En toda Suramérica hablar de fútbol es hablar de una pasión desenfrenada que amarra la vida de estos países a un engramado con dos porterías. El fútbol es alegría, es una forma de comunicarse, es una forma de vida. Para muchos, el fútbol lo es todo. Pero en Venezuela, un país petrolero marcado por la influencia norteamericana, el béisbol es el deporte que manda, y pese a los buenos esfuerzos de “la vinotinto” por levantar la pasión futbolera, sólo algunos estados de la provincia llevan el fútbol en la sangre con tanta pasión.
En la capital venezolana, el fútbol sigue haciendo intentos muy tímidos por establecerse con la misma emoción que causa un partido de béisbol. Pese a la indiferencia mayoritaria que el fanático caraqueño siente hacia el fútbol, su equipo local, el Caracas F.C., es el mayor ganador de torneos nacionales desde su etapa amateur hasta sus muchos años como profesional.
Este 2019 llevó a las vitrinas del “rojo”, como se conoce cariñosamente al Caracas F.C., la copa y su estrella número 12 al uniforme, que se otorga al campeón nacional, con la cual se sigue escapando de sus perseguidores que todavía observan desde lejos la hazaña capitalina. Pero las celebraciones por el título obtenido, distan mucho de parecerse a los “carnavales” que se viven en otras ciudades suramericanas cuando algún equipo alza la copa.
Tarea cuesta arriba
En Venezuela el fútbol siempre ha sido un deporte elitesco. Llegado a la capital de la mano de los curas católicos, que comenzaron a enseñarlo en las escuelas privadas, el deporte rey quedó en manos de las clases acomodadas que nunca vieron al fútbol como una profesión a seguir. A diferencia del béisbol en Venezuela, o el fútbol en otros países de la región, los barrios caraqueños muy poco jugaban fútbol y mucho menos tenían apoyo de entrenadores.
El Caracas F.C. comienza sus pasos como un equipo amateur en 1984, pero rápidamente se abre pasos en el inestable ambiente futbolístico venezolano hacia la Primera División. En 1985 los “rojos del Ávila” inician su tránsito por el fútbol profesional, pero no será hasta la era del Dr. Guillermo Valentinier, que compró el equipo en 1989, cuando comiencen los triunfos del equipo.

En la década de los 90 el Caracas F.C. tuvo sus años de consolidación, obteniendo un total de cinco estrellas en menos de 10 años. La inversión en el equipo continuaba mientras los títulos seguían llegando. Entre 2000 y 2010, durante la era del DT Noel Sanvicente, los “rojos” se apuntaron cinco títulos más, con lo que se consolidaron como el equipo con más campeonatos en el fútbol local. La afición creció y la pasión se podía sentir, pero nunca de la misma forma en que el béisbol impregna al venezolano.
Fin de la sequía
La inestabilidad del fútbol en Venezuela, sumada a la crisis que atraviesa el país, tocó al torneo local en su médula. La llegada de fichajes internacionales fue menguando, la partida de jugadores nativos de calidad siguió en aumento y la liga venezolana lo sintió. El Caracas F.C., que venía levantando una afición de respeto internacional, con una de las barras bravas más prestigiosas del continente, vivió 10 años de sequía de títulos que golpearon fuertemente al club.

En 2019 llegó el ansiado título número 12, nuevamente de la mano del DT Noel Sanvicente, que sin nuevas incorporaciones y creyendo en el talento joven de la cantera, renueva las alegrías de una afición adormecida por la apatía, los conflictos políticos y la crisis económica. Nuevos vientos soplan en el fútbol venezolano. La afición espera que los directivos puedan aprovecharlo para orientarse por buen rumbo.
RB/VTactual.com

