Migrantes venezolanos conocen xenofobia, desprecio y abusos en países destino

El día que la familia Palma Venegas cogió sus maletas con rumbo a Perú, lo hizo pensando en los panoramas bonitos que sus paisanos venezolanos le pintaban desde Lima. Rogelio, el esposo, trabajaba en una empresa del Estado con  jugosos beneficios. Amalia, su esposa, era la jefa de despacho de una importante alcaldía. Ambos profesionales, con dos hijos pequeños, dejaron su casa, vendieron su carro y con los sueños a cuestas se lanzaron una aventura de más de 4300 kilómetros por tierra, para conocer la humillación de ser extranjero.

Aunque fue fácil y barato conseguir vivienda alquilada, y también conseguir trabajo, muy pronto empezaron a notar las diferencias. En Venezuela un decreto asegura la inamovilidad laboral, la ley prohíbe la tercerización y garantiza un salario mínimo. En Perú, los Palma han tenido que aceptar el empleo que salga con la paga que le ofrezcan, so pena de que los empleadores denuncien a los extranjeros ante la Superintendencia de Migraciones.

Los venezolanos han recurrido a diversas formas de ganarse la vida en tierras extrañas

“Yo cobro 800 soles mensuales como cocinero y mi esposa 20 soles diarios como operadora telefónica. Con eso uno puede costear gastos e incluso mandar a la familia, pero hay que aguantarse mucha discriminación” Rogelio Palma, venezolano en Perú

Amalia cuenta que lo más difícil ha sido adaptarse a las humillaciones y amenazas de despido por parte de los patronos, sin que exista una ley que los ampare. “Lo que más rabia da es que Venezuela abrió sus puertas para mucho extranjero y ahora esos países nos tratan como ciudadanos de segunda”.

“Aquí no queremos ´venecos´”

Diana Romero cuenta que se fue a Bogotá “con una mano adelante y otra atrás”. Partió desde Caracas con su licenciatura en Comunicación Social y su maestría en comunicación digital con la esperanza de entrar al mercado laboral de las comunicaciones en el país vecino. “Es horrible – cuenta la comunicadora – el mundo de los medios en Colombia es una mafia. Aquí ni para el propio colombiano de a pie es fácil entrar en los medios. Debes tener una suerte bendecida y afortunada, tanto como blindada por los santos».

En Colombia los venezolanos no han conseguido reciprocidad con la situación migratoria

Mientras tanto, Romero ha probado suerte con labores muy distintas a su profesión. Vendió arepas, trabajó en un “Call Center” y atendió un puesto de bocadillos de muestra en un supermercado. Además de ello, la comunicadora ha tenido que soportar agresiones por su color de piel, burlas por su acento y acoso sexual por su figura. “Aquí piensan que si una es venezolana y morena, eres una prostituta”, lamentó.

“Esta aventura migrante no es cualquier cosa, es dura, despiadada pero 100% aleccionadora”. Diana Romero, venezolana en Colombia.

Los sueldos en Colombia rondan los 700 mil pesos, más un bono de transporte de 80 mil, mientras que el gasto mensual en el país ronda 1 millón 200 mil pesos, incluyendo alquiler, transporte, comida y comunicaciones. Para los venezolanos ilegales el salario puede ser mucho menor.

Ecuador dolarizado

El sueño del manejo del dólar como moneda de uso corriente, ha llevado a muchos venezolanos a migrar a Ecuador. El salario mínimo en el país meridional es de 386 dólares mensuales, mientras que los gastos en ese mismo período, incluyendo alquiler, comida, transporte y servicios, rondan los 520 dólares.

Aquiles Vargas se fue de Caracas hacia Quito hace dos años y aunque tuvo varios trabajos de manera simultánea, no logró alcanzar un nivel de vida que le resultara satisfactorio. “Tuve hasta tres trabajos al mismo tiempo, pero mi condición de ilegal no me permitía ganar dignamente. El problema no es ganar en dólares, el rollo es que también gastas en dólares”.

Vargas se fue a Chile hace cuatro meses, a probar suerte en el mercado informal. Confía en que más temprano que tarde su suerte cambie y la situación de su país también.

RB

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