Semejanza y proximidad: La carta de Yibram

Semejanza y proximidad: La carta de Yibram

En psicología, los principios de Gestalt nos explican, entre otras cosas, la razón por la que tenemos la tendencia natural a completar información. Llenamos los espacios en blanco y completamos la figura que no es explícitamente un triángulo, por ejemplo; o vemos un conjunto de manchas negras sobre un fondo blanco como un perro dálmata caminando.

¿Qué tiene que ver esto con la carta de Yibram a Tarek?

Tiene que ver mucho, si no todo. Un joven de 21 años le escribe a su padre una carta. Bien lo dice Willy McKey en su análisis “toda carta es un abismo”. Le escribe una carta, no lo llama, no lo conversa con él en persona, no sabemos si lo ha hecho (gran espacio en blanco). Le escribe una carta y la lee en un video de YouTube que hace público a través de su cuenta twitter con a penas cuatro “tweets” (a pesar de estar abierta desde el 2010) ¿borró sus mensajes anteriores? ¿por qué? (espacio en blanco).

Ese abismo al que refiere McKey es muy interesante cuando es un hijo escribiéndole a su padre que vive en la misma ciudad que él. Hay distancia entre ellos y no tenemos ni idea de por qué, ni desde cuándo, nada. Tenemos otra parte de este rompecabezas sobre su relación, es de conocimiento público que Yibram es hijo de un activista y defensor de DD.HH. de larga data, con formación de izquierda. En muchos sentidos, desconocemos completamente la relación entre Yibram y su padre. Es un inmenso, abismal, espacio en blanco que como espectadores llenamos desde nuestra propia experiencia. Desde el vínculo que tenemos con nuestra figura paterna. Desde lo que se supone es el “deber ser” de la relación padre-hijo según las convenciones de nuestra sociedad. Desde nuestro conocimiento sobre lo que significa haber tenido un familiar activista y las grandes ausencias en la vida cotidiana que eso implica aderezadas con un divorcio (otro espacio en blanco).

La lectura pública/mediática que llevó a ser “tendencia” esta carta es que “Yibram, hijo del Defensor del Pueblo ergo formado a su imagen y semejanza, lo contradice, lo confronta y lo emplaza a ‘poner fin a la injusticia que ha hundido el país’. ¡Su propio hijo!”. Esta matriz es como una semilla implantada en el subconsciente colectivo en el caldo de cultivo que conforman nuestros prejuicios, nuestras experiencias personales con nuestro padre, “el deber ser”. Resulta que no tenemos ni idea.

No tenemos idea de por qué Yibram pide a “los medios de comunicación y políticos” que respeten su privacidad y la de sus hermanos luego de hacer un manifiesto público fundamentado en que es el hijo de Tarek William Saab, Defensor del Pueblo, su papá.

Y resulta que tampoco teníamos idea (otro espacio en blanco) que Yibram no sólo es hijo de Tarek, activista de DD.HH. y Defensor del Pueblo. También es hijo de Francis Josefina Fornino Benítez, su mamá. Quien nos permite ubicar a Yibram en un contexto completamente diferente al que construimos mentalmente (Gestalt) cuando lo imaginamos únicamente como hijo de Tarek. La Sra Benítez, según el interesante texto de La Tabla es una “niña bien” que juega golf en campeonatos en la Lagunita Country Club (visualicen a Yibram, hijo de Tarek, acompañándola por los campos de golf).

No sabíamos que Yibram es egresado del Liceo Los Arcos, un colegio privado, católico y tutelado por la Opus Dei, donde el porcentaje de votos de la oposición alcanza el 98%. Declaró que es estudiante de Derecho, pero no dijo que era de la Universidad Monteavila, otra institución privada, católica y auspiciada por la Opus Dei.

Los vacíos que llenamos en un principio al escuchar a Yibram se desmoronan. Al menos nos hacen dudar. Se vuelven otra vez ese espacio en blanco. Tenemos lo que por hecho leemos como declaración: Un nuevo tweet, el único que ha hecho después de la declaración. De todos los análisis, interpretaciones, desvaríos que han hecho sobre la carta, Yibram sólo hace referencia a una:

Agradece a Rodrigo Blanco su análisis titulado “Matar al padre“.

Aquí no hay ningún espacio en blanco. Un joven de 21 años que leyó una carta quirúrgicamente escrita, que por esto mismo podemos suponer con una capacidad de análisis y comprensión de la semiótica, agradece al autor del único texto que invita a la muerte de su papá. Razón tenía McKey: el espacio entre ellos es abismal. Yo diría preocupante. La Opus Dei  y la ex-esposa de Tarek hicieron bien su trabajo.

Ifigenia Chávez

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