Pero algunas hipótesis asoman. Un portavoz de la DEA declaró a EFE en días pasados, que Colombia es “la principal fuente de cocaína para el mercado estadounidense”, según una investigación reciente, 92% de la cocaína que se incauta en EEUU, proviene de Colombia.

Se trata de cifras, datos, estudios que constatan la grave situación de un país intocable para la hipócrita diplomacia internacional, dirigida por el poder económico y financiero, que parece decidido a no sacar sus garras de Venezuela para apoderarse de sus recursos, mientras voltea la cara ante una realidad cegadora.

JS

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